LA MIRADA
«Lo capital es la mirada —dijo Cartier-Bresson—, una mirada que pese, que interrogue»
Hacía mucho que no acudía a una manifestación. Llegamos a las ocho, media hora antes del inicio de la convocatoria, y solo encontramos cámaras, micrófonos y periodistas. Pensé que la protesta tendría poca participación y que acabaría pasando casi inadvertida.
A las nueve menos veinticinco me giré y vi la calle llena de docentes y estudiantes. Los cánticos no tardaron en escucharse: miles de personas entonaban “No se pega”. Una consigna que nos han repetido tantas veces de pequeños y que ahora, en un escenario muy distinto, había que reivindicar. Recordé las peleas que había presenciado en los recreos, el rincón de pensar y aquella mezcla de vergüenza y consuelo que envuelven a algunos recuerdos.
Toda aquella gente se había reunido para protestar contra las cargas policiales –que habían sufrido el día anterior– desproporcionadas y para dejar algo claro: los manifestantes no llevaban armas. Las sentadas en los distintos puntos del centro de Madrid, las linternas de los móviles que iluminaban la concentración, las personas que se sujetaban del brazo y las consignas repetidas componían una protesta pausada y transmitían una sensación de unión poco habitual en la capital.
Una marea verde tomó las calles y acaparó la atención de los medios. Sus integrantes se movilizaron no solo para defender una educación pública digna y de calidad, sino también los derechos de quienes se manifestaban. Se protegían mutuamente y dejaban a un lado sus diferencias por una causa común. Esa solidaridad resultaba emocionante.

