“Colombine fue una mujer fuerte y valiente, nuestra primera periodista contratada y una de las primeras corresponsales de guerra”

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Vic­to­ria Gal­lar­do pre­sen­ta Todos los nom­bres de Car­men, una nov­ela sobre Car­men de Bur­gos

Colom­bine, Raquel o Peri­co el de los Palotes. Estos seudón­i­mos ‑entre otros más ‑pertenecen a una sola mujer, Car­men de Bur­gos, pro­tag­o­nista de Todos los nom­bres de Car­men (Edi­ciones La Libr­ería, 2025) la primera nov­ela de la peri­odista madrileña Vic­to­ria Gal­lar­do Romera. Tras un rig­uroso ejer­ci­cio de doc­u­mentación sobre las vidas de mujeres madrileñas cuyos ofi­cios han ido desa­pare­cien­do que cul­minó con la edi­ción de Fuimos Indómi­tas (Edi­ciones La Libr­ería, 2021), Gal­lar­do vuelve con esta nov­ela cuyo pun­to de par­ti­da tam­bién estu­vo en los hal­laz­gos que surgieron en el tra­ba­jo de su primer libro.

Más que una biografía nov­e­l­a­da, la auto­ra hace un ejer­ci­cio de cirugía, como lo describe ella mis­ma, para sin­te­ti­zar episo­dios de la vida de la escrito­ra alme­riense, con­sid­er­a­da la primera peri­odista pro­fe­sion­al en España. Pio­nera y polifacéti­ca, Car­men de Bur­gos vivió tan­to el reconocimien­to en vida como la cen­sura durante el fran­quis­mo y la indifer­en­cia del tiem­po, aunque dis­tin­tos esfuer­zos en los años recientes inten­tan hon­rar su nom­bre y su lega­do. Gal­lar­do ve su libro como un bloque más den­tro de este mosaico de obras con las que se bus­ca recu­per­ar y reubicar la figu­ra de Car­men de Bur­gos.

P: ¿Cuál fue el may­or reto al abor­dar una vida tan nutri­da como la de Car­men de Bur­gos?

Sobre Car­men de Bur­gos ya hay biografías escritas. Yo no pre­tendí con este libro sim­u­lar una de esas biografías. Lo más difí­cil fue decidir qué quería con­tar, porque Car­men tuvo tan­tísi­mas vidas y fac­etas que, en algún momen­to, tuve que aco­tar. Fue un pro­ce­so de ciru­jano: ele­gir con qué aspec­tos de su vida quedarme y en qué obras cen­trarme. Ella fue tremen­da­mente pro­lí­fi­ca: escribió cróni­cas, repor­ta­jes, libros de via­jes, rec­etas, cuen­tos y nov­e­las. Hac­er ese ejer­ci­cio de cer­rar el foco fue, sin duda, lo más exi­gente de este tra­ba­jo.

P: ¿Cómo escogió un momen­to con­cre­to de su his­to­ria para estruc­turar el rela­to?

R: El títu­lo, Todos los nom­bres de Car­men, me sal­ió al paso durante la doc­u­mentación. Des­cubrí que, dos años antes de que Lor­ca estre­nara Bodas de san­gre, el mis­mo argu­men­to real ya había sido uti­liza­do por Car­men en una nov­ela cor­ta. Me resultó impac­tante cómo una mis­ma tra­ma puede ten­er recor­ri­dos tan dis­tin­tos: el de Car­men, prác­ti­ca­mente descono­ci­do para el públi­co, y el de Lor­ca, que es la gran trage­dia que todos recor­damos.

P: ¿Qué for­ma le dio al libro ese ejer­ci­cio de cirugía, como lo ha descrito?

Fue un ejer­ci­cio bas­tante exi­gente de con­cen­trar en 120–130 pági­nas todas estas fac­etas de Car­men. El libro arran­ca en el año 1928 y final­iza una vez procla­ma­da la Segun­da Repúbli­ca, por tan­to, me cen­tro en unos años muy con­cre­tos, en un Madrid tam­bién muy exac­to, muy definido. Ese ejer­ci­cio ha sido muy exi­gente, pero tam­bién muy grat­i­f­i­cante, porque impli­ca una parte de doc­u­mentación que está ahí detrás para saber cómo era el Madrid de esa época, esos años pre­vios a la Segun­da Repúbli­ca: cómo era el ambi­ente que se vivía en las calles, los cafés, las ter­tu­lias.

Del repor­ta­je a la nov­ela

P: Viene del mun­do del peri­odis­mo y su primer libro fue un ejer­ci­cio doc­u­men­tal, una recon­struc­ción de his­to­rias con un esti­lo más pro­pio del repor­ta­je.

