Juan Pablo Meneses: “El periodismo narrativo es una vía para asegurar la supervivencia del oficio”

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Juan Pablo Mene­ses es escritor, cro­nista y peri­odista “portátil”. Autor de los libros Equipa­je de mano (Plan­e­ta 2003), Sexo y poder (Plan­e­ta), La vida de una vaca (Planeta/Seix Bar­ral, final­ista Pre­mio Cróni­cas Seix Bar­ral), Cróni­cas Argenti­nas (Nor­ma) y Hotel España (Nor­ma), es tam­bién fun­dador de la Escuela de Peri­odis­mo Portátil, un proyec­to que dis­eñó en su estancia en Sil­i­con Val­ley como JSK Fel­low de la Uni­ver­si­dad de Stan­ford. Sus cróni­cas se han pub­li­ca­do en 25 país­es y tra­duci­do a cin­co idiomas. 

Actual­mente, es pro­fe­sor de no fic­ción en la Uni­ver­si­dad de Chile y direc­tor del diario hoyx­hoy, del Grupo Mer­cu­rio. En 2021 debutó en el cam­po de la fic­ción con la nov­ela Una his­to­ria per­di­da, pro­tag­on­i­za­da por un cro­nista chileno que, décadas después del 11 de sep­tiem­bre de 1973, decide inves­ti­gar la ver­dad en torno al pilo­to que bom­bardeó el hos­pi­tal de la Fuerza Aérea de Chile. Aho­ra, ha deci­di­do embar­carse en un nue­vo proyec­to: hac­er una inves­ti­gación académi­ca en la Uni­ver­si­dad Com­plutense de Madrid. Entre­vis­ta­mos a Mene­ses para que nos cuente el sig­nifi­ca­do de sus inno­vadores tér­mi­nos, cómo ve la situación del lla­ma­do peri­odis­mo nar­ra­ti­vo y cuáles cree que son los retos a los que nos enfrenta­mos como peri­odis­tas. 

Ust­ed inven­tó el tér­mi­no peri­odis­mo portátil. ¿En qué con­siste ese peri­odis­mo? 

El peri­odis­mo portátil es poder escribir des­de cualquier parte del mun­do para medios de dis­tin­tos país­es. Lo inven­té cuan­do me vine a vivir a España, en el año 2000. Estuve aquí cua­tro meses, después tuve que volver a Chile y, de allí, me fui a Buenos Aires y a seguir via­jan­do por el mun­do. Via­ja­ba y escribía en los ciber­cafés, que hoy en día ya no exis­ten. En ese momen­to me di cuen­ta de que había una especie de sala de redac­ción en cada calle. Ahí nace el peri­odis­mo portátil, que se escribe des­de cualquier país para cualquier sitio del mun­do. Es un tipo de peri­odis­mo que hice durante diez años de mi vida.

En su trilogía de cróni­cas emplea un tér­mi­no inno­vador: el peri­odis­mo cash. ¿Qué es el peri­odis­mo cash?

Es el nom­bre de una trilogía basa­da en el hecho de que, como autor, com­pras al pro­tag­o­nista de tu his­to­ria. Den­tro del peri­odis­mo, hay lugares y mer­ca­dos en los que la infor­ma­ción solo la reciben los dueños. Nosotros, como peri­odis­tas, podemos creer que si inves­tig­amos dis­tin­tas indus­trias, podremos cono­cer toda la infor­ma­ción, pero no es así, ya que hay infor­ma­ción que solo cono­cen los dueños. El peri­odis­mo cash nos trans­for­ma en dueños de esa infor­ma­ción. Y cuan­do uno es un peri­odista dueño, accede a cosas que el resto no conoce.

Por ejem­p­lo, yo com­pré una vaca en Argenti­na, y eso me per­mi­tió cono­cer el mun­do de la ganadería en dis­tin­tos país­es y des­de den­tro. Y después, para el segun­do libro de cróni­cas, com­pré a un niño fut­bolista con la inten­ción de vender­lo en el mer­ca­do de clubes de Europa, y conocí por den­tro el mun­do del fút­bol. 

