Antía Zilbeti: “Desde las ocho de la mañana hasta las tres de la madrugada estoy trabajando sin parar”Recién graduada en Publicidad, acaba de ganar el Falling Walls Lab Madrid con un proyecto para mejorar la comunicación de los pacientes con ELA
Antía Zilbeti ha ganado la quinta edición de Falling Walls Lab Madrid 2026, un prestigioso concurso en el que estudiantes y profesionales en los inicios de su carrera presentan en tres minutos una idea innovadora ante un jurado integrado por especialistas de distintas áreas. Su propuesta, VELA, nació como un Trabajo de Fin de Grado para concluir su carrera de Publicidad en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM y tiene como objetivo preservar la identidad comunicativa de los pacientes con esclerosis lateral amiotrófica (ELA) clonando su voz con inteligencia artificial para que puedan seguir hablando como lo han hecho siempre.
Pero este no es el primer premio que recibe Antía por un proyecto original. Cuando era adolescente ya había ganado el Premio Emprender en la Escuela a la mejor iniciativa en Bachillerato del concurso organizado por el Instituto Aragonés de Fomento. Aquello fue en su Alcañiz natal. Entonces le hicieron la que recuerda como su primera entrevista, en la que se definía como “soñadora” y aclaraba que no se ponía límites. Ahora, a sus 23 años, no cambiaría nada de esa descripción, pero añade que se reconoce como “exigente y perfeccionista”. Según dice, esa autoexigencia le permite ver oportunidades y ahora se prepara para defender VELA en la final de Falling Walls Lab que se celebrará en Berlín el próximo mes de noviembre.
En noviembre defenderá su iniciativa en la final del concurso que se celebrará en Berlín
P: ¿Cómo se siente tras ganar el concurso Falling Walls Lab?
R: La verdad es que fue una sorpresa absoluta. Éramos quince finalistas, la gran mayoría doctorados o predoctorados, por lo que había muchísimo nivel. Estoy superorgullosa, contenta y con muchas ganas de poder visibilizar una enfermedad tan devastadora como la ELA en la final en Berlín.
Su proyecto está pensado para favorecer la comunicación de los pacientes con ELA. ¿Podría contarnos en qué consiste?
VELA intenta preservar la identidad comunicativa de estos pacientes clonando su voz con IA. Su risa, su humor, su forma de hablar, sus tacos… cómo eran cuando tenían voz. Actualmente los sistemas de comunicación asistida se centran en las pérdidas físicas, pero no en el usuario ni en el impacto que puede tener la pérdida de habla en el paciente y en sus relaciones interpersonales. Como publicista, vi un problema que no estaba viendo la competencia: estos pacientes siguen siendo personas y no se está teniendo en cuenta.
¿Cómo fue el proceso de desarrollo del proyecto?
Empezó siendo un trabajo de fin de grado. No esperaba que se pudiera desarrollar más allá. Mis prácticas en un departamento de innovación en una agencia de publicidad, Dentsu Creative, me ayudaron porque vi realmente el impacto que podía tener la tecnología. Una cosa llevó a la otra y conocí por Linkedin a una programadora india, Priyanka Chavan, y empezamos a desarrollarlo todo online con videoconferencias. Yo cloné las voces de las personas para crear un repositorio para entrenar a la IA y ella se encargó de la parte del código. En tres meses conseguimos un prototipo funcional y lo presentamos a todos los proyectos de emprendimiento. Ahora ya estamos en fase de validación clínica, buscando inversores. Vamos a por todas.
¿De qué manera le ha ayudado la carrera de Publicidad para su proyecto?
Creo que no ha sido tanto la carrera en sí, sino darme cuenta de las capacidades que tenía y el impacto que puede tener la comunicación en otras disciplinas. Me parece que hay mucho más que ejercer como periodista o publicista y estar en esa agencia me hizo darme cuenta de que hay que empezar a crear equipos multidisciplinares. Un publicista puede trabajar en ciencia y un científico puede formar parte de la comunicación. Es así como se solucionan problemas como este. Un científico solo a lo mejor no habría llegado a esta solución tan simple como preservar la identidad y una persona de comunicación sí.
¿Considera que, en este tipo de proyectos, el sector de la comunicación queda invisibilizado?
Creo que no se le da toda la importancia que se le tendría que dar. Está muy invisibilizado que el paciente es un humano y que por delante de una enfermedad es una persona que quiere comunicar, que quiere decirle a su familia que la quiere o que está cansado.
