César Santaolalla, bombero forestal: “Después de un incendio, puede que nunca volvamos a ver ese monte como era antes”

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En lo que va de año ya han ardi­do cer­ca de 38.000 hec­táreas en España

España aca­ba de atrav­es­ar la primera ola de calor del ver­a­no, con máx­i­mas por enci­ma de los 40ºC en numerosos pun­tos del país. Los datos pro­vi­sion­ales de la Agen­cia Estatal de Mete­o­rología (AEMET) han reg­istra­do los días 22 y 23 como los más calurosos del mes de junio des­de 1950. En los bosques españoles, el avance infor­ma­ti­vo elab­o­ra­do por el Área de Defen­sa con­tra Incen­dios Fore­stales señala que las más de 354.000 hec­táreas de super­fi­cie fore­stal afec­tadas en 2025 supo­nen un récord en el últi­mo dece­nio. Los datos pro­vi­sion­ales reco­gen casi otras 38.000 des­de el comien­zo de 2026 has­ta el 14 de junio.

César San­tao­lal­la Pas­cual es bombero fore­stal en la Comu­nidad de Madrid y lle­va más de diez años en la pro­fe­sión. Sus ini­cios lab­o­rales estu­vieron lig­a­dos al Cen­tro de Edu­cación Ambi­en­tal en el Valle de la Fuen­fría, des­de donde dio el salto a la lucha con­tra los incen­dios fore­stales en la base heli­trans­porta­da de Bus­tarviejo. En un prin­ci­pio, la tem­po­ral­i­dad del sec­tor solo le per­mitía tra­ba­jar en ver­a­no, pero aho­ra tra­ba­ja todo el año en la base 46_65, de Cercedil­la. Su expe­ri­en­cia le per­mite cono­cer el esta­do de los bosques españoles, de la pro­fe­sión y ser con­sciente de cuán­to daño provo­ca un incen­dio fore­stal.

P: ¿Cómo es la jor­na­da de tra­ba­jo de un bombero fore­stal en ver­a­no?

R: Nue­stro tra­ba­jo cam­bia mucho según la estación. En ver­a­no entramos a las 11 de la mañana, damos un parte de cómo esta­mos y de cómo va a ir la jor­na­da, hablam­os bas­tante de mete­o­rología y sole­mos hac­er prác­ti­cas o tra­ba­jos de des­broce. Por la tarde sole­mos hac­er más prác­ti­cas y rutas con el camión alrede­dor de la base para estar activos en caso de que algu­na de las tor­res de incen­dios capte algún humo. Después, hace­mos algo de preparación físi­ca y ter­mi­namos la jor­na­da a las diez de la noche.

¿Y en invier­no?

En invier­no tra­ba­jamos de ocho menos cuar­to de la mañana a tres y cuar­to de la tarde. Lleg­amos a la base, preparamos las cosas y vamos al monte a tra­ba­jar. Hace unos años nos incluyeron en el dis­pos­i­ti­vo del Plan de Inclemen­cias Inver­nales, así que ten­emos una pala qui­tanieves que uti­lizamos cuan­do es nece­sario. Por ejem­p­lo, nue­stros con­duc­tores estu­vieron ayu­dan­do durante la bor­ras­ca Filom­e­na y tam­bién estu­vi­mos en la DANA de Valen­cia.

¿Qué es lo más duro de su tra­ba­jo?

Durante el invier­no, tra­ba­jar en el monte con el frío, con la máquina siem­pre echa­da a cues­tas, tro­ce­an­do y cor­tan­do árboles o des­brozan­do jaras. Tam­bién tra­ba­jar en los taludes, que son zonas muy incli­nadas donde las pier­nas se resien­ten. Y lo más duro en ver­a­no es el humo que tra­gas en los incen­dios.

¿Recuer­da algún momen­to en el que haya pasa­do miedo?

En el año 2016 tuvi­mos un acci­dente en el helicóptero. Fue una toma de emer­gen­cia y en ese momen­to pasé miedo porque sientes que tu vida está en peli­gro. Pero, en gen­er­al, en el día a día no ten­emos miedo porque esta­mos rodea­d­os de gente muy pro­fe­sion­al y sabe­mos lo que hace­mos. Hay una serie de cir­cun­stan­cias que te hacen estar aler­ta, pero no ten­er miedo.

¿Cuál fue el incen­dio más difí­cil al que se tuvo que enfrentar?

Tra­ba­jan­do en Valde­mo­r­il­lo, hace unos cua­tro o cin­co años, nos man­daron a apo­yar a la Comu­nidad de Castil­la y León en un incen­dio cer­ca de Hoyo de Pinares. Son incen­dios que alcan­zan una mag­ni­tud despro­por­ciona­da porque hay una gran can­ti­dad de com­bustible y el vien­to mueve muchísi­mo el fuego. Nosotros teníamos que pro­te­ger el pueblo y estu­vi­mos tra­ba­jan­do toda la noche.