¿Podría decirse que es una especie de infil­tración en sitios a los que sería imposi­ble lle­gar de otra man­era?

Sí, pero la relación con las fuentes debe ser trans­par­ente. Ellos siem­pre saben que estoy escri­bi­en­do un libro porque yo se lo digo. Pero a ellos, sobre todo, lo que más les intere­sa es que estoy en el nego­cio. En el caso del fút­bol, por ejem­p­lo, mi gran temor era decir­les a los padres por cuán­to me podían vender a su hijo. Me daba temor inten­tar com­prar­les a su pro­pio hijo. Sin embar­go, me di cuen­ta de que eso tenía solo que ver con pre­juicios míos porque, cuan­do les pre­gun­té por cuán­to me vendían a su hijo, a esos padres se les ilu­mi­naron los ojos. 

Algu­na vez ha men­ciona­do pre­cisa­mente que, de algu­na for­ma, hac­er peri­odis­mo cash enfo­ca­do a este tema le desmon­tó cier­tos pre­juicios. 

Sí. Sobre todo porque lo veía con ojos de padre. Me ponía en su piel y pens­a­ba que si a mí me vinier­an a com­prar mi hijo, me eno­jaría. Pero eso es porque tra­to de enten­der a los padres y a los niños fut­bolis­tas des­de mi posi­ción. Como peri­odis­tas, a veces pen­samos que las cosas que nos afectan a nosotros son extrap­o­lables a todos los demás. Cuan­do les comenta­ba a ami­gos que son peri­odis­tas deportivos que bus­ca­ba un niño fut­bolista para com­prar­lo porque esta­ba hacien­do un libro, lo primero que me decían era que querían par­tic­i­par. No me decían que esta­ba mal lle­varse a niños de ocho años de Lati­noaméri­ca a vivir en Madrid solos porque esta otra parte el nego­cio del fút­bol no se mues­tra. Y esas partes que no se mues­tran, a mí me intere­san mucho.

“No impor­ta si la her­ramien­ta es la inteligen­cia arti­fi­cial, inter­net o la tele­trans­portación. Lo que impor­ta es hac­er buen peri­odis­mo”

¿Entonces, el peri­odis­mo cash sería una reivin­di­cación de la esen­cia del ofi­cio peri­odís­ti­co?

Sí, la esen­cia sería ilu­mi­nar cosas que no se mues­tran. En mi caso, des­cubrí que una man­era de ilu­mi­nar esos mer­ca­dos oscuros era entran­do a la indus­tria como un dueño. Acced­er como dueño y no como peri­odista, aunque sin ocul­tar que lo era. 

Tam­bién es fun­dador de la escuela de peri­odis­mo portátil, la primera platafor­ma cen­tra­da en des­cubrir, for­mar y conec­tar las nuevas nar­ra­ti­vas de Lati­noaméri­ca. ¿Cómo surgió? 

Yo siem­pre había queri­do via­jar y escribir. Y esper­a­ba que lo que escribía me per­mi­tiera seguir via­jan­do. Me costó mucho lle­gar a ese pun­to, pero lo pude hac­er a los 27 años. Durante diez años no viví en un lugar fijo, sino en hote­les. Y cuan­do llegó otra cri­sis del peri­odis­mo y se empezó a des­pedir a gente, muchos de esos peri­odis­tas que no sabían qué hac­er, cómo ofre­cer temas, cómo ser free­lance o cómo adap­tarse a las nuevas ten­den­cias, se ponían en con­tac­to con­mi­go porque yo era una especie de activista, un propa­gador del tra­ba­jo free­lance.