En ese primer libro, Fuimos Indómi­tas, hay mucha parte de doc­u­mentación, hay mucho tra­ba­jo en hemerote­cas, en bib­liote­cas, en archi­vo, pero tam­bién me parecía muy impor­tante con­tar con las voces de las pro­tag­o­nistas o, en su defec­to, de sus hijas o de sus nietas, porque esta­mos hablan­do de las lavan­deras del Man­zanares, de las taquilleras del Metro de Madrid, de las tele­fon­istas de Gran Vía, de las cig­a­r­reras de la fábri­ca de taba­cos de Emba­jadores, así que para mí era muy impor­tante ten­er la voz y el tes­ti­mo­nio de estas mujeres, de sus hijas o de sus nietas. Ese libro lo planteé como repor­ta­jes, con cier­ta exten­sión, con cier­ta pro­fun­di­dad, pero al fin y al cabo eran repor­ta­jes.

P: ¿Y qué le motivó a dar el salto a la nov­ela?

Aquí he queri­do atreverme a dar un paso más y he entre­laza­do la fic­ción con la real­i­dad. Ha sido una man­era de pro­barme a mí mis­ma, porque en deter­mi­na­dos capí­tu­los la fic­ción me resulta­ba nece­saria; cuan­do te cen­tras en años tan con­cre­tos y rodeas a Car­men de per­son­ajes especí­fi­cos, la doc­u­mentación a veces no lle­ga a cubrir todos los hue­cos o per­spec­ti­vas que quieres abor­dar. Así que, sin dejar de ser muy respetu­osa con la real­i­dad, en cier­tas dosis ha sido nece­saria la fic­ción. Ese ha sido el ejer­ci­cio que he inten­ta­do hac­er: equi­li­brar ambas partes.

P: Con la expe­ri­en­cia de estos dos tra­ba­jos pub­li­ca­dos, ¿cuáles cree que son las difer­en­cias clave entre el rig­or del repor­ter­is­mo y el ejer­ci­cio de la escrit­u­ra mucho más libre de la fic­ción?

Esta incur­sión en la fic­ción ha sido com­pli­ca­da porque en cier­tos aspec­tos sigo sien­do peri­odista y ven­go de tra­ba­jar muchos años en un per­iódi­co, pero tam­bién ha sido muy grat­i­f­i­cante. Te da la lib­er­tad de situ­ar, con cier­to rig­or, a tu per­son­aje donde quieres que esté. Por ejem­p­lo, he queri­do rep­re­sen­tar a Car­men escri­bi­en­do en la mesa de su coci­na porque creo que es algo que ella podría haber hecho per­fec­ta­mente: reapropi­arse de ese espa­cio al que tradi­cional­mente habían sido rel­e­gadas las mujeres y resig­nifi­car­lo. Para ese tipo de cosas me ha gus­ta­do mucho esta expe­ri­en­cia.

Vic­to­ria Gal­lar­do, antes de la entre­vista| Emil Oso­rio Llanos

P: ¿Hubo algu­na biografía nov­e­l­a­da o ref­er­entes de “no fic­ción” que le sirvier­an de inspiración o ayu­da?

R: Prác­ti­ca­mente todos los mate­ri­ales que he con­sul­ta­do son de no fic­ción: per­iódi­cos, cróni­cas y biografías sobre Car­men de Bur­gos y sus coetá­neos. Por ejem­p­lo, los repor­ta­jes de Mag­da Dona­to son una fuente ingente de infor­ma­ción porque expli­can el Madrid de esa época des­de la ópti­ca de las mujeres. Ella se infil­tró en cárce­les y psiquiátri­cos y sabía cómo era para una muchacha bus­car tra­ba­jo en aquel entonces. Fun­da­men­tal­mente me he cen­tra­do en la real­i­dad, pero, a la hora de plas­mar­la, he recur­ri­do un poquito a la fic­ción en cier­tos capí­tu­los, aunque las fuentes que he uti­liza­do han sido siem­pre peri­odís­ti­cas.

P: El tema de los seudón­i­mos tam­bién es una seña impor­tante en la vida de Car­men de Bur­gos. Para muchas per­sonas podría ser más recono­ci­ble Colom­bine que su pro­pio nom­bre.

Car­men usó nom­bres como Gabriel Luna o Peri­co el de los Palotes, pero Colom­bine fue el que le dio may­or fama. Fue una sug­eren­cia de su edi­tor en Diario Uni­ver­sal. A mi modo de ver, nun­ca lo usó para escon­der­se, sino como un com­ple­men­to; de hecho, solía fir­mar como Car­men de Bur­gos-Colom­bine. Se reapropió del seudón­i­mo dán­dole una vuelta de tuer­ca: man­tu­vo su iden­ti­dad mien­tras uti­liz­a­ba ese nom­bre pro­fe­sion­al. 

La escritura como acto político

P: A propósi­to del lega­do de Car­men de Bur­gos, ¿qué aspec­tos de su figu­ra cree que deberían ser rescata­dos hoy?

Me que­do con su per­cep­ción de la escrit­u­ra como un acto políti­co. Car­men no daba pun­ta­da sin hilo. Cuan­do se con­vierte en la primera colum­nista de nue­stro país, su colum­na esta­ba pen­sa­da para temas frívo­los, temas que en esa época se con­sid­er­a­ba que tenían que intere­sar a la mujer. En cuestión de muy poco tiem­po, Car­men rev­eló real­mente cuál era su man­era de ver la vida y uti­lizó esa colum­na para, por ejem­p­lo, hac­er una encues­ta sobre el divor­cio. Creo que es muy sig­ni­fica­ti­vo que ella le dé este uso a ese altavoz tan grande que tiene. Si me ten­go que quedar con una lec­ción que aprendí de Car­men en todo este pro­ce­so, sería el con­ce­bir la escrit­u­ra como un acto de resisten­cia, por así decir­lo.

