“No me quiero ir”: la última noche de Maricarmen en su casa
“Por favor, luchad, no os quedéis en casa, luchad por vuestra vivienda, que tenemos derecho a ella”. Así se dirigía Maricarmen, de 87 años, a las más de 500 personas concentradas a las puertas de su casa antes de ser desalojada el pasado miércoles en el distrito de Retiro.
Tras 71 años viviendo en el número 46 de la calle del Alcalde Sainz de Baranda, tuvo que abandonar finalmente su domicilio en camilla y atendida por el SAMUR, consumándose así el cuarto intento de desahucio.
La movilización comenzó durante la noche del pasado martes, cuando más de 500 personas acudieron a la convocatoria del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos de Madrid. La vigilia se prolongó durante toda la madrugada para tratar de impedir que la comisión judicial ejecutara el lanzamiento, fijado para las ocho de la mañana del miércoles.
Entre la multitud se encontraban vecinos, activistas y figuras del mundo de la cultura y la comunicación como Carlos Bardem, Juan Diego Botto, Inés Hernand o Ana Belén. La propia cantante y actriz tomó la palabra ante los asistentes para exigir respuestas de fondo: “Es un parche, la solución tiene que ser otra”, sostuvo, y agregó que “estar aquí es estar por un poco de decencia”.
Toda una vida
Más allá de la batalla legal, la afectada denunció el trasfondo económico de su desalojo y la huella que el conflicto ha dejado en su salud tras casi una década de presión: “Yo no me quiero ir; lo que está claro es que esta gente por dinero hace lo que sea”, criticó Maricarmen frente al público y los medios presentes, resumiendo con voz desgarrada el calvario judicial por el que ha pasado estos años: “Llevo siete años con una daga detrás de la nuca”.
Maricarmen llevaba viviendo en el inmueble desde 1956. El primer contrato de arrendamiento fue firmado por su padre con carácter vitalicio y, tras su fallecimiento, pasó a su madre. A la muerte de ésta en 2005, la vivienda pasó a Maricarmen.

El caso se remonta al régimen de los antiguos contratos de renta antigua, que permitían alquileres de duración indefinida. Sin embargo, la controversia judicial se centraba en las sucesivas subrogaciones del inmueble, pues la justicia ha determinado que el contrato no podía prolongarse más al tratarse de una segunda subrogación, decretando así su extinción.
El conflicto inmobiliario se intensificó en 2018, cuando la familia propietaria vendió la finca a Renta Corporación Real Estate. Dos años después, la firma ofreció a Maricarmen la posibilidad de comprar su piso por 247.000 euros, una operación inviable para la inquilina. Posteriormente, la propiedad pasó a manos de Urbagestión Desarrollo e Inversión S.L., que planteó inicialmente una nueva renta de 2.650 euros mensuales frente a los aproximadamente 500 euros que pagaba. Tras varias negociaciones, la empresa fijó una oferta de 1.650 euros al mes, una cifra que continuaba estando fuera del alcance de Maricarmen, cuya pensión es de 1.350 euros.
El día del desahucio
Después de una larga noche de acampada para algunos vecinos, activistas y militantes del Sindicato de Inquilinas e Inquilinos, la Policía Nacional comenzó a desplegarse en las inmediaciones del inmueble alrededor de las seis de la mañana del miércoles, estableciendo un cordón policial que rodeaba la zona con lecheras. Los activistas que insistieron en permanecer dentro del cordón quedaron aislados, dejando al otro lado tanto al resto de los manifestantes como a los periodistas que cubrían la información, que no pudieron ver lo que estaba sucediendo frente al portal de Maricarmen.
Este movimiento provocó que la única información que se pudiera obtener sobre lo que ocurría fuera a través de las cámaras de los teléfonos de los activistas que resistían en el portal y en las escaleras del piso, además de los periodistas que se encontraban dentro del propio piso de Maricarmen (Olmo Blanco y Andrea Ropero, entre otros).

A lo largo de la mañana, los agentes retiraron a los manifestantes que bloqueaban los accesos al portal y se produjeron momentos de forcejeo entre la policía y las personas concentradas. Algunos de los presentes denunciaron empujones y golpes durante la intervención.
La concentración había formado una barrera humana para tratar de impedir el acceso de la comisión judicial, pero la policía fue despejando progresivamente los accesos para permitir la ejecución del desahucio. Aunque el desalojo estaba programado para las ocho de la mañana, el proceso se prolongó durante varias horas debido a la presencia de los manifestantes y al operativo desplegado en la zona. Finalmente, alrededor de la una de la tarde, la comisión judicial ejecutó el desahucio. Maricarmen abandonó su vivienda en camilla, acompañada por efectivos del SAMUR, y fue trasladada a una ambulancia mientras los manifestantes gritaban consignas de apoyo detrás del cordón policial.
Tras el desahucio, la portavoz del Sindicato de Inquilinas, Alicia del Río, se dirigió a los manifestantes para convocar una nueva movilización frente al “ático de Ayuso”, en Chamberí, la misma tarde del miércoles, que terminó agrupando miles de personas en el paseo del General Martínez Campos. Entre las consignas que se escucharon durante la concentración estuvo: “el ático de Ayuso para Maricarmen”.
GALERÍA DE IMÁGENES






