“Sigo teniendo la misma ilusión, la misma pasión que cuando era estudiante”

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Recorremos con Alejandro Amenábar los escenarios de Tesis 30 años después de su estreno

Hay expectación, una mezcla de curiosidad y admiración contenida. Alejandro Amenábar vuelve a la Facultad de Ciencias de la Información para conmemorar el 30.º aniversario del estreno de su primer largometraje, Tesis, que rodó en este edificio cuando todavía era un estudiante de Imagen y Sonido. Para los alumnos de los talleres de la facultad (Infoactualidad, La Videofactoría e InfoRadio), además, esta será una experiencia única. Conversar con uno de los directores más influyentes de nuestro cine mientras recorre algunos de los escenarios clave de su ópera prima no sucede todos los días.

Facultad de CC. de la Información. Abril 2026. Mantenemos la localización. Cambiamos la fecha. También cambiamos el plano cenital del gran patio central por un plano general en el vestíbulo, junto al mural que inmortaliza uno de los fotogramas más famosos de Tesis.

¡Acción!

Comienza la entrevista. Entre recuerdos —y no solo los fijados en la pared—, arranca la conversación con la pregunta inevitable: qué siente al volver al lugar donde todo empezó. Amenábar se muestra perplejo por la rapidez con la que han pasado estos 30 años y recuerda: “Este es un sitio muy familiar para mí porque fui alumno de esta facultad, como vosotras”.

Un año después del estreno de Tesis, en una autoentrevista, el Amenábar de 24 años se reconocía como “un chico humilde, tímido y torpe”. Hoy, casi tres décadas después, se sigue viendo reflejado en esa descripción: “Es cierto que tengo un punto de timidez. De hecho, es algo que todavía me sorprende después de treinta años de carrera. El otro día mismo, en una reunión de vecinos, me puse muy nervioso —yo creo que me puse rojo como un tomate— porque tenía que hacer una reclamación. Ese punto de timidez a veces viene bien, como cuando tienes que apartarte de un mundo que no te interesa; y otras veces viene mal, como cuando en un rodaje tienes que enfrentarte a muchas cosas. Pero hacer cine me ha ayudado a vencer la timidez parcialmente, es decir, a saber cuáles son los momentos en los que no tengo que ser tímido”.

La banda sonora que le pondría hoy a la facultad sería una canción de Rosalía”

Bajamos las escaleras que llevan a la planta -1, donde se encuentran dos de los escenarios que acogen algunos de los hechos más inquietantes de Tesis. A medida que avanzamos como en un plano secuencia, el recorrido se llena de curiosos. Primero, algunos estudiantes; después, admiradores ajenos a la universidad que se acercan para ver y fotografiar a Amenábar con sus móviles. Cada vez hay más gente alrededor y el rumor crece poco a poco, como si toda la facultad hubiera decidido asomarse a este instante.

Foto: Adriano D´Anna

Un premio Oscar y un Globo de Oro por Mar adentro, nueve premios Goya…  ¿Es posible que, habiendo tenido tanto éxito siendo tan joven y con una trayectoria como la suya, no se le haya subido todo esto a la cabeza? Responde con seguridad y, mientras habla, gesticula constantemente con la mano derecha, como si quisiera enfatizar sus palabras: “Cuando empiezas, tienes ganas de comerte el mundo. Y eso está bien. Pero es importante ver esto como una carrera de fondo en la que ni siempre estás arriba ni tienes por qué estar arriba. Para mí ha sido importante, a medida que he ido avanzando, aprender a ser segundo, tercero, décimo o el último de la fila”, asegura.

Cuando le preguntamos qué queda hoy de aquel estudiante que quería hacer cine y si sigue intacta la pasión, contesta con una sonrisa y en tono divertido: “Lo que sigue intacto es mi manera de encuadrar. La gente con la que trabajo se ríe mucho porque siempre encuadro así [Junta sus manos formando el visor de una cámara invisible y se mueve enfocando el aire], siempre en formato horizontal. Aunque ahora la moda —como sabéis— es el formato vertical, el formato Instagram, yo, como buena reliquia del pasado, reivindico el horizontal”.

¿Y la pasión?: “Conservo la pasión, la ilusión. Lo noto, sobre todo, cuando estoy rodando. Me encanta sufrir en un rodaje”, reconoce mientras vuelve a utilizar sus manos para subrayar lo que dice.

El siguiente tramo de escaleras conduce a la sala Andrés Segovia, más conocida entre el alumnado como sala Azul, el mismo nombre que tenía cuando Amenábar rodó en la facultad. ¿Bajamos? [🚨 Spoiler: en Tesis, este espacio es donde muere el profesor Figueroa tras ver una snuff movie]. Accede.

