El neorromanticismo, la nueva red que nos aísla
El Círculo de Bellas Artes debate sobre el malestar psicológico y la incertidumbre de la sociedad actual

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¿Cómo ha influ­i­do el neor­ro­man­ti­cis­mo en nues­tra sociedad? Esta fue la pre­gun­ta que abrió el debate cel­e­bra­do el pasa­do lunes en el Cír­cu­lo de Bel­las Artes, en el que par­tic­i­paron Belén González, comi­sion­a­da del Min­is­te­rio de Sanidad; Eudald Esplu­ga, ensay­ista espe­cial­iza­do en la mate­ria; y Vale­rio Roc­co, direc­tor del Cír­cu­lo de Bel­las Artes.

La con­fer­en­cia giró en torno a cómo la cul­tura puede influir en la psi­cología social, de modo que cada gen­eración pre­sen­ta unas man­i­festa­ciones psi­cológ­i­cas propias. En la actu­al­i­dad, desta­can cues­tiones como el TDAH, el autismo, la ansiedad y la depre­sión, entre otras. El aumen­to de per­sonas diag­nos­ti­cadas con estos trastornos, puede expli­carse por diver­sos fac­tores como la ten­den­cia al auto­di­ag­nós­ti­co, la influ­en­cia de las redes sociales y el uso exce­si­vo de eti­que­tas psi­cológ­i­cas para definir com­por­tamien­tos cotid­i­anos. A ello se suma una cre­ciente per­cep­ción de incer­tidum­bre y caos, ali­men­ta­da por las cri­sis glob­ales .

Esto se refle­ja en la necesi­dad de vivir en el aho­ra y en la escasa proyec­ción con­struc­ti­va hacia el futuro, lo que aca­ba ais­lando a las per­sonas de su real­i­dad y las lle­va a año­rar y roman­ti­zar épocas pasadas en las que, aparente­mente, no existían los malestares de hoy. Frente a esta cri­sis, el antí­do­to pasa por volver a lo humano, a la social­ización y a la necesi­dad nat­ur­al de inter­ac­tu­ar con el otro para imag­i­nar una sal­i­da a la sociedad fría que se está cre­an­do.

En este sen­ti­do, Belén González expu­so cómo la salud men­tal influye en el fenó­meno de pasivi­dad que atraviesa la sociedad, mar­ca­do por dis­cur­sos indi­vid­u­al­is­tas y otros colec­tivis­tas, aunque destacó la acam­pa­da en Sol como una excep­ción que demues­tra todo lo con­trario. Por su parte, Vale­rio Roc­co señaló otras causas de esta pasivi­dad social, como los recortes en los ser­vi­cios públi­cos, las pri­va­ti­za­ciones y la pri­macía del mer­ca­do en todos los ámbitos.

Vale­rio Roc­co, durante su inter­ven­ción en la con­fer­en­cia  | Hiba Maouhoub 

Ante esta situación, los par­tic­i­pantes plantearon la necesi­dad de imag­i­nar posi­bles solu­ciones y surgió una pre­gun­ta: ¿cómo podemos apren­der del pasa­do para encon­trar la llave de un futuro esper­an­zador? Para ello, partieron de la cri­sis de 2007 y com­para­ron el cli­ma de super­viven­cia de entonces con el actu­al. Hoy se man­i­fi­es­tan dis­tin­tas for­mas de dis­tan­ci­amien­to y sub­je­tivi­dad, en las que se impone una lóg­i­ca “solu­cionista” que respon­s­abi­liza al indi­vid­uo de encon­trar la man­era de “sal­varse” de cualquier cri­sis. 

Esta mis­ma lóg­i­ca impi­de la evolu­ción humana y la mantiene estanca­da en los con­flic­tos. Por ello, se pro­pu­so recu­per­ar los espa­cios de social­ización, ya que no se uti­lizan ade­cuada­mente y, en oca­siones, se lim­i­tan a activi­dades conc­re­tas, como ir al gim­na­sio o acud­ir al ter­apeu­ta, para inter­ac­tu­ar con otras per­sonas. Según Vale­rio Roc­co, “los proyec­tos abier­tos cul­tur­ales pre­tenden fomen­tar la social­ización y nuevas for­mas de comu­nidades”. De lo con­trario, “los indi­vid­u­os caen en la nos­tal­gia neoro­man­ti­ca”.

“¿Qué clase de espa­cio se está cre­an­do des­de la impo­ten­cia nihilista?”, pre­gun­tó Eudald Esplu­ga. Se tra­ta de un nihilis­mo impo­tente que, según se planteó durante el debate, coin­cide con una izquier­da decaí­da, en con­traste con la acam­pa­da de Sol de las últi­mas sem­anas. Este nihilis­mo refle­ja cómo miles de per­sonas caen en la melan­colía, enten­di­da no solo como un esta­do psi­cológi­co, sino tam­bién como la año­ran­za de una vida mucho mejor que nun­ca lle­garon a vivir. En este punto,Belén González se mostró con­tun­dente: “Hay esper­an­za en no respon­der des­de la psi­cología a lo que pide esta real­i­dad de fan­tasías tec­nológ­i­cas”, sino en recur­rir a solu­ciones más humanas y efec­ti­vas.

Belén González explicó esta idea con un ejem­p­lo claro: para deten­er un desahu­cio, la acción físi­ca es más efi­caz que la dig­i­tal, ya que la comu­nidad puede apo­yar direc­ta­mente a las per­sonas afec­tadas y con­tribuir a solu­cionar su situación. Asimis­mo, señaló la cre­ciente ten­den­cia a del­e­gar en la psi­cología la res­olu­ción de prob­le­mas que super­an su ámbito de actuación. Por su parte, Vale­rio Roc­co defendió que “entre todos es posi­ble hac­er una trans­for­ma­ción social donde exista un espa­cio de unión o de encuen­tro frente a la pro­lif­eración de clubs sep­a­ra­dos”.

“No hay que creer el rela­to de fan­tasía ’ colap­sista’  a la primera cri­sis que se nos pre­sente”, advir­tió Eudald Esplu­ga. Creer estas nar­ra­ti­vas puede preparar psi­cológi­ca­mente al indi­vid­uo para una guer­ra de todos con­tra todos, con las graves con­se­cuen­cias que ello con­ll­e­va. Frente a este esce­nario, Belén González señaló a las uni­ver­si­dades como parte de la respues­ta, al con­tar con espa­cios de inte­gración y social­ización que deben aprovecharse para hac­er frente a los malestares de la sociedad des­de una per­spec­ti­va colec­ti­va, más allá de la inter­ven­ción psi­cológ­i­ca indi­vid­ual.

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