Bárbara Fernández Ochoa: “Lo de mi padre era sobrenatural”
Una de las hijas de Paco Fernández Ochoa, el primer deportista español en ganar un oro en los Juegos Olímpicos de Invierno, habla sobre su familia y su pueblo

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Casi 20 años después del fallecimiento de Francisco Fernández Ochoa, el primer oro para España en unos Juegos Olímpicos de Invierno, una de sus hijas, Bárbara, llega a la cita con una sonrisa y una disposición abierta. La acompaña su madre. Al terminar la entrevista, las dos aprovecharán para irse de aperitivo y a ver a sus amigos. A sus 51 años, vive en Madrid por temas de trabajo, pero eso no le impide mantener fuerte su lazo con Cercedilla, el pueblo que su padre puso en boca de toda España en 1972. Francisco vivió allí hasta el último de sus días participando muy activamente en la vida local y siempre presumía de ser parrao. Bárbara, como su padre, disfruta de todo lo que tiene ante ella y, aunque está acostumbrada al ritmo vertiginoso de la ciudad, también comparte el amor por Cercedilla y aprecia el descanso en la naturaleza. Su presencia es la de una mujer con los mundos de la razón y la emoción en un amable equilibrio: transmite una seguridad y una fortaleza firmes, pero su sensibilidad invita a hablar con ella desde la cercanía.

P. ¿Qué cualidades valora en sus padres y sus hermanos?

R. Todos tienen cualidades maravillosas. Mi padre tenía valentía, fuerza y ganas de pasárselo bien con todo lo que hacía, era un auténtico referente en eso. Mi madre tiene la serenidad, la sensatez y el cuidado de la familia, es el puerto a donde llegar siempre. Mi hermana es muy parecida a mi padre en cuanto a fuerza, autenticidad, esfuerzo y disciplina y mi hermano se parece más a mi madre: es muy sensato, muy tranquilo, muy cariñoso, auténtico pegamento humano.

¿Y qué características valora de sí misma?

Todo lo que hago lo hago a tope, soy muy trabajadora, muy disciplinada y muy familiar. Creo que combino bien la parte racional con la parte emocional porque me encanta aprender, pero también tengo las emociones siempre a flor de piel. Llorar es maravilloso —y yo tengo la suerte de llorar más por lo bueno, porque tengo muchas más cosas buenas que malas—, pero también soy muy optimista. Además, creo que tengo mucha empatía.

Incluso hoy en día, después de los fallecimientos de mi padre y de mi tía Blanca, seguimos sintiendo el cariño de la gente”

En alguna entrevista usted habla de que se levanta muy pronto para salir a correr antes de ir al trabajo, ¿de dónde surge esa disciplina?

Es un rasgo muy característico mío: como me plantee algo, no paro hasta que lo consigo. He sentido que si quiero tener energía necesito vitalidad, así que intento hacer ejercicio al menos cinco días a la semana. Pero también me funcionan mis momentos de reposo… Me gusta la variedad y soy de las que padece el FOMO total: o estoy fuerte o ya me dirás cómo lo hago. Yo creo que la clave está en cambiar el tienes por el quieres: quiero estar bien, por lo que quiero hacer deporte y cuidar mi alimentación, pero también quiero pasármelo bien.

El nombre de los Fernández Ochoa está muy unido al esquí, pero ¿qué es para usted ese deporte?

Para mí es el deporte porque se hace mucho ejercicio físico, pero también tiene mucho ejercicio mental para superar el miedo. Hay pocos deportes en los que disfruto tanto como esquiando. Y cuando termino, puedo ir a disfrutar de la gastronomía, del descanso, de los paisajes que hay en las montañas. Es muy difícil superar eso.

La medalla de oro y el Rolex

¿Qué cree que ha aportado su familia a Cercedilla?

