Jorge Contreras, fotoperiodista rural: “Nunca se ha hablado de lo que ocurre más allá de las carreteras secundarias”

El mejor oficio del mundoEn personaEntrevistas

Jorge Con­tr­eras cuen­ta que hace frío en Bur­gos. Mueve un poco la pan­talla de su orde­nador y enseña la ven­tana: “¿Ves? Está todo nubla­do”. En Madrid, sin embar­go, hace sol, pero des­de el cen­tro de la cap­i­tal es imposi­ble ver el pas­to que se intuye por la ven­tana del fotope­ri­odista. Ese cam­po verde des­de donde tra­ba­ja tam­bién ha sido el lugar de inspiración para su últi­mo libro, Los guardianes del puer­to de Pan­de­trave, obra fotográ­fi­ca para la que ha pasa­do una vein­te­na de días acom­pañan­do a difer­entes pas­tores de ove­jas.

Se define a sí mis­mo como fotope­ri­odista rur­al por necesi­dad: “Nun­ca se ha habla­do de lo que ocurre más allá de las car­reteras secun­darias”. Pero antes de lle­gar al fotope­ri­odis­mo rur­al tuvo con­tac­tos con el mun­do audio­vi­su­al. Su primera cámara, como a otros muchos, se la regalaron al hac­er la primera comu­nión cuan­do tenía diez años, pero comen­zó a pro­fe­sion­alizarse en 2015 a raíz de los con­flic­tos que tuvieron lugar en su bar­rio, el Gamon­al de Bur­gos: “Mi tío y un ami­go fotope­ri­odista cubrieron las protes­tas de mi bar­rio. Veía lo que hacían y me di cuen­ta de la impor­tan­cia que tienen los medios de comu­ni­cación en este tipo de cues­tiones y la fuerza que tiene el peri­odis­mo para con­tar real­i­dades. Fue el momen­to en el que dije ‘yo quiero dedi­carme a esto, quiero con­tar his­to­rias’”.

Su primera musa fue su abuela. Arru­gas cotid­i­anas comen­zó hace siete años, cuan­do Con­tr­eras ter­minó de estu­di­ar un gra­do de audio­vi­suales, y es un proyec­to en el que sigue tra­ba­jan­do. En él, retra­ta el día a día de su abuela para así reivin­dicar el poder de lo cotid­i­ano den­tro de la fotografía: “Empecé a ver la cotid­i­anei­dad de mi abuela como algo úni­co. Cuan­do era más joven pens­a­ba que había que salir de España para hac­er grandes tra­ba­jos, pero me di cuen­ta de que no era tan sen­cil­lo irte a otro país con una cámara al cuel­lo”. Entonces decidió cen­trarse en aque­l­lo que ocur­ría a su alrede­dor. De ahí nació Los guardianes del puer­to de Pan­de­trave

Un pas­tor obser­va a su rebaño des­de lo alto del puer­to de Pan­de­trave. | Foto: Jorge Con­tr­eras

El moti­vo de los pas­tores le llegó tam­bién por vía famil­iar. Su abue­lo mater­no había sido pas­tor en Castil­la y aque­l­la ima­gen del pas­tor comu­ni­tario —una figu­ra que antaño era esen­cial en los pueb­los y que hoy está desa­pare­cien­do— le resulta­ba cer­cana. “Antes había una per­sona que se encar­ga­ba del gana­do de varias famil­ias. Aho­ra, la may­oría son ganaderos con rebaño pro­pio, pero la for­ma de vida sigue sien­do muy pare­ci­da”, expli­ca. Decidió bus­car prác­ti­cas tradi­cionales que aún se man­tu­vier­an vivas en el norte de España, y dio con la trashu­man­cia y con la Fun­dación Monte Mediter­rá­neo, que orga­ni­za estos desplaza­mien­tos de rebaños en los puer­tos de mon­taña. “Fueron ellos los que me pusieron en con­tac­to con los pas­tores y me con­taron que iban a hac­er una traster­mi­nan­cia, que es un recor­ri­do de menos de 100 kilómet­ros, para subir el gana­do a los puer­tos. Hablé con los pas­tores y allá que me fui”.