La escuela de peri­odis­mo portátil nació cuan­do vivía en Buenos Aires, hace más de diez años y antes de que se fun­dara la platafor­ma de comu­ni­ca­ciones Zoom. Es decir, que toda la estruc­tura online que hay aho­ra no existía entonces. En los primeros años yo era el úni­co pro­fe­sor de esa escuela y teníamos alum­nos de var­ios lugares. Tenía que con­vencer a los pro­fe­sores para que hicier­an las clases online porque la gente no creía en aque­l­lo. Aho­ra este proyec­to ha cre­ci­do y se lla­ma la Uni­ver­si­dad Portátil. Ten­emos diplo­ma­dos que son grandes peri­odis­tas y nar­radores. No enseñamos solo peri­odis­mo, sino tam­bién escrit­u­ra cre­ati­va, géneros lit­er­ar­ios, nuevas nar­ra­ti­vas dig­i­tales, etc. 

¿Qué es para ust­ed el peri­odis­mo nar­ra­ti­vo?

En tér­mi­nos for­males, es escribir peri­odis­mo usan­do las her­ramien­tas de la lit­er­atu­ra, las tác­ti­cas nar­ra­ti­vas de la lit­er­atu­ra, de modo que haya ten­sión, sor­pre­sa, un final ines­per­a­do… todo eso. Hace unos años hubo un boom de este peri­odis­mo en Améri­ca Lati­na y se le llamó con dis­tin­tos nom­bres: cróni­ca, nue­va cróni­ca lati­noamer­i­cana, peri­odis­mo nar­ra­ti­vo, etc. Aho­ra, inclu­so le dicen no fic­ción cre­ati­va, pero Gar­cía Márquez es quien lo define mejor: con­tar un cuen­to, pero real. Creo que es una de las escapadas que tiene el peri­odis­mo tradi­cional hoy en día. 

Hay una guer­ra abier­ta entre lo que va a ser el peri­odis­mo con inteligen­cia arti­fi­cial y el que no. Y una for­ma de hac­er un paraguas pro­tec­tor a estos dile­mas puede ser el peri­odis­mo nar­ra­ti­vo. Es una vía para ase­gu­rar la super­viven­cia del ofi­cio. Con­tar una his­to­ria tuya en primera per­sona de algo que te pasó a ti es difí­cil que una inteligen­cia arti­fi­cial pue­da reem­plazar­lo. 

Por lo que respec­ta a mi ter­reno autoral, estoy pasan­do del peri­odis­mo lit­er­ario a hac­er lit­er­atu­ra peri­odís­ti­ca. Estoy hacien­do nov­e­las donde hay mucha inves­ti­gación peri­odís­ti­ca, pero son nov­e­las. 

Habla de la cróni­ca como una especie de salvo­con­duc­to con­tra la inteligen­cia arti­fi­cial. ¿Qué puede ofre­cer un cro­nista que no pue­da una máquina?

Cuan­do yo me com­pré mi primera cámara dig­i­tal y me vine para acá, el fotó­grafo del diario me dijo “yo jamás voy a dejar la diapo” [dia­pos­i­ti­va]. Des­de que me lo dijo, desa­pare­ció la diapo, desa­parecieron las cámaras analóg­i­cas y desa­parecieron los fotó­grafos de la sala de redac­ción.

Siem­pre he enten­di­do el peri­odis­mo como una car­rera com­ple­ta­mente tec­nológ­i­ca y en la que uno se tiene que actu­alizar. Por mucho que nos sigan enseñan­do a escribir una nota para papel, nadie lee ya el per­iódi­co en papel. Creo que nues­tra dis­posi­ción ante la inteligen­cia arti­fi­cial debería ser la de dar­le la bien­veni­da y tratar de bus­car de qué man­era podemos pon­er­la de nue­stro lado, no ver­la como el ene­mi­go. La tec­nología es parte de nues­tra car­rera y siem­pre ha esta­do pre­sente en el peri­odis­mo.

