Madrid era una fiesta: así vivió la capital el apagón más grave de la historia de España
El objetivo era llegar a un sitio donde se pudiera escribir. Bajando por la Castellana, el sonido de los cláxones se mezclaba con los pitidos de los agentes de policía que intentaban controlar el tráfico en las rotondas más transitadas, como Plaza Casilla o Azca. Cibeles estaría igual, aunque aún faltaba mucho para llegar hasta allá. Las aceras eran un torrente de carne viva que descendía en dirección a la estación de Atocha. A paso ligero, pero sin urgencia. Ayer casi nadie tenía que llegar a ninguna parte, excepto nosotros.
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