Todos los nom­bres de Car­men de Vic­to­ria Gal­lar­do (2025) | Emil Oso­rio Llanos

P: ¿Cómo influyó su voz en la per­cep­ción de la guer­ra de su época y qué peso cree que tuvo su per­spec­ti­va como cor­re­spon­sal?

Cuan­do via­jó a Melil­la tras los desas­tres del Bar­ran­co del Lobo, lo hizo para infor­mar des­de el ter­reno. Lo más lla­ma­ti­vo fue la per­spec­ti­va humana que arro­jó en sus cróni­cas. Se interesó por la situación de los sol­da­dos; no envi­a­ba telegra­mas des­de la como­di­dad de su casa, sino que esta­ba allí, ayu­dan­do a los sol­da­dos anal­fa­betos a redac­tar car­tas para sus famil­ias. Frente a la visión tác­ti­ca de los hom­bres, ella pri­or­izó el lado humano, que al final es lo que impor­ta.

P: ¿Qué le ha deja­do, como mujer y peri­odista, des­cubrir el niv­el de cen­sura al que fue someti­do su nom­bre durante el fran­quis­mo?

Car­men murió en 1932 sien­do una auto­ra rep­uta­da, pero hoy es una descono­ci­da. Tras la Guer­ra Civ­il, su nom­bre entró en la lista de autores pro­hibidos, lo que implic­a­ba que sus obras desa­parecier­an de las libr­erías. En esa lista, Car­men ocu­pa­ba el puesto número 9, por enci­ma de Voltaire o Rousseau. Eso evi­den­cia lo incó­mo­da que resultó para el rég­i­men. Se tomaron muchas moles­tias para bor­rar su huel­la. Mi libro es un humilde hom­e­na­je para inten­tar sal­dar esa deu­da históri­ca.

Pio­nera del fem­i­nis­mo

P: Tras haber escrito el libro y en estos meses de divul­gación, ¿cuál es su diag­nós­ti­co sobre el reconocimien­to de la figu­ra de Car­men de Bur­gos en el con­tex­to español actu­al? ¿Sigue sien­do una descono­ci­da?

R: Para mí, Car­men hoy sigue sien­do una gran descono­ci­da, aunque poco a poco se empieza a avan­zar y su memo­ria se va recu­peran­do. Hay dis­tin­tas ini­cia­ti­vas con este propósi­to: un aparta­do especí­fi­co en la Bib­liote­ca Vir­tu­al Miguel de Cer­vantes y una exposi­ción reciente en la Bib­liote­ca Nacional com­par­ti­da con María Lejár­ra­ga. Tam­bién hay un paseo marí­ti­mo en Almería, su tier­ra natal, y algu­na bib­liote­ca o insti­tu­to que lle­va su nom­bre, pero creo que sigue sien­do una gran olvi­da­da. Todavía que­da mucho por hac­er y, habi­en­do retrata­do el momen­to en que ella vivió, creo que aún esta­mos con los retos de la época.

P: ¿Podría hablar sobre esos retos?

R: La cuestión del fem­i­nis­mo es muy sig­ni­fica­ti­va, porque al que apela­ba Car­men era al de la igual­dad de dere­chos entre hom­bres y mujeres, no reivin­di­ca­ba otra cosa. Ella puso en mar­cha una de las primeras con­cen­tra­ciones sufrag­is­tas en Madrid, en el año 1925 frente al Con­gre­so de los Diputa­dos. No quería con­de­scen­den­cia ni fal­sos pater­nal­is­mos, siem­pre pri­or­iz­a­ba los espa­cios mix­tos y por eso fundó en el salón de su casa su propia ter­tu­lia. Como en aquel Madrid las mujeres no tenían dere­cho a estar en los casi­nos o los cafés, decidió crear ese espa­cio en su propia casa para poder par­tic­i­par. Ese es el fem­i­nis­mo por el que abo­ga­ba Car­men.

P: Si alguien no conoce nada sobre ella, ¿qué va a encon­trar en su libro?

R: Va a encon­trar el rela­to de una mujer muy fuerte y tremen­da­mente valiente, que fue nues­tra primera peri­odista con­trata­da y una de nues­tras primeras cor­re­spon­sales de guer­ra. Pero Car­men fue, además, muchísi­mas otras cosas: nov­el­ista, tra­duc­to­ra y activista. Tam­bién encon­trará una cróni­ca del Madrid pre­vio a la procla­mación de la Segun­da Repúbli­ca y a un grupo de mujeres, algu­nas cono­ci­das y otras igno­radas por la his­to­ria, que des­de sus respec­tivos ámbitos tra­ba­jaron, al igual que Car­men, por la igual­dad de dere­chos entre hom­bres y mujeres.

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