‘Yo no soy esa’, una comedia con propósito de crítica

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La nueva película de María Ripoll reflexiona con humor sobre cómo afectan a las relaciones personales los cambios de la sociedad

El salón de actos de la Fac­ul­tad de Cien­cias de la Infor­ma­ción acogió el preestreno de Yo no soy esa, la nue­va pelícu­la de la direc­to­ra cata­lana María Ripoll, cono­ci­da por éxi­tos como Llu­via en los zap­atos y Ras­tros de sán­da­lo. El acto con­tó con la pres­en­cia de la propia Ripoll y de Sil­ma López, una de las actri­ces de repar­to, quienes com­partieron anéc­do­tas y reflex­ionaron sobre los men­sajes que encier­ra esta come­dia con tintes román­ti­cos.

Yo no soy esa nar­ra la his­to­ria de Susana, una ado­les­cente apa­sion­a­da por la músi­ca y con sed de expe­ri­en­cias. Inter­pre­ta­da con ter­nu­ra y fres­cu­ra por Veróni­ca Echegui, Susana es el refle­jo de una joven entu­si­as­ta, cuyo carác­ter despre­ocu­pa­do cam­bia drás­ti­ca­mente cuan­do, al inten­tar escapar de casa para asi­s­tir al fes­ti­val de músi­ca Sonar jun­to a su novio DJ, sufre un acci­dente que la deja en coma durante veinte años. La pro­tag­o­nista despier­ta en el 2024 y así se con­vierte en una tes­ti­go descon­cer­ta­da de los cam­bios sociales y per­son­ales que han tenido lugar durante su ausen­cia.

Este pecu­liar salto en el tiem­po per­mite que la pelícu­la explore con humor temas como la imposi­ción tec­nológ­i­ca, el indi­vid­u­al­is­mo y una par­tic­u­lar visión sobre la adul­tez. La críti­ca a las acti­tudes neg­a­ti­vas que asumen las gen­era­ciones adul­tas, demasi­a­do ocu­padas en sus pre­ocu­pa­ciones para dis­fru­tar de la vida, es uno de los temas prin­ci­pales del filme. A través de los ojos de Susana, una ado­les­cente atra­pa­da en el cuer­po de una mujer adul­ta, la pelícu­la plantea cómo esta joven se siente per­di­da en un mun­do donde pri­ma lo vir­tu­al y el des­en­can­to, aunque su espíritu opti­mista y su dis­posi­ción para vivir el pre­sente impactarán a quienes la rodean, recordán­doles el val­or de la aut­en­ti­ci­dad y de la conex­ión humana.

El guion, escrito por Olga Igle­sias, pro­pone una reflex­ión críti­ca sin renun­ciar a la ligereza, abor­dan­do prob­lemáti­cas actuales de for­ma acce­si­ble. La direc­to­ra María Ripoll destacó cómo el género de la come­dia ha sido el vehícu­lo ide­al para trans­mi­tir estas ideas. “La come­dia sirve para rela­jar al espec­ta­dor, abrir­le el corazón y, una vez den­tro, intro­ducir­le el men­saje”, explicó Ripoll, sub­rayan­do el poder de este género para lle­gar a un públi­co amplio y conec­tar des­de la emo­ción.

Además de la tra­ma prin­ci­pal, la pelícu­la intro­duce temas sociales con­tem­porá­neos, como la cri­sis de la vivien­da en las grandes ciu­dades. A través del per­son­aje de Bár­bara, inter­pre­ta­do por Sil­ma López, se expone la real­i­dad de muchos jóvenes que deben alquilar sus casas a tur­is­tas para cubrir los gas­tos de vida, refle­jan­do así el dile­ma de la vivien­da ase­quible en entornos urbanos.

La estéti­ca del filme tam­bién es un hom­e­na­je a los años 90, la época que Susana dejó atrás antes de caer en coma. La nos­tal­gia por esta déca­da se pal­pa en el ves­tu­ario, lleno de pren­das y com­ple­men­tos emblemáti­cos de la época, y en el uso de expre­siones pop­u­lares como ‘efec­tivi won­der´ y ‘ciao pescao´. Esta recon­struc­ción del pasa­do con­trasta con la mod­ernidad del 2024, acen­tuan­do la brecha gen­era­cional que enfrenta la protagonista.Visualmente, la fotografía de Joan Bor­dera desta­ca por su lumi­nosi­dad y su recreación de la atmós­fera mediter­ránea de Barcelona, ciu­dad donde se desar­rol­la la his­to­ria.

El repar­to, encabeza­do por Veróni­ca Echegui, se com­ple­men­ta con la pres­en­cia de actores como Daniel Grao, Adam Jezier­sky y Ángela Moli­na, quien recibió el Goya de Hon­or en 2021. Cada uno apor­ta una pieza al mosaico de per­son­ajes que con­for­man el entorno de Susana, rep­re­sen­tan­do dis­tin­tas fac­etas de la vida adul­ta y sus com­ple­ji­dades.

La pelícu­la, una pro­duc­ción de El Estu­dio y Chahuen­ga Film­mak­ers, se estrenó en las salas de cine el 31 de octubre. Con un tono humorís­ti­co, Yo no soy esa logra diver­tir, reflex­ionar y des­per­tar una nos­tal­gia por el pasa­do, una época en la que las rela­ciones humanas y el dis­frute del pre­sente parecían más sim­ples y autén­ti­cos. La cin­ta de Ripoll, en su com­bi­nación de críti­ca social y come­dia, invi­ta al espec­ta­dor a replantearse su propia acti­tud ante la vida, recor­dan­do que la feli­ci­dad puede hal­larse en el aquí y aho­ra, sin las ataduras de una visión pes­imista del mun­do.

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