“Hay cir­cun­stan­cias que te hacen estar aler­ta, pero no ten­er miedo”

¿Qué decisión, de todas las que se toman durante una labor de extin­ción, es la más com­pli­ca­da?

Hay un orden de pri­or­i­dades: lo primero son las vidas humanas, después los bienes urbanos y luego el monte. A nosotros, por ejem­p­lo, nos sue­len reti­rar nue­stro medio aéreo porque van a usar­lo para pro­te­ger las urban­iza­ciones, las infraestruc­turas y las ante­nas. Las deci­siones depen­den de hacia dónde se va movien­do el incen­dio, qué se va encon­tran­do y dónde habrá zonas de opor­tu­nidad para ata­jar­lo de la for­ma más ráp­i­da y ponien­do en menos peli­gro a la gente que esta­mos tra­ba­jan­do a pie de monte.

El año pasa­do fue un ver­a­no espe­cial­mente duro, con incen­dios difí­ciles de con­tro­lar… Los bomberos fore­stales y medioam­bi­en­tales de Madrid recla­maron subidas salar­i­ales y afir­maron que los suel­dos que cobran son una fal­ta de respeto. ¿Han mejo­ra­do sus condi­ciones o están en la mis­ma situación que hace un año?

Por aho­ra no han mejo­ra­do, pero nue­stros com­pañeros de los sindi­catos están en muchas con­ver­sa­ciones y reuniones para con­seguir­lo. La ver­dad es que están muy avan­zadas esas mejo­ras para que teng­amos mejores condi­ciones. No te puedo decir si a lo mejor a finales del ver­a­no se con­seguirá algo ya firme, pero hay bor­radores para cam­biar esas cir­cun­stan­cias.

Tam­bién se habló de aumen­tar las labores pre­ven­ti­vas. ¿Se ha cumpli­do?

No, no hemos hecho más labores pre­ven­ti­vas, prin­ci­pal­mente porque hemos esta­do en muchas jor­nadas de huel­ga recla­man­do mejo­ras salar­i­ales y del con­ve­nio colec­ti­vo. Sal­ió la noti­cia de que este año se habían des­broza­do más hec­táreas que en ningún otro: no sé quién lo habrá hecho porque nosotros no lo hemos hecho, aunque ha habido zonas donde se ha ido mecan­izan­do el tra­ba­jo. Lo lamen­ta­mos, pero es una medi­da de pre­sión para que atien­dan nues­tras condi­ciones.

Además de la mejo­ra de los salarios y el aumen­to de las labores pre­ven­ti­vas, ¿tienen algu­na otra recla­mación?

Que se reconoz­can las enfer­medades lig­adas a nues­tra pro­fe­sión, como intox­i­ca­ciones y temas mus­cu­lares. Esta­mos todo el día en zonas de mucha pen­di­ente con una des­brozado­ra o una moto­sier­ra y es raro no ten­er her­nias o las rodil­las fas­tidi­adas. Tam­bién solici­ta­mos mejo­ras en la con­cil­iación famil­iar.

¿Ha habido algu­na mejo­ra en su sec­tor en los últi­mos años?

Yo creo que la reti­ra­da de la tem­po­ral­i­dad es una mejo­ra. En la Comu­nidad de Madrid se pre­tende que seamos el mis­mo número de per­sonas en ver­a­no y en invier­no, algo que con­tribuye a la pro­fe­sion­al­ización del sec­tor.

César San­tao­lal­la, en Cercedil­la | Irene González

¿Es cier­to que los equipos ignífu­gos con los que tra­ba­jan no les pro­te­gen com­ple­ta­mente?

No hay nada que te pro­te­ja de unas tem­per­at­uras tan ele­vadas. Antigua­mente se hacía un pro­to­co­lo para hac­er un agu­jero en la tier­ra, meterse y taparse con una capa que se llam­a­ba refu­gio ignífu­go. Se retiró porque daba una fal­sa sen­sación de seguri­dad: te ahogas y el aire que res­pi­ras te que­ma los pul­mones. Hay unas graba­ciones del incen­dio de Hor­ta de Sant Joan donde los com­pañeros de Cataluña se meten en ese refu­gio y fal­l­e­cen todos, sal­vo el que decide salir cor­rien­do. Tiene unas lesiones gravísi­mas de que­maduras, pero es el úni­co que puede hablar de ese incen­dio porque lo ha vivi­do. La may­or seguri­dad es evac­uar e ir a una zona despe­ja­da de veg­etación o una ya que­ma­da.

¿Cómo y quién decide que no pueden apa­gar el incen­dio y que, en su lugar, deben dedi­carse a con­tener­lo?

