LA MIRADA(«Lo capital es la mirada —dijo Cartier-Bresson—, una mirada que pese, que interrogue»)
“No he logrado defender mi casa, pero he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya”, dijo la semana pasada Maricarmen cuando la desahuciaron de la casa en la que había vivido durante los últimos 70 años. Ahora tiene 87. Nació en 1939,
en un mundo y en una España que ya no existen. Sin embargo, sus palabras llegan directas a mi generación, a los que jugábamos a las primeras PlayStation y crecíamos ajenos al ruido de una crisis económica que, sigilosamente, empezaba a marcar nuestras vidas.
Recuerdo a los trabajadores a las puertas de las fábricas, a los pensionistas cada vez más empobrecidos, a Grecia al borde del abismo, los recortes en la sanidad y la educación y un Estado del bienestar que comenzaba a resquebrajarse. Era poco más que un niño, pero lo recuerdo todo.
A pesar de que nada de aquello me afectó directamente, sí cambió mi manera de acercarme a las noticias, sobre todo cuando los números dejan de serlo y se convierten en nombres, apellidos e historias, como la de Maricarmen.
No soy del barrio del Retiro, no soy de Madrid y ni siquiera soy español, pero creo que lo que le ha sucedido a Maricarmen tiene que marcar un antes y un después. Porque estamos todos más cerca de quedarnos en la calle que de ser Florentino Pérez.