Veinte días en los puertos

Con­tr­eras pasó veinte días jun­to a los pas­tores. Primero cam­inó con ellos durante la traster­mi­nan­cia, acom­pañán­do­los a lo largo de más de trein­ta kilómet­ros. “Cuan­do regresé a casa, me planteé si esto se acaba­ba aquí o si tenía que subir tam­bién a los puer­tos a ver cómo era la vida allí arri­ba”, recuer­da. Decidió con­tin­uar. Durante dos ver­a­nos, en 2022 y 2023, regresó varias veces a los puer­tos para con­vivir con los pas­tores en ple­na tem­po­ra­da. Dor­mía en su fur­gone­ta cuan­do la zona era acce­si­ble, pero en los lugares más remo­tos no tenía más opción que insta­lar una tien­da de cam­paña.

Fotografía inclu­i­da en Los guardianes de Pan­de­trave en la que se ve un rebaño de ove­jas y una tien­da de cam­paña | Foto: Jorge Con­tr­eras.

Durante sus estancias en la mon­taña des­cubrió que el día a día de los pas­tores es de una ruti­na exi­gente. Salen con el rebaño a media mañana y no lo reco­gen has­ta el anochecer. En ese tiem­po, la soledad es casi abso­lu­ta. “A veces están con otro com­pañero, pero sue­len estar sep­a­ra­dos: uno en un extremo del rebaño y el otro en el otro. Sal­vo a la hora del desayuno, la comi­da y la cena, están solos”. Esta soledad es el moti­vo prin­ci­pal por el que los pas­tores saben iden­ti­ficar a cada una de las ove­jas, por detalles mín­i­mos. “Escuchan un balar y saben qué ove­ja es. Ven una con una man­cha en el ojo y te dicen: ‘Esa es la madre de aquel cordero de ahí’. De las horas que pasan solos, muchas de ellas las uti­lizan para, sim­ple­mente, obser­var a sus ani­males”.

Los problemas del pastoreo

El prob­le­ma prin­ci­pal al que se enfrentan los pas­tores es la fal­ta de rele­vo gen­era­cional. “Muchos ganaderos se jubi­lan y son sus hijos quienes con­tinúan, pero no siem­pre es así. Hay pocas per­sonas que quier­an dedi­carse a esto”, comen­ta. Aun así, en los últi­mos años han surgi­do escue­las de pas­tores en dis­tin­tas partes de España, y Con­tr­eras ha nota­do que cada vez más jóvenes se intere­san por este tra­ba­jo.

Dos pas­tores des­cansan en la mon­taña. A lo lejos, su rebaño de ove­jas. | Foto: Jorge Con­tr­eras

Pero no es el úni­co desafío al que se enfrenta la pro­fe­sión. Según el fotope­ri­odista, el cam­bio climáti­co está afectan­do seri­amente a la trashu­man­cia: “Aquí en Bur­gos, el invier­no pasa­do fue muy seco y los pequeños ríos y arroyos que los pas­tores uti­liz­a­ban tradi­cional­mente están desa­pare­cien­do”. Tam­bién está la cuestión económi­ca: los pre­cios del sec­tor ganadero muchas veces no com­pen­san el esfuer­zo y la ded­i­cación que requiere este tra­ba­jo. Aun así, los pas­tores que Con­tr­eras ha cono­ci­do ase­gu­ran que no cam­biarían su for­ma de vida: “Me dicen que esto es como una dro­ga. No es un tra­ba­jo de ofic­i­na en el que cumples tu jor­na­da y te vas a casa. Es un esti­lo de vida”.

Los guardianes del puer­to de Pan­de­trave es un proyec­to que ya está ter­mi­na­do, edi­ta­do y pub­li­ca­do, pero Con­tr­eras no tiene inten­ción de dejar de doc­u­men­tar la vida rur­al. Cuen­ta que, para él, subir a los puer­tos de mon­taña cada ver­a­no se ha con­ver­tido “en casi una obligación”. Ya no siem­pre regre­sa acom­paña­do de su cámara, como hacía antes, pero sigue que­rien­do con­tar esas his­to­rias. Aho­ra tiene en mar­cha un nue­vo proyec­to con el que pre­tende retratar a una gran parte de los pas­tores de la provin­cia de Bur­gos: en un mapa, ha señal­a­do noven­ta pueb­los y su idea es fotografi­ar entre trein­ta y cuarenta pas­tores para un nue­vo libro. “No sé en qué quedará, pero lo que ten­go claro es que quiero seguir con­tan­do lo que ocurre en la España vaci­a­da”, con­cluye. 




Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Plugin the Cookies para Wordpress por Real Cookie Banner