Para mí ha sido importante aprender a ser segundo, tercero, décimo o el último de la fila”

Mientras nos acercamos a la sala, reconoce que el mejor recuerdo de su época de estudiante en la facultad “posiblemente no sea muy educativo”. “El mejor recuerdo son los cortos que hice aquí y que presenté, precisamente, en esta sala. Aquí presentamos Himenóptero. Pero los mejores recuerdos tal vez estén en la cafetería, donde hacíamos de todo menos repasar apuntes… Y los amigos y las amigas que sabes que te van a acompañar durante el resto de tu vida. Eso es lo que atesoro muy especialmente de la facultad. A los estudiantes siempre les digo que, probablemente, aquí es donde realmente comienza su vida”, dice mientras observa la sala.

Sobre la grabación de Tesis, asegura: “Mucha gente dice que fue el mejor rodaje de su carrera porque hubo muy buen ambiente, pero yo lo recuerdo poco. Fue agotador. Rodábamos más de 20, a veces hasta 30, planos al día. Lo que sí recuerdo es que perdí el guion de rodaje, porque soy un desastre. Cuando lo recuperamos, ya estábamos en otra localización. Alguien lo encontró aquí, tirado en un banco”.

A la altura de las butacas de la primera fila, se detiene. No parece buena idea sentarse en la misma silla en la que, en su película, muere Figueroa. Le preguntamos. Sonríe y dice “no, en esta no”. Se sienta en la butaca contigua y habla de las bandas sonoras. Él, que ha compuesto la mayor parte de la música de sus películas, ¿qué banda sonora le pondría hoy a la facultad?: “Eso lo sabéis vosotras mejor que nadie. Hoy en día sería una canción de Rosalía, estoy seguro. Pero sois vosotras las que tenéis que poner una nueva banda sonora a la facultad y contar nuevas historias”.

Tesis anticipó temas como la violencia audiovisual y el morbo mediático, algo que sigue vigente tres décadas después. Como dice Amenábar, aunque en la película se utilizan cintas de vídeo —hoy obsoletas— y no hay Internet ni redes sociales —que aparecerían años después—, el debate de fondo sigue vigente. “El poder de la imagen y cómo nos enfrentamos a la imagen violenta o somos cómplices de la violencia está vigente todavía, precisamente, a través de las redes”, asegura.

Abandonamos la sala Azul. En el mismo plano secuencia [que Tarkovsky nos perdone], nos dirigimos hacia los pasillos en los que grabó otras célebres escenas llenas de tensión. Amenábar es un director al que le gusta “dejar espacio al espectador” y en Tesis le hace decir al profesor Castro que “hay que darle al público lo que quiere”. ¿Sabe qué quiere el público de hoy? “Difícil respuesta —comenta—. Lo que yo intento es aportar honestidad y que la experiencia cinematográfica sea emocional. Creo que la gente necesita emociones y el cine es un vehículo muy adecuado para dárselas”.

Siempre encuadro en horizontal. Como buena reliquia del pasado, reivindico el horizontal”.

Al terminar Tesis, aseguró que le gustaría hacer una comedia. Todavía no la ha hecho. ¿Tal vez la próxima película? “Me he dado cuenta de que la comedia no es mi género. Aunque la comedia o el humor forma parte de mi vida y también está presente en mi cine, no encajo en ese género ni como espectador ni como realizador”, responde.

A medida que avanzamos por el pasillo, el barullo se reduce, como en la película. Hablamos del rodaje que más sufrió y del que más disfrutó. El más complicado, sin duda, el de Los otros, donde trabajó con estrellas de Hollywood como Nicole Kidman y Tom Cruise y con el estudio dirigido por los hermanos Bob y Harvey Weinstein: “Fue una bofetada de realidad. Tenías que saber jugar tus cartas porque estabas jugando con alguno de los mejores jugadores de póker del mundo. A pesar de ello, fue una experiencia muy satisfactoria en la que aprendí muchísimo y me siento muy orgulloso de esa película”. Entre los mejores rodajes, destaca Mar adentro: “Fue una experiencia maravillosa” y su última película, El cautivo: “Uno de los más emocionantes de mi carrera”.

Llegamos a la mitad del pasillo. A partir de este punto, en Tesis suceden cosas espantosas. Se lo recordamos. Se ríe y decidimos no continuar. Volvemos sobre nuestros pasos. Vamos hacia la redacción de Infoactualidad, que está al principio del pasillo. Le pedimos que recomiende un director y una película a los estudiantes de Comunicación Audiovisual de la facultad: “Hitchcock, por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. Y 2001, mi película favorita. Es críptica y muy poco convencional, pero absolutamente reveladora del mundo que vivimos hoy en día, que es el de la inteligencia artificial”.

En la redacción está previsto que finalice este inolvidable plano secuencia. Aunque, en el fondo, todo este recorrido desde el vestíbulo hasta aquí no ha sido solo un desplazamiento físico, ha sido una forma de volver sobre los pasos de Tesis, de reconstruir, aunque sea por unos minutos, el origen de una historia que, tres décadas después, sigue resonando entre las paredes de hormigón de este imponente edificio brutalista.

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