La mujer en la política estadounidense

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En las últi­mas décadas se ha obser­va­do un aumen­to en la rep­re­sentación femeni­na  tan­to en el Con­gre­so de Esta­dos Unidos como en car­gos ejec­u­tivos. Kamala Har­ris, can­di­da­ta a la  pres­i­den­cia de EE.UU., se con­vir­tió en 2021 en la primera mujer vicepres­i­den­ta del país, no solo rompi­en­do el techo de cristal como mujer sino, además, como per­sona racial­iza­da. 

Jun­to a ella, que­bran­tan­do la regla hegemóni­ca que ha mar­ca­do la ten­den­cia políti­ca del país, hay otros ejem­p­los como Alexan­dria Oca­sio-Cortez, Stacey Abrams o Ilhan Omar. 

Oca­sio-Cortez, neoy­orquina licen­ci­a­da en Economía y Rela­ciones Inter­na­cionales, ya en 2018  con­sigu­ió der­ro­tar a un desta­ca­do demócra­ta, Joseph Crow­ley, en las pri­marias de su dis­tri­to, lo que la con­vir­tió, con 29 años, en la mujer más joven en ser elegi­da al Con­gre­so de EE.UU. Cono­ci­da por su enfoque pro­gre­sista, se car­ac­ter­i­za por su defen­sa de la aten­ción médi­ca uni­ver­sal y la refor­ma del sis­tema de inmi­gración. 

En el caso de Stacey Adams, licen­ci­a­da en Dere­cho por Yale, es cono­ci­da por su tra­ba­jo respec­to a los dere­chos civiles y el acce­so al voto. Fue la primera mujer afroamer­i­cana en ser nom­i­na­da por un par­tido prin­ci­pal para el car­go de gob­er­nado­ra de Geor­gia en 2018. Después de la elec­ción fundó Fair Fight Action, una orga­ni­zación que tra­ba­ja para ase­gu­rar la equidad en el  pro­ce­so elec­toral, con­sigu­ien­do un impacto sig­ni­fica­ti­vo en la mov­i­lización de votantes, espe­cial­mente entre las comu­nidades más oprim­i­das. 

Ilhan Omar naci­da en Mogadis­cio, Soma­lia, emi­gró a EE. UU. en 1995 y se estable­ció en  Min­neso­ta. Es una de las primeras mujeres musul­manas en ser elegi­das para el  Con­gre­so, así como la primera mujer soma­lí esta­dounidense en hac­er­lo. Se licen­ció en Cien­cias  Políti­cas en la Uni­ver­si­dad de Car­oli­na del Norte y tra­ba­jó en activis­mo comu­ni­tario antes de  ser elegi­da para la Cámara de Rep­re­sen­tantes en 2018. En el Con­gre­so, es cono­ci­da por su enfoque pro­gre­sista y por defend­er temas como la jus­ti­cia social, la refor­ma migra­to­ria, y los dere­chos de los tra­ba­jadores. Omar se ha enfrenta­do a con­tro­ver­sias y críti­cas por sus comen­tar­ios sobre la políti­ca exte­ri­or de EE. UU. y temas rela­ciona­dos con Israel. A pesar de los desafíos, se ha man­tenido como una voz promi­nente en la lucha por los dere­chos civiles y la equidad social. 

Gra­cias a estas y otras mujeres elegi­das en otros esta­men­tos, se refle­ja un cam­bio  socio­cul­tur­al en la per­cep­ción del lid­er­az­go femeni­no. Si bien des­de el sufra­gio logra­do en 1920 con la 19ª Enmien­da la mujer ha  desem­peña­do un papel cada vez más impor­tante en la políti­ca norteam­er­i­cana, el por­centa­je de  estas en el Con­gre­so del país se encon­tra­ba en 2023 en un 27%, incluyen­do tan­to la Cámara de  Rep­re­sen­tantes como el Sena­do, frente a sus com­pañeros del sexo mas­culi­no que tienen un 73%  de la rep­re­sentación. 

Ha cam­bi­a­do todo des­de que Jean­nette Rankin, activista por el sufra­gio femeni­no y la paz, ocu­pase por primera vez un puesto, ded­i­ca­do exclu­si­va­mente a los hom­bres has­ta entonces, en la Cámara de Rep­re­sen­tantes en 1916, mar­can­do un hito para las mujeres de su país. Aún así, y aunque los aires de cam­bio se sien­ten más fuertes que nun­ca, tam­bién es pal­pa­ble que que­da un  largo camino por recor­rer.

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