LA MIRADA
A mediodía, la facultad se detuvo durante un minuto. Un minuto larguísimo. El silencio llenó el patio.
Lo único que se escuchaba eran los coches que seguían circulando al otro lado de la calle y el sonido de mi cámara. Intentaba encontrar una imagen que diera sentido a aquella escena, pero pronto me di cuenta de lo difícil que resulta fotografiar un minuto de silencio. No había grandes gestos, pancartas ni palabras. Solo personas quietas, algunas con la mirada perdida, otras con la cabeza agachada.
El accidente ferroviario de Urda, en Toledo, ha dejado decenas de víctimas mortales y heridos. Dos trenes de alta velocidad, un AVE y un Iryo, y un trayecto que para muchos debía ser uno más. Ahora quedan familias esperando respuestas y una investigación que tendrá que esclarecer lo que ocurrió. Es fácil hablar de cifras, de causas técnicas y de responsabilidades; mucho más difícil es imaginar lo que hay detrás de cada una de esas cifras.
Pero el silencio no puede ser la última respuesta. Cuando pasen los días de luto, quedarán preguntas que merecen respuestas, responsabilidades que deberán esclarecerse y una investigación que no puede dejar espacio a la incertidumbre.
Hoy, en el patio de nuestra facultad, nadie tenía mucho que decir. Quizá lo importante es que no dejemos de preguntar.