Tuvimos la suerte de que mi padre puso el nombre de Cercedilla en boca de todo el mundo cuando se convirtió en el primer hombre en ganar una medalla olímpica en España y, después, mi tía fue la primera mujer. ¿Cuántas familias así conoces? Dieron a conocer el pueblo y el deporte en toda España y en el mundo e incluso hoy en día, después de sus fallecimientos, seguimos sintiendo el cariño. Eso es muy bonito.

Bárbara Fernández Ochoa esquiando| Foto cedida por Bárbara Fernández

En 2006, poco antes de fallecer, su padre recibió un homenaje en Cercedilla. Si tuviera que recordar solo una imagen de él durante ese día, ¿cuál sería?

La imagen que más me llegó al alma fue cuando cogió en brazos a mi hijo mayor, que entonces tenía seis meses. Él estaba ya en silla de ruedas, pero le sujetaba. Fue una suerte que pudiera ver a su nieto, que viera recompensada toda su carrera y que recibiera el cariño de todo su pueblo, que era lo que más le gustaba. Como, además, pudo hacerlo con mi hijo en sus brazos, esa imagen la tengo para siempre.

¿Cómo era el ambiente aquel día?

Un poco agridulce. Estábamos muy felices porque a él le hacía mucha ilusión y vinieron muchos amigos suyos de fuera, pero le veíamos ya en las últimas a nivel físico y tenía muchas pastillas encima para aguantar el dolor. Supongo que los finales que son “previstos” son así. Das muchas gracias por haber tenido a esa persona en tu vida, por todo lo que ha conseguido y por el cariño que le profesaba todo el mundo, aunque te da pena que tenga que terminar. Pero, como todo, la vida son etapas y hay que vivirlas.

Cercedilla es nuestra casa, para lo bueno y para lo malo

 ¿Cuál es el objeto que guarda de su padre al que le tiene más cariño?

Lo tengo clarísimo. A mi padre le encantaban los relojes y, cuando murió, mi madre nos dijo a los hermanos que cogiéramos los que quisiéramos. Yo solamente quería una cosa, el Rolex, porque tiene una historia muy bonita: en las Olimpiadas de Sapporo había un periodista que lo llevaba y que aceptó dárselo a mi padre si ganaba el oro. Cuando lo logró, el pobre hombre no se lo creía. Me encanta tenerlo porque me recuerda mucho a él y a esa mentalidad ganadora que debemos tener en la vida, de creer en nosotros mismos e ir a por todas.

Un recuerdo a su tía Blanca

¿Diría que ha heredado esa mentalidad?

No tanto. Me encantaría, pero todavía tengo que ganar un poquito más de seguridad en mí misma porque lo de mi padre era sobrenatural. Siempre dicen que la parte física es clave cuando estás en un deporte profesional, y eso es evidente, pero la parte mental es la determinante para ser un campeón. Mi padre era un tío muy especial en ese sentido, hasta el final de su vida y en todo lo que hacía.

Para concienciar sobre la salud mental, quisiera preguntarle cómo se enteró y cómo procesó el fallecimiento de su tía Blanca.

Sabíamos que estaba mal, pero no nos imaginábamos su suicidio. Mi madre me dijo que llevaba dos días desaparecida y, después, se localizó su coche en Las Dehesas. Como ves, Cercedilla es nuestra casa, para lo bueno y para lo malo, y la gente de la sierra se volcó en ayudarnos. Ella lo pasaba muy mal en sus épocas de bajón. Blanca lo decidió así y eso merece un respeto. La recordamos con cariño y pensamos en todo lo que consiguió y en su lucha. Vivió hasta los 56 años, que es la edad a la que murió mi padre, fíjate qué pequeño detalle.

Si conoces a alguien que experimenta pensamientos, ideaciones o riesgo de conducta suicida, puedes llamar a la línea de ayuda 024 o al número de emergencias 112. Ambos teléfonos están siempre disponibles y son gratuitos.

Si eres estudiante de la UCM o resides en un Colegio Mayor UCM, puedes llamar al teléfono 91 394 52 00 o escribir a psicall@ucm.es de lunes a domingo de 10:00 a 22:00, exceptuando días festivos y periodos vacacionales.

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