No existe otra herramienta para clonar la voz y el tono de una persona”
Usted ha combinado la IA, que suele considerarse una herramienta fría, con algo tan humano como la enfermedad y la identidad. ¿Por qué decidió utilizarla?
Actualmente no existe otra herramienta para clonar la voz y el tono de una persona. Hemos estado escuchando estos últimos años que la IA es mala, pero yo creo que hay que ser un poco optimistas y ver cómo puede mejorar la vida de las personas. A pacientes con enfermedades neurodegenerativas les ayuda mucho. Mientras se construya todo bajo unos estándares éticos y, sobre todo, se tenga en cuenta a los pacientes, esta herramienta, VELA en concreto, viene a preservar su identidad.

¿Qué límites éticos cree que son necesarios?
El paciente de una enfermedad neurodegenerativa como la ELA, aunque no se mueva, es consciente. Mientras tenga una forma de comunicarse, que al final de la enfermedad es el movimiento ocular, la idea es que la IA diga lo que él quiera decir, ni más ni menos.
¿Por qué enfocó su TFG en pacientes con ELA?
Mi abuela murió de ELA, es una enfermedad que hemos vivido toda la familia muy de cerca. Pero me centré en ella, sobre todo, porque es la más mortal de todas las enfermedades neurodegenerativas: el 90% muere antes de los 5 años y el 95% pierde el habla muy pronto. Quizás en otras enfermedades es algo más progresivo, pero en la ELA puedes perder completamente el habla en el primer año y no tener forma de comunicarte.
¿Cómo pasó de trabajar en su TFG a unirse a Santander X Explorer?
Me presenté a un programa de emprendimiento en el que me enseñaron un poco cómo hacer el prototipo y vi que había un vacío importante en el mercado porque los pacientes no estaban accediendo a plataformas como la que yo planteaba. Ponerlo en práctica solo ayuda a ver que no hay límites para aplicar la tecnología ni tampoco en nuestra disciplina. No es solo crear un anuncio o escribir en un periódico, la comunicación está en muchos más ámbitos.
Con la ELA puedes perder completamente el habla el primer año y no tener forma de comunicarte”
¿Cree que el alumnado conoce Metamorphosis, la preincubadora de emprendimiento de la facultad?
No, creo que no se conoce. Hay que poner mucho más enfoque no solo en lo que se hace en las clases, sino en lo que se hace fuera. Hoy en día, como expertos en comunicación que se supone que somos, necesitamos hacer muchas cosas fuera y todos deberíamos de tener un proyecto personal que poder vender de cara a buscar trabajo.
¿La gente no se anima a desarrollar proyectos?
Los estudiantes tienen muchas posibilidades de explotar la facultad, pero el problema es que no las conocen. Y también falta un punto de motivación. Se necesitan referentes, conocer más proyectos en desarrollo, ver más casos de éxito y que no solo se hable de que con la carrera de Publicidad se puede ser publicista y con la carrera de Periodismo se puede ser periodista. Hay muchísimas opciones. La forma en la que aprendes realmente a ser un profesional es lanzándote al vacío, apostando por proyectos que pueden salir bien o mal.
¿Qué aconsejaría a los jóvenes que quieran realizar proyectos como el suyo?
Es una cosa que me tengo que aplicar yo misma, pero les aconsejaría que creyeran en su proyecto a muerte. Si tú crees que vale la pena, merece la pena seguir construyéndolo, porque a mí me decían que era imposible que en tres meses crease un prototipo y que funcionara, ¡y funcionó! Hay que echarle muchas ganas, mucho tiempo y trabajar un montón. También hay que sacrificar muchas cosas, pero la satisfacción de estar haciendo algo que crees que puede cambiar el mundo y, sobre todo, romper ese muro que mucha gente te ha puesto y que te has puesto incluso tú mismo, valen oro.

¿Alguna vez ha fallado o no ha salido un proyecto adelante?
Algunas convocatorias las he ganado y otras no, pero hasta que te presentas no ves si funciona. El prototipo al principio no clonaba bien la voz, luego no cumplía con lo que yo pensaba que iba a hacer. Hace falta mucha inversión, probablemente no la consiga— o sí—, pero el caso es ponerse. Va a haber cosas que no salgan, va a haber otras que sí. Las que salen funcionan y merecen la pena.