Es un cam­bio tec­nológi­co más, pero en diez o veinte años ven­drá otro. Tienen que con­ser­varse, eso sí, las grandes her­ramien­tas peri­odís­ti­cas, el lega­do de los hitos y las grandes for­t­alezas del peri­odis­mo. Los grandes mandatos del ofi­cio tienen que quedar muy claros porque, de esa man­era, no impor­ta si la her­ramien­ta es la Inteligen­cia Arti­fi­cial, Inter­net o la tele­trans­portación. Lo que impor­ta es que se haga buen peri­odis­mo, pega­do a la real­i­dad, man­ten­er la esen­cia peri­odís­ti­ca firme, pero adap­tán­dose a lo que viene.

¿Ve algu­na difer­en­cia entre el peri­odis­mo lit­er­ario que se hace en Lati­noaméri­ca y el que se hace en Europa? 

La gran difer­en­cia no es en tér­mi­nos de her­ramien­tas ni nar­ra­tivos. Quizá sea la con­cep­ción y, sobre todo, los temas. En Lati­noaméri­ca, los temas y las his­to­rias son muy insól­i­tas. Hay mucho espa­cio para el azar y para las desigual­dades. Hay lugares como Ciu­dad de Méx­i­co, por ejem­p­lo, que es la ciu­dad del mun­do que tiene más mil­lonar­ios, pero a la vez es la que tiene más pobres. Es la ciu­dad del mun­do con más autos de lujo, pero a la vez es la que tiene más autos de lujo blinda­dos. En otros sitios, que pueden ser país­es más desar­rol­la­dos, no hay esos nive­les de desigual­dad. Y ahí es donde está el cro­nista para con­tar esas his­to­rias fuera de lo común. 

El peri­odis­mo nar­ra­ti­vo está tam­bién enfo­ca­do a hac­er enten­der y a infor­mar. Pero, a difer­en­cia del peri­odis­mo tradi­cional, el cro­nista debería ser el últi­mo en lle­gar, ya que tiene que explicar por qué pasó lo que pasó y qué sig­nifi­ca que haya pasa­do eso.

“Estoy con un proyec­to sobre peri­odis­mo y lit­er­atu­ra, España y Lati­noaméri­ca, y me parece que un buen lugar para hac­er­lo es la Com­plutense”

Su últi­ma nov­ela, Una his­to­ria per­di­da, es una mez­cla de cróni­ca, fic­ción e inter­ven­ción cre­ati­va en torno a un suce­so históri­co: el bom­bardeo al hos­pi­tal de la Fuerza Aérea durante el golpe esta­do en Chile en 1973. ¿Tiene esta obra un papel ter­apéu­ti­co? 

Pasé del peri­odis­mo lit­er­ario a la lit­er­atu­ra peri­odís­ti­ca. De hecho, el pro­tag­o­nista de mi primera fic­ción es un cro­nista, un peri­odista nar­ra­ti­vo. Para ese libro, aunque es una nov­ela, inves­tigué mucho, y fue muy ter­apéu­ti­co por dos razones: porque conec­té con muchas cosas que habían pasa­do y que no tienen cabi­da en las piezas peri­odís­ti­cas, y porque yo, como mucha gente que estu­dia peri­odis­mo, en algún momen­to quise ser escritor de fic­ción. 

Cuan­do escribí esa nov­ela tuve que volver a usar un idioma, una lengua, que había tenido que olvi­dar para hac­er peri­odis­mo. Y exper­i­men­té las difer­en­cias y las simil­i­tudes entre la fic­ción y la no fic­ción. Creo que ahí hay un desafío con el peri­odis­mo, la his­to­ria y la lit­er­atu­ra. 

