Guillermo Galoe vuelve a la facultad para hablar de Ciudad sin sueño 
Su película está nominada a cinco premios Goya

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Dignidad, voz y empoderamiento

La proyección del largometraje Ciudad sin sueño, seguida de un coloquio con el equipo, volvió a reunir a un público diverso en el salón de actos Carlos Saura de la facultad. El director, Guillermo Galoe, regresó al centro donde inició su trayectoria cinematográfica para estudiar Comunicación Audiovisual para presentar su primer largometraje de ficción en medio de una carrera marcada por la realización de documentales.

La película, que opta a cinco premios Goya 2026, gira en torno a los Sectores 5 y 6 de la Cañada Real. En su debut en la Semaine de la Critique de Cannes en 2025 obtuvo el premio al mejor guion de la Sociedad de Autores y Compositores Dramáticos de Francia (SACD) y, posteriormente, ha ganado el premio a lamejor ópera prima en el Festival Internacional de Cine de Almería y a la mejor películade la Competición Internacional en el Doha Film Festival.

Tras la proyección, en una conversación con las profesoras María del Mar Marcos y Elisa Brey, Galoe subrayó que la comunidad de los sectores 5 y 6 de la Cañada Real necesita, ante todo, “dignidad, voz y empoderamiento”.

Realismo poético y realidad social

Según el director, la película busca que el espectador se encuentre y empatice con la realidad de colectivos invisibilizados apostando por un “realismo poético”. Así, con su enfoque busca dignificar a la población local a través de una realidad “que se despliega ante nuestros ojos”, involucrando activamente a los residentes. Para lograrlo, Galoe optó por no introducir cámaras durante los dos primeros años de inmersión. De esta forma, al iniciar el rodaje la comunidad mostró con confianza tanto sus fortalezas — “la cooperación intercultural” entre ellas—, como sus sombras —el narcotráfico y los matrimonios precoces—.

Pero el autor también confesó su asombro ante ciertos fenómenos sociales: si bien considera que la exclusión de minorías en una sociedad “individualista, neoliberal y capitalista” no es nueva, sí le impactó observar cómo esas mismas minorías llegan a “autoexcluirse”. Esta dinámica contrasta con la imagen de una barriada que abandera el cuidado colectivo y crea una “realidad alternativa” frente a “una sociedad occidental donde persisten problemas estructurales como el acceso a la vivienda, la desigualdad y los desahucios”, comentó Galoe durante la charla con las docentes.

El inicio del proyecto no fue sencillo. “Vengo de un entorno privilegiado”, admitió Galoe, que explicó cómo tuvo que desprenderse de sus propios prejuicios para trabajar sobre el terreno y contó que para integrar a los vecinos creó grupos de trabajo con padres y jóvenes con el fin de “inculcarles pautas de interpretación”.

Un momento del debate tras la proyección de la película| María Morales Ropero

Su intención fue poner su conocimiento técnico al servicio de una comunidad que, por su situación socioeconómica, no tiene acceso a esa formación. Asimismo, criticó la falta de voluntad política para dotar a la zona de servicios básicos como luz o alcantarillado, una carencia que empuja a actividades ilícitas y que ya fue denunciada por el Comité Europeo de Derechos Sociales en 2025.

Galoe también analizó la estructura social de la zona. Aunque la falta de organización formal complicó el arranque, destacó el aprendizaje sobre la comunidad gitana y magrebí, en las que las mujeres y los ancianos poseen una valía fundamental. Pese a ello, señaló la presencia de una “masculinidad malsana” derivada de que los hombres asumen el rol de cabeza de familia de forma prematura y derivan en figuras paternas “distantes e infantiles”, tal como refleja el filme.

La vinculación del cineasta con la Cañada es previa al rodaje. Allí fundó una escuela de artes para fomentar la creación vecinal. Cabe recordar que en 2024 su cortometraje Aunque es de noche, germen de Ciudad sin sueño, logró el Premio Goya al Mejor Cortometraje de Ficción.

El cine como oficio y vida

“A los que quieren dedicarse a lo audiovisual, les diría que entiendan la humildad como sinónimo de trabajo”

Guillermo Galoe, en la entrada del salón de actos Carlos Saura de la facultad |María Morales Ropero

Guillermo Galoe inició estudios de Arquitectura, pero pronto viró hacia el sector audiovisual influenciado por la labor de su padre en los documentales de TVE. Licenciado por la UCM en Comunicación Audiovisual, su carrera cuenta, entre otros, con trabajos como Frágil Equilibrio (2016), que ganó el Goya a la mejor película documental y fue premiada en la Seminci, y Atlánticas (2017), una serie para TVE que hibrida el documental y la ficción. Actualmente es miembro de la Academia de Cine Europeo y del Consejo Asesor Joven de la Fundación Princesa de Girona y compagina su labor creativa con la docencia universitaria.

P: ¿Cómo influyó el trabajo de su padre en su cine?

R: Mi padre trabajó en una época de la televisión en la que los viajes eran largos y constantes, lo que me permitió estar en contacto directo con las imágenes y el lenguaje visual prácticamente desde que tengo uso de razón. Esa dinámica no solo me familiarizó con el medio, sino que me transmitió una curiosidad insaciable por el mundo. Me influyó al darme ese interés profundo por «el otro», por la exploración de realidades ajenas y por entender lo que nos es diferente. Al final, esa vocación de observar el mundo es algo que nació de ver su estilo de vida.

P: ¿Piensa que el cine necesita tener un toque de denuncia para poder llegar al público?

R: No lo creo. El cine es un arte por derecho propio y no requiere una fórmula de denuncia para conectar. A veces caemos en la pretensión de creer que sabemos exactamente lo que el público quiere, pero yo prefiero tratar al espectador con inteligencia. Mi método es simple: me convierto en mi primer espectador y trato de dejarme conmover por lo que hago; si me toca a mí, probablemente tocará a alguien más. Más que hacer un trabajo de denuncia social explícito, intento poner el foco en esos lugares y personas que suelen quedar fuera del centro de atención. Prefiero que la denuncia la haga el público, que sea él quien reaccione al conmoverse por situaciones que antes no conocía.

P: ¿Qué le ha aportado la Cañada Real como director?

R: Me ha aportado muchísimo. Grabar allí fue un proceso de relación con una realidad que te obliga a adquirir perspectivas totalmente nuevas. Como director, la Cañada me puso al límite y funcionó como un entrenamiento intensivo para afrontar proyectos complejos en el futuro. De la comunidad me llevo una lección de vida que puede sonar a cliché, pero es profundamente real: la capacidad del ser humano para seguir luchando y resistiendo, incluso cuando parece que ya ha llegado al límite de sus fuerzas. Al igual que cuando trabajé con José Mujica, estas experiencias me han cambiado; el cine, en la práctica, es lo que te hace crecer.

P: ¿Qué consejos daría a las personas que se quieren dedicar al mundo audiovisual?

R: Mi consejo principal es que miren hacia dentro con total honestidad para descubrir cuál es su propia voz y su lenguaje único en lugar de simplemente imitar otras obras o ejecutar técnicas con finura. La técnica se puede enseñar, pero lo que marca la diferencia es sacar lo genuino que uno lleva dentro. Además, les diría que entiendan la humildad como sinónimo de trabajo. Esto no es «inspiración divina» ni una genialidad que aparece por azar; es disciplina diaria. Hay que estar cerca del cine y del arte todos los días: leer, escribir, probar y hacer bocetos constantemente. Ese es el oficio. La inspiración existe, pero como se dice a menudo, tiene que encontrarte trabajando.

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