Hay una serie de pasos para apa­gar un incen­dio, la extin­ción sería el últi­mo. Primero se esta­bi­liza, lo que sig­nifi­ca que no está propagán­dose; luego se con­tro­la, se con­tiene en unas líneas de con­trol, y por últi­mo se extingue. El tra­ba­jo de las brigadas heli­trans­portadas es el con­trol. Van qui­tan­do com­bustible y luego vienen las bom­bas fore­stales pesadas, que extinguen el incen­dio con agua. La per­sona al man­do va en un helicóptero y decide dónde man­da a los medios para con­tro­lar el incen­dio y cuan­do se ha con­tenido ya se pasa a las labores de extin­ción.

“Los incen­dios de sex­ta gen­eración avan­zan a veloci­dades increíbles”

El ver­a­no pasa­do se habló mucho de los nuevos incen­dios, de sex­ta gen­eración, ¿cómo son? ¿En qué se difer­en­cian de los que ha habido has­ta aho­ra?

Un incen­dio de sex­ta gen­eración es aquel que gen­era su propia mete­o­rología. Apare­cen esos “hon­gos”, que se lla­man pirocú­mu­los, y el incen­dio se retroal­i­men­ta, dese­ca zonas alrede­dor y avan­za a unas veloci­dades increíbles.

Hay quien sostiene que una bue­na man­era de fre­nar los incen­dios fore­stales sería crear una masa fore­stal mix­ta, con árboles que arden muy fácil­mente y otros que con­tienen más agua para que estos últi­mos fun­cio­nen como corta­fue­gos. ¿Qué opina de esto?

Son corta­fue­gos nat­u­rales que, en tér­mi­nos fore­stales, se cono­cen como paisajes de mosaico. Al fuego le cues­ta más que­mar esa veg­etación y fre­na ese frente, que a fin de cuen­tas es lo que quer­e­mos. Pueden ser rob­les o sim­ple­mente zonas de viñas. Antigua­mente, teníamos viñe­dos y oli­vares, que son zonas de opor­tu­nidad por ser otro tipo de árboles. Hemos ido per­di­en­do esos usos, pero tam­bién son muy impor­tantes los usos ganaderos, por ejem­p­lo.

Aparte de las labores pre­ven­ti­vas, bosques de mosaico, labores ganaderas y corta­fue­gos que cre­an ust­edes, ¿existe algu­na otra medi­da para reducir la can­ti­dad o la dev­astación de los incen­dios?

La edu­cación ambi­en­tal. Que la gente sepa que no puede hac­er una bar­ba­coa en una zona cer­cana a un monte, que no puede encen­der un camp­ing gas para calen­tarse un café… Los incen­dios no avisan y un gran por­centa­je son cau­sa­dos por neg­li­gen­cias del ser humano, aunque a veces son inten­ciona­dos para hac­er daño o gener­ar pas­tos para el gana­do.

¿Cuán­to tar­da en recu­per­arse un eco­sis­tema tras un incen­dio?

Tar­da muchísi­mo, muchas veces la gente de la zona no vuelve a ver ese monte como antes nun­ca. Las briz­nas verdes no tar­dan en cre­cer porque la nat­u­raleza es mar­avil­losa, pero un bosque for­ma­do en su últi­ma eta­pa puede tar­dar más de 50 años.

¿Qué deberíamos hac­er los ciu­dadanos ante un incen­dio fore­stal acti­vo? ¿Y qué deberíamos evi­tar?

Lo primero es estar infor­ma­do de dónde es el incen­dio, qué se está que­man­do y hacia dónde se va dirigien­do. Una vez que se está pro­te­gi­do, hay que lla­mar al 112 y avis­ar. Por últi­mo, si es posi­ble, ayu­dar en algu­nas labores: lle­van­do agua, cor­tan­do una car­retera… Muchas veces vemos vídeos de gente en su vehícu­lo que pasa por una zona que se está que­man­do a ambos lados. Eso es una temeri­dad, no hay que vis­i­bi­lizar­lo en redes sociales, sino tomar con­cien­cia de que es peli­groso y puede causar muchos daños a vidas humanas, a la veg­etación y al pro­pio monte.

¿Algún con­se­jo para quienes quier­an dedi­carse a tra­ba­jos de ries­go sim­i­lares al suyo?

Que se for­men, que hagan la inge­niería o el módu­lo del gra­do supe­ri­or o del gra­do medio en gestión fore­stal. Una vez estén for­ma­dos, si les gus­ta este tra­ba­jo, que inten­ten entrar en las brigadas fore­stales y que se dejen enseñar por la gente que ya tiene arru­gas en las manos y en la cara, que lle­van tra­ba­jan­do en el monte muchísi­mos años y saben muchísi­mo. Este tra­ba­jo es muy voca­cional, muy boni­to y merece la pena.

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