El orgullo y el amor de Budapest frente a la prohibición

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Pese a las prohibiciones y amenazas del primer ministro, el desfile LGTBIQ+ de 2025 se ha convertido en el mayor de la historia de Hungría

“A szerelem szörnyű dolog, amit gyűlölni lehet” — “El amor es una cosa terrible para odiar”. 

El pasa­do 18 de mar­zo, el Par­la­men­to hún­garo aprobó la con­tro­ver­ti­da enmien­da con­sti­tu­cional que antepone la “pro­tec­ción a la infan­cia”, según sus propias pal­abras, a otros dere­chos fun­da­men­tales como el de reunión y el de libre expre­sión. Esto per­mite, a través de un uso retor­ci­do de la retóri­ca, pro­hibir el des­file del Orgul­lo LGTBIQ+. 

El calor pesa­ba sobre las calles, avenidas y puentes de Budapest. