LA MIRADA
«Lo capital es la mirada —dijo Cartier-Bresson—, una mirada que pese, que interrogue»
La calle arde en Madrid. El desahucio de Maricarmen, la acampada en Sol, los piquetes en las universidades y, ahora, la huelga de la educación pública.
Recorro el paseo de la Castellana, desde Atocha hasta la cabecera de la marcha en la plaza de Neptuno. A mi alrededor, niños, niñas y familias enteras, una multitud pacífica y luchadora al mismo tiempo.
Me fijo sobre todo en ella, no conozco su nombre ni su historia, pero su orgullo me llega directo como una flecha. Levanta el puño y, con la que supongo que es su hija, se coloca delante de la pancarta, camina con la mirada alta y no para de sonreír. Los demás siguen gritando, ella no pronuncia ni una palabra, su cuerpo lo dice todo.
Pienso en esta huelga que empezaron las educadoras de infantil y que al final ha unido a toda la comunidad educativa —también a la universidad pública— para reivindicar medios, financiación y, sobre todo, atención y respeto hacia un sector que no puede ser tratado como un bien de mercado sino como un derecho fundamental.
Al final de la marcha me siento en un banco y, mientras miro las fotos, me acuerdo de mi madre. Ella también es profesora. Me acuerdo del cansancio, de los madrugones y del trabajo que tantas veces se llevaba a casa. Pero también de la pasión con la que siempre ha ejercido su profesión, sin dejar de creer en ella.

