Olmo Calvo, fotoperiodista freelance: “Mi intención es presentar la realidad de una manera honesta”

Entrevistas

Recuerda sus comienzos en Molotov, un periódico de la Facultad de Ciencias de la Información publicado entre los años 2000 y 2003

De ori­gen cántabro, Olmo Cal­vo es un fotope­ri­odista que ha recibido mul­ti­tud de galar­dones inter­na­cionales, entre los que desta­can el Pre­mio Inter­na­cional de Fotografía Human­i­taria Luis Valtueña, o el Pre­mio Inter­na­cional de Peri­odis­mo ABC. Espe­cial­iza­do en la fotografía social, cubre des­de man­i­festa­ciones y desahu­cios a con­flic­tos en lugares como Ucra­nia, Cisjor­da­nia, Ser­bia o el Mediter­rá­neo para tratar temas como las guer­ras o las cri­sis de refu­gia­dos.

Pre­gun­ta: ¿Cuán­do recuer­da haber hecho su primera foto como pro­fe­sion­al?

Respues­ta: El tema de la pro­fe­sion­al­i­dad está un poco antic­ua­do. Con­sidero que no hay unos parámet­ros con­cre­tos para decir que uno tra­ba­ja­ba de man­era pro­fe­sion­al. Par­tien­do de esa real­i­dad, recuer­do con bas­tante car­iño y admiración a com­pañeros de una pub­li­cación que se llam­a­ba Molo­tov. Era un per­iódi­co que saca­ban en la Fac­ul­tad de Cien­cias de la Infor­ma­ción de la Uni­ver­si­dad Com­plutense de Madrid. Yo estu­di­a­ba Fotografía y, cuan­do llegué, no había nadie que supiera de esto, entonces me hice car­go e inten­té aplicar lo que esta­ba estu­dian­do al proyec­to. 

Quizá el pun­to de inflex­ión fue el hundimien­to del Pres­tige, el petrolero en Gali­cia. Aque­l­las Navi­dades me fui allí a hac­er un repor­ta­je para pub­licar en nue­stro per­iódi­co. Fui inten­tan­do hac­er el tra­ba­jo lo mejor posi­ble y me llevé una lec­ción de vida. Los vol­un­tar­ios que esta­ban reco­gien­do el cha­pa­pote, limpiando el petróleo de las playas, en muchos momen­tos me mira­ban mal y decían: “¿qué haces hacien­do fotos y no ayu­dan­do?” Fue la primera vez que me pasó algo así. En ese pun­to me sen­tí muy pro­fe­sion­al por con­seguir vencer ese miedo hacia lo que te puedan decir y poder con­tes­tar que mi fun­ción es mostrar lo que está suce­di­en­do.

El pun­to de inflex­ión fue el hundimien­to del Pres­tige, el petrolero en Gali­cia. Aque­l­las Navi­dades me fui allí a hac­er un repor­ta­je para pub­licar en Molo­tov.

Inclu­so me llevé una lec­ción de vida. Los vol­un­tar­ios que esta­ban reco­gien­do el cha­pa­pote, reco­gien­do el petróleo de las playas, en muchos momen­tos te mira­ban mal. Me mira­ban mal y me decían, “¿qué haces hacien­do fotos que no estás ayu­dan­do?” y yo les decía que ese era mi tra­ba­jo. Mi fun­ción es mostrar lo que está suce­di­en­do, cómo ellos recogían el cha­pa­pote, las con­se­cuen­cias de que el petróleo hubiese lle­ga­do a nues­tras costas, las con­se­cuen­cias sociales, las con­se­cuen­cias a niv­el de impacto ambi­en­tal, etc… Fue la primera vez en la vida que me pasó eso. En ese pun­to yo tam­bién me sen­tí muy pro­fe­sion­al por con­seguir vencer esa vergüen­za o ese miedo del prin­ci­pio, de que te digan, “oye, tú, chaval, ¿qué haces ahí con una cámara? Que no estás con un mono y una pala reco­gien­do petróleo, como esta­mos todos”.

P: ¿Definiría su tra­ba­jo como “fotografía de denun­cia”?

R: Es una eti­que­ta muy recur­rente que no se pone con malas inten­ciones, si no para inten­tar pon­er en val­or un tipo de repor­ta­je pero en el fon­do tam­bién es como sep­a­rar­lo de lo que es un tra­ba­jo habit­u­al. Es una eti­que­ta demasi­a­do reduci­da para definir los tra­ba­jos que he hecho a lo largo de los años.