¿Cuáles cree que son las fortalezas de su generación? ¿Y las suyas propias?
Somos gente tenaz, competente y soñadora. Si la gente soñadora pone en práctica lo que sueña, puede llegar muy lejos. Personalmente, siempre me ha gustado crear y he tenido el emprendimiento en la sangre sin saberlo. Una fortaleza mía es que cuando me dicen que no, lo convierto todo en un sí y me sirve como motivación. Estos últimos meses he estado muy reflexiva, pero hace cinco años me presenté a un premio de emprendimiento del Gobierno de Aragón. Lo gané con un proyecto que consistía en crear una marca de sudaderas, que era lo que hacía todo el mundo, y vendí un montón.
Si la gente soñadora pone en práctica lo que sueña, puede llegar muy lejos”
¿Cómo es su día a día? ¿Cómo ha compaginado el trabajo con su proyecto y sus estudios?
Eso ha sido lo más complicado. Estos últimos meses he compaginado las prácticas, con las clases por la tarde y con desarrollar el proyecto. Yo siempre he sido una persona muy exigente, cuando se me mete algo en la cabeza, hasta que no lo consigo no paro. Eso puede ser bueno y puede ser malo. En mi día a día, desde las ocho de la mañana hasta las tres de la madrugada estoy trabajando sin parar para sacar la carrera, ir a las prácticas y realizar el proyecto. Al final es encontrar el balance entre lo que te gusta y lo que es obligatorio.
¿Cuántas personas están desarrollando el proyecto VELA?
Empecé con la parte teórica en septiembre y conocí a Priyanka en marzo. Ella necesitaba un proyecto de carta de presentación para empresas y yo necesitaba una persona para poder desarrollarlo más y nos pusimos de acuerdo. Ahora están también Paula Gironés, Celia Bueno e Irene Barroso, que son de Psicología, Logopedia y regulación de IA, respectivamente. Esto es un ejemplo de que los límites los ponemos nosotros mismos. Si quieres sacar algo adelante, no esperes a que la oportunidad pase por delante, búscala, hay gente muy motivada dispuesta a ayudarte.
También fue jurado en unos Premios Nacionales de Marketing para jóvenes. ¿Cómo fue la experiencia?
Ni me acordaba ya, fue muy chulo. Lo más importante en carreras de comunicación es moverte y conocer gente. A estos premios me apunté hace dos o tres años, aprendí un montón y, de hecho, seguimos teniendo un grupo en el que seguimos contactándonos. Para proyectos como este, si hubiese necesitado a alguien, no habría dudado en escribirles. Viene muy bien para hacer networking.
Es posible que mucha gente crea que estos proyectos solo los pueden realizar personas con altas capacidades…
Una cosa de la que me siento muy orgullosa es que nunca fui buena estudiante. He sido siempre de las que ha suspendido matemáticas y a la que le han dicho que qué tonta era, pero se me daba bien todo lo que fuese creativo y cuestionarme. Esa sería mi alta capacidad. Y que soy trabajadora.
¿Cuál le gustaría que fuera su siguiente proyecto?
De momento, VELA. La victoria del Falling Walls Lab ahora me abre un montón de puertas y me da muchas ganas. Ha sido como una propulsión para querer seguir desarrollando el proyecto hasta que me lo permitan mi trabajo y la financiación, porque no puede salir adelante hasta que se encuentre una inversión potente. Aunque siempre me he planteado crear una comunidad de mujeres que pudiesen ayudarse a nivel networking, porque creo que nos faltan muchos referentes. Me hubiera gustado tener alguna asesora que me ayudara a desarrollar este proyecto.
Tras haber terminado su TFG, ¿qué diferencia hay entre la Antía que entró el primer año en la facultad y la Antía que se va?
Ahora tengo mucha más seguridad para desarrollar proyectos y no tengo miedo a fracasar. Si algo me ha enseñado la universidad y todo lo que he hecho fuera es que no te puedes quedar parada y, sobre todo, que debo desarrollar las cosas aunque sepa que a lo mejor no lo estoy haciendo perfecto. La Antía de primero no habría desarrollado un montón de proyectos por ese miedo a no hacerlos perfectos. Ahora sigo siendo muy exigente y perfeccionista, pero creo que lo importante es tener la actitud de querer y no quedarse quieta.


