Pedagogías de guerra: arte ucraniano como resistencia en el Thyssen-Bornemisza
Hasta el 21 de junio, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge la exposición Pedagogías de guerra, una propuesta de los artistas ucranianos Roman Khimei y Yarema Malashchuk. A través de cuatro piezas audiovisuales que exploran la cotidianidad en Kiev y otros territorios ucranianos bajo el asedio bélico de Rusia, la instalación busca no solo documentar el conflicto sino, en palabras de sus creadores, «reconstruir una vida alrededor del arte».
En la rueda de prensa celebrada el pasado 2 de marzo, Guillermo Solana, director artístico del museo; Chus Martínez, la comisaria de la exposición; Francesca Thyssen-Bornemisza, fundadora de TBA21, y los propios artistas debatieron sobre el papel del arte en tiempos de tragedia.
La muestra se articula en torno a cuatro video ensayos que desafían las representaciones tradicionales del conflicto: El caminante (2022), donde los artistas imitan las posturas de soldados rusos caídos y fotografías de los años noventa, explorando la corporalidad de la invasión; Mundo abierto (2025), que presenta a un joven desplazado que recorre las calles y se comunica con su familia a través de un perro robótico teledirigido desde su habitación; No deberías tener que ver esto (2024), una impactante instalación de seis canales sin sonido que muestra a niños que fueron raptados y trasladados a territorio ruso, captados mientras duermen o fingen estar dormidos, y Nosotros no empezamos esta guerra (2026), una pieza que comparte sala con la anterior y que retrata la rutina en extinción de la sociedad ucraniana.


Guillermo Solana, director artístico del Thyssen (izquierda) Francesca Thyssen-Bornemisza, fundadora de TBA21 (derecha) |Ruth Jiménez
La imposibilidad de exhibir esta muestra en Kiev debido a los cortes de electricidad subraya la relevancia de su presencia en Madrid. Francesca Thyssen-Bornemisza destacó que «ha sido un gran paso poder llevar a cabo esta experiencia», mientras que Guillermo Solana cerró filas con la causa afirmando que el museo «seguirá dando guerra contra la guerra».
La situación de los artistas
Uno de los momentos más reflexivos del encuentro giró en torno al «privilegio» de los artistas, que han podido viajar a España gracias a su labor creativa mientras sus compatriotas permanecen en el frente. Ante la inevitable pregunta sobre si temen ser reclutados, Khimei y Malashchuk fueron honestos: «Sí, hay posibilidad de que nos llamen al frente».
Pese a esta realidad, mantienen una visión clara sobre los límites y alcances de su obra: «El arte es una práctica independiente, transformar la realidad es otro tema». Sin embargo, para la comisaria, Chus Martínez, el arte tiene una función vital en la psique colectiva: «En un momento tan trágico, tan traumático, es importante que no solo sirvamos para ver sino para reconstruir. Se trata de la capacidad que tenemos como ciudadanos y visitantes de comprender aquello a lo que estamos abocados en un momento en el que realmente no estamos entendiendo nada, pero estamos abocados a la guerra absoluta».

La exposición se presenta así como un ejercicio de innovación estética que evita los lugares comunes para representar una guerra que se vive en los detalles más íntimos y en el silencio de los niños desplazados.


Imágenes de la exposición Pedagogías de guerra | Ruth Jiménez


