Los ecos de la tragedia
En todas las viviendas cercanas al barranco del Poyo todavía es visible la marca de la altura a la que llegó el agua. Está tatuada en la estructura, como la tinta en la piel. Alejandro Alonso es vecino de Benetusser y sobre esta línea reflexiona: “No es la marca donde llegó el cauce del agua, sino la línea que indica hasta dónde llegó la incompetencia política”. 

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Valencia, cuatro meses después de la DANA

En todas las vivien­das cer­canas al bar­ran­co del Poyo todavía es vis­i­ble la mar­ca de la altura a la que llegó el agua. Está tat­u­a­da en la estruc­tura, como la tin­ta en la piel. Ale­jan­dro Alon­so es veci­no de Bene­tuss­er y sobre esta línea reflex­iona: “No es la mar­ca donde llegó el cauce del agua, sino la línea que indi­ca has­ta dónde llegó la incom­pe­ten­cia políti­ca”. 

Si algo ha deja­do la DANA han sido líneas. En Paipor­ta, otra ocu­pa gran parte de la calle Mae­stro Palau, al este del pueblo. Es una línea humana que tam­poco pasa desapercibi­da. Cua­tro meses después del paso de la gota fría, dece­nas de per­sonas se agol­pan diari­a­mente en ese pun­to para recibir comi­da. Lo han per­di­do todo. Son colas del ham­bre. Otra de las líneas que mar­can “el har­taz­go de la gente con los políti­cos”, dice Alon­so.

A cua­tro meses de la trage­dia que asoló 78 munici­p­ios entre Valen­cia, Castilla–La Man­cha y Andalucía, las calles de Paipor­ta ya no ven el paso con­stante de camiones mil­itares o miem­bros de la UME. Hace algo más de un mes que se han mar­cha­do, pero el tra­ba­jo de limpieza y recon­struc­ción no está lejos de ter­mi­nar. El Gob­ier­no de España ha mov­i­liza­do 16.600 mil­lones de euros. En total, están reg­istradas 43.654 solic­i­tudes de ayu­da para sol­ven­tar daños per­son­ales, vivien­das, establec­imien­tos…, con un importe supe­ri­or a los 56 mil­lones. Los veci­nos de los munici­p­ios afec­ta­dos ase­gu­ran que solo han recibido ayu­das estatales, las autonómi­cas todavía no están repar­tidas.

Alejandro Alonso, vecino de Benettuser, junto a un cementerio de vehículos en la localidad | Foto: Pedro Pascual
Ale­jan­dro Alon­so, veci­no de Benet­tuser, jun­to a un cemente­rio de vehícu­los en la local­i­dad | Foto: Pedro Pas­cual
Estado de un garaje en Paiporta, el 29 de enero | Foto: Pedro Pascual
Esta­do de un gara­je en Paipor­ta, el 29 de enero | Foto: Pedro Pas­cual

En muchos casos, solic­i­tar estas ayu­das no es tan sen­cil­lo. Ana es de Paipor­ta, y cua­tro meses después todavía bus­ca su Golf blan­co en los cemente­rios de automóviles. En la noche del 29 de enero creyó haber­lo encon­tra­do, ya com­pacta­do bajo una pila de coches. El supues­ta­mente suyo está en con­tac­to con el bar­ro solid­i­fi­ca­do. No tiene matrícu­la, ni ras­gos que le per­mi­tan iden­ti­fi­car­lo. Saca un par de fotos, con flash. Es la úni­ca prue­ba que tiene para demostrar al seguro que, efec­ti­va­mente, perdió su coche en la ria­da. 

La recon­struc­ción de las escue­las tam­bién es una pri­or­i­dad. Alfon­so Gil es de Sagun­to, pero ges­tiona la recon­struc­ción de los cen­tros educa­tivos que pertenecen a la empre­sa Flori­da Grup Edu­catiu. Cuen­tan con dos escue­las en los munici­p­ios afec­ta­dos, en Picanya y en Alfa­far. Ambas quedaron destrozadas. A la escuela infan­til munic­i­pal Por­ta Sud, en Alfa­far, el lodo la cubrió por com­ple­to. Como la ria­da no afec­tó a su estruc­tura, actual­mente el espa­cio ya es tran­sitable. “Has­ta el cur­so que viene es imposi­ble que volva­mos a abrir”, expli­ca Gil, porque el inte­ri­or tiene que hac­erse de nue­vo des­de cero, a lo que se suma el expo­lio que ha sufri­do la escuela. “Casi todas las cosas de alu­minio las han roba­do”, rela­ta. No que­da ni un solo mar­co en las ven­tanas y lo úni­co que se salvó de los ladrones fue la cam­pana extrac­to­ra de la coci­na, que es “extremada­mente pesa­da” y está uni­da a la pared. El resto de obje­tos que pudier­an ten­er val­or han desa­pare­ci­do.

Alfonso Gil en la Escuela Infantil Municipal Porta Sud | Foto: Pedro Pascual
Alfon­so Gil en la Escuela Infan­til Munic­i­pal Por­ta Sud | Foto: Pedro Pas­cual
Restos de basura y barro recogidos de la Albufera y alrededores | Foto: Pedro Pascual
Restos de basura y bar­ro recogi­dos de la Albufera y alrede­dores | Foto: Pedro Pas­cual

Tra­ba­jar en estos entornos tam­poco ayu­da a la salud. Gil es alér­gi­co a la humedad y al pol­vo, pero se ve oblig­a­do a pasar las jor­nadas en una escuela donde pre­dom­i­nan esos dos ele­men­tos. Uti­liza mas­car­il­la para pro­te­gerse de las partícu­las que flotan en el aire, pero no le evi­ta toser y lamen­tarse por su salud: “Que todos los males sean estos, al fin y al cabo he tenido mucha suerte porque no he sufri­do pér­di­das cer­canas, pero a una com­pañera de la empre­sa la DANA le arrebató a un famil­iar. Eso sí que es una des­gra­cia”.

Casi cua­tro meses después, las tar­eas de recon­struc­ción se abren paso entre la con­ster­nación. Según datos de la Mon­cloa, se mov­i­lizaron has­ta 30.000 mil­itares para ayu­dar en la que fue una de las may­ores des­gra­cias de la his­to­ria de España. Veci­nos de los pueb­los de la Horta‘l Sud, como Alon­so, ase­gu­ran que se tardó demasi­a­do en el despliegue de las unidades y que en el primer momen­to fue insu­fi­ciente. A día de hoy, una vez ya reple­ga­do el ejérci­to y la UME, los datos afir­man que se realizaron más de 12.000 opera­ciones, se desple­garon casi 10.000 efec­tivos de las Fuerzas y Cuer­pos de Seguri­dad del Esta­do, jun­to a 1.900 vehícu­los. Por aho­ra, de los dieciséis mil pre­supues­ta­dos, se han abona­do poco más de tres mil mil­lones de euros entre ayu­das y demás gas­tos.

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