En los lugares donde no hay espa­cio para la ver­dad, hay espa­cio para la lit­er­atu­ra. De hecho, creo que el éxi­to de mi nov­ela es el fra­ca­so del peri­odis­mo de inves­ti­gación, porque si el peri­odis­mo hubiera inves­ti­ga­do bien lo que pasó en ese caso, mi nov­ela no ten­dría sen­ti­do. Y eso va a pasar siem­pre. Siem­pre que haya un espa­cio donde el peri­odis­mo no lle­ga, la lit­er­atu­ra lo va a ter­mi­nar com­ple­tan­do. Porque los libros de his­to­ria no pueden decir “tal año pasó tal cosa, y esto ya no te lo podemos con­tar porque nun­ca se supo, el peri­odis­mo nun­ca llegó”.

¿Es peli­groso eti­que­tar como peri­odis­mo nar­ra­ti­vo su últi­ma nov­ela? 

La primera línea de la nov­ela dice “todo lo que acá pasó es real”. Pero es una nov­ela, porque esa primera frase está den­tro de la nov­ela. Y una nov­ela es men­ti­ra. Aho­ra, si hubiera puesto antes de la nov­ela que todo lo que viene a con­tin­uación es real, no sería una nov­ela.

Yo me agar­ro un poco a una tradi­ción de gente que ha hecho chocar de frente el peri­odis­mo con la lit­er­atu­ra. En España lo hizo de algu­na man­era Javier Cer­cas con Sol­da­dos de Salam­i­na, en Argenti­na lo hizo Tomás Eloy Martínez con San­ta Evi­ta… De ahí sale algo que no es men­ti­ra, que tam­poco es ver­dad, pero que cuen­ta la his­to­ria. ¿Qué es lo que hace el rela­to ver­dadero o fal­so? Sien­to que cada vez es más impor­tante reflex­ionar sobre lo que es ver­dad o lo que no es. En ese sen­ti­do, en el peri­odis­mo ten­emos que enfrentarnos a que mucha gente crea que es men­ti­ra lo que están leyen­do. Lo que yo tra­to de hac­er con esta últi­ma nov­ela es pon­er en el cen­tro del debate el tema de la ver­dad, la men­ti­ra, la fic­ción y la no fic­ción. Porque no puede ser que aho­ra nos digan que todo lo que nosotros leemos es fal­so y nos quedemos tan con­tentos. No puede ser que muchos peri­odis­tas tra­ba­jen con agen­das e intere­ses pro­pios. La gente no se inven­ta que los medios mien­ten, lo dicen porque real­mente hay muchos peri­odis­tas con agen­das.

Pero quiero ser opti­mista y creo que mien­tras reflex­ionemos, sea con la cróni­ca o con la nov­ela, sobre la ver­dad y la men­ti­ra, sobre la fic­ción y la fic­ción, habrá algo de esper­an­za. Y la uni­ver­si­dad es un gran espa­cio para hac­er eso. Si dejamos de lado esa reflex­ión, esta­mos acaba­dos.

¿Por qué ha deci­di­do hac­er un doc­tor­a­do y por qué en la Com­plutense?

Hace mucho tiem­po que le esta­ba dan­do vueltas. Estoy hacien­do un proyec­to que tiene mucho que ver con España, Méx­i­co y Chile, y me parecía que un buen lugar para hac­er­lo era este. La Com­plutense, a difer­en­cia de otras uni­ver­si­dades de España y de Lati­noaméri­ca, tiene a var­ios pro­fe­sores que están enfo­ca­dos al peri­odis­mo lit­er­ario. Además, hay un máster de escrit­u­ra cre­ati­va que tam­bién cruza un poco la lit­er­atu­ra con el peri­odis­mo. Por este moti­vo, me pare­ció un lugar estratég­i­ca y académi­ca­mente muy rela­ciona­do con lo que bus­ca­ba. Además, estoy hacien­do una inves­ti­gación que tiene que ver pre­cisa­mente con eso, con el cruce del peri­odis­mo y de la lit­er­atu­ra y con el cruce de España y Lati­noaméri­ca.

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