“De Madrid al cielo”: así fue la vigilia de León XIV con los jóvenes en la capital
Aunque el lema de la visita es “Alzad la mirada”, el discurso del papa se centró en la tierra, abajo, con los que sufren

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Unos 14.000 agentes vig­i­la­ban la ciu­dad. Cin­co o seis helicópteros sobrevola­ban la plaza de Lima. La Castel­lana esta­ba blinda­da. A las siete de la tarde, una mul­ti­tud —en su may­oría vesti­da de blan­co— esper­a­ba la lle­ga­da del papa onde­an­do pañue­los blan­quia­mar­il­los. No falta­ban ban­deras de España. A las ocho menos diez comen­zó la entonación de solemnes ave­marías sobre el esce­nario flori­do. Se sucedían cán­ti­cos reli­giosos y la mul­ti­tud de fieles esper­a­ba nerviosa.

Un car­tel anun­cia­ba pro­duc­tos ofi­ciales en con­mem­o­ración de la visi­ta papal mien­tras la gente, sen­ta­da en sil­las ple­gables, con sus bocatas, deja­ba claro que llev­a­ba todo el día allí. Ape­nas se nota­ba la ten­sión políti­ca, sal­vo por un joven que porta­ba una pan­car­ta: “San­to Padre, salve el Valle [de los Caí­dos]”. Des­de el púl­pi­to, un sac­er­dote daba un dis­cur­so sobre algunos temas de la encícli­ca Mag­ní­fi­ca human­i­tas, cues­tiones como la migración, la pobreza y el uso human­iza­do y reg­u­la­do de la inteligen­cia arti­fi­cial. “Las redes sociales deben usarse des­de el corazón y des­de Cristo como her­ramien­ta para mejo­rar el mun­do”, decía.

Llega el papa

“Lo que él quiere es la con­ver­sión, la unidad y el fin de las guer­ras, que no exis­tan divi­siones reli­giosas, sino que todos seamos uno, como Dios nos ha man­da­do vivir: en unidad”, ase­gura­ba Ingrid, una fiel creyente vene­zolana que par­tic­i­pa­ba jun­to a su famil­ia en la vig­ilia reli­giosa con esper­an­za y devo­ción. Su famil­ia había sido elegi­da para rep­re­sen­tar a las famil­ias migrantes durante el ofer­to­rio de la misa que ten­dría lugar en la plaza de Cibeles al día sigu­iente, el 7 de junio.

Tan pron­to llegó el papamóvil, la mul­ti­tud estal­ló de júbi­lo. El pon­tí­fice iba despa­cio, salu­dan­do a la gente, has­ta lle­gar al esce­nario. “De Madrid al cielo”: así pre­sen­tó la ciu­dad al obis­po de Roma el car­de­nal y arzo­bis­po de Madrid, José Cobo, segui­do de un “san­to padre, esta es su casa, estos son sus jóvenes”.

Múlti­ples pan­tallas fueron dis­pues­tas a lo largo del Paseo de la Castel­lana | Adri­ano D’Anna

Con­te­s­tando a unas pre­gun­tas de jóvenes cris­tianos de Madrid, el dis­cur­so de Pre­vost se man­tu­vo en su línea habit­u­al. Men­cionó a san­to Toribio de Mogrove­jo, misionero español que destacó por su defen­sa de los indí­ge­nas y su lucha con­tra los abu­sos colo­niales en el Perú. La ref­er­en­cia tiene un sig­nifi­ca­do espe­cial para el pon­tí­fice, que pasó gran parte de su vida pas­toral en ese país como misionero agusti­no y, pos­te­ri­or­mente, como obis­po de Chi­clayo, antes de ser nom­bra­do papa por la curia vat­i­cana.

“Espero que durante su papa­do trate de unificar a toda la Igle­sia. Todos somos muy difer­entes: podemos ser de sitios dis­tin­tos, ten­er ide­ologías dis­tin­tas, pero al final el cris­tian­is­mo es algo que nos tiene que unir”, afirma­ba con emo­ción uno de los jóvenes pre­sentes en el even­to.

Huir de la polarización

El lema de la visi­ta papal ha sido “Alzad la mira­da”, aunque el núcleo del dis­cur­so se cen­tró en la tier­ra, aba­jo, en los que sufren. “Cristo nos hace libres con su amor —dijo el papa—. El cam­bio debe venir des­de los cír­cu­los cotid­i­anos. Vosotros podéis cam­biar la his­to­ria, haced­lo con amor”. León XIV defendió que una vida ple­na no se llena con riqueza, plac­er o poder y que frente al hor­ror de la guer­ra o de la men­ti­ra hay que ser pro­fun­da­mente humanos y bus­car la sin­ceri­dad o la jus­ti­cia sin fachadas. Tam­bién defendió el mul­ti­lat­er­al­is­mo y pidió a los católi­cos huir de la polar­ización. Ante la pre­gun­ta de cómo dis­cernir la voz de Dios, León XIV acon­se­jó desar­rol­lar la capaci­dad del silen­cio: “En el silen­cio com­pren­demos que las ide­ologías cam­bian, pero la ver­dad per­manece”.

Entre los asis­tentes, un grupo de mon­jas de difer­entes nacional­i­dades onde­a­ba la ban­dera de su con­gre­gación: “Somos de la Obra Mision­era de Jesús y María. Ven­i­mos de muchos país­es: Hon­duras, Sene­gal, Colom­bia. Esta­mos aquí porque hay pocas oca­siones de vivir la emo­ción de recibir al papa en nue­stro país”.

Jóvenes durante el even­to del sába­do en la Castel­lana| Adri­ano D’Anna

Poco después empez­a­ba la eucaristía y ese silen­cio del que habla­ba el papa inund­a­ba la Castel­lana. Mien­tras él comen­z­a­ba a rezar, la mul­ti­tud se arrodil­l­a­ba. Se abría la misa con el Evan­ge­lio según San Juan, con el pasaje del mila­gro de los panes y los peces, en el que Cristo ali­men­ta a una mul­ti­tud de gente nece­si­ta­da.

Mien­tras las últi­mas luces de los fue­gos arti­fi­ciales se desvanecían sobre el cielo madrileño, mar­can­do así el fin del even­to, y los asis­tentes empez­a­ban a aban­donar la plaza, unos ale­gres y otros con­fun­di­dos, ape­nas se nota­ba la ten­sión políti­ca. Ape­nas.


Galería de imágenes | Fotografías de Adriano D’Anna

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