Si eres fotope­ri­odista no es que hagas tra­ba­jo de denun­cia, tra­ba­jo de retra­to o tra­ba­jo a secas, sino que tienes diver­sos tra­ba­jos, haces repor­ta­jes. Algunos se podrían cal­i­ficar como de denun­cia porque pones en evi­den­cia vul­nera­ciones de dere­chos humanos en la sociedad en la que vivi­mos, pero otros muchos no.

Me recuer­da a cuan­do se habla de fotografía social o de fotografía mil­i­tante, que es como pon­er­lo en una cat­e­goría un poco infe­ri­or, no es fotope­ri­odis­mo o no es peri­odis­mo con mayús­cu­las.

P: ¿Ser free­lance le brin­da cier­ta lib­er­tad para ele­gir temas en los que se evi­den­cian vul­nera­ciones de los dere­chos humanos? 

R: Yo he tenido dos per­files muy difer­en­ci­a­dos de tra­ba­jo. Uno cen­tra­do en hac­er encar­gos: he tra­ba­ja­do para fun­da­ciones, empre­sas, ONG, medios de comu­ni­cación, con una temáti­ca y un aban­i­co muy amplio de repor­ta­jes a pedi­do. 

Otro per­fil com­ple­ta­mente difer­ente es cubrir los temas por los que yo apos­ta­ba, que creía que eran impor­tantes, que quizá hacía con may­or ded­i­cación, invir­tien­do más tiem­po…  Y sobre todo, que lo hacía a fon­do per­di­do, por decir­lo de algu­na man­era. Era una ini­cia­ti­va mía que en algu­nas oca­siones con­seguía que tuviera reper­cusión, que se difundiera, que tuviera vis­i­bil­i­dad. En muchas oca­siones con­seguía recu­per­ar lo inver­tido y en otras no.

En teoría, cuan­do uno es free­lance debería poder tra­ba­jar de man­era libre con muchos medios y mar­car sus tar­i­fas, pero esto no siem­pre es así porque a menudo las tar­i­fas vienen dadas ‑casi siem­pre muy bajas- por los medios. Bási­ca­mente ser free­lance, te da cier­ta lib­er­tad con algu­nas lim­ita­ciones. 

Si eres fotope­ri­odista no es que hagas tra­ba­jo de denun­cia, tra­ba­jo de retra­to o tra­ba­jo a secas, sino que tienes diver­sos tra­ba­jos, haces repor­ta­jes. Algunos se podrían cal­i­ficar como de denun­cia porque pones en evi­den­cia vul­nera­ciones de dere­chos humanos en la sociedad en la que vivi­mos, pero otros muchos no.

P: Cuan­do pub­li­ca temas pro­pios ¿hay una inten­ción de con­cien­ciar al lec­tor a través de la ima­gen?

R: Creo que lo primero de todo es inten­tar con­tar las his­to­rias de la man­era más hon­es­ta posi­ble. Pre­sen­tar la real­i­dad, obvi­a­mente con un pun­to de vista sub­je­ti­vo, porque todos somos sub­je­tivos y todos con­ta­mos las cosas des­de un lugar, pero inten­tan­do ser lo más hon­esto posi­ble.

Den­tro de esa con­cep­ción de mi tra­ba­jo, creo que la per­sona que lo recibe es libre de inter­pre­tar­lo de una u otra man­era. Muchas veces haces un repor­ta­je o una fotografía pen­san­do que va a ten­er cier­to impacto en las per­sonas y luego no es un impacto, no con­sigues trans­mi­tir una úni­ca sen­sación. Unos se lo toman de una man­era y otros de otra.

Se ve muy bien, por ejem­p­lo, en las redes sociales, cuan­do algu­nas fotos tuyas se usan para denun­ciar o para hac­er opinión y muchas veces son opin­iones con­tra­pues­tas. Entonces, de repente, dices: “Yo he plas­ma­do esta real­i­dad de la man­era más hon­es­ta posi­ble pero al final pasa tam­bién por el fil­tro de las per­sonas que la reciben”. 

Mi inten­ción, más que con­vencer, es pre­sen­tar la real­i­dad de esa man­era hon­es­ta. Obvi­a­mente, en los temas que esco­ges sí que haces una selec­ción ‑si puedes escoger temas- que acerque a una real­i­dad que sir­va para con­vencer. Quizá no es el obje­ti­vo últi­mo, pero sí for­ma parte de los propósi­tos que tienes al con­tar esa his­to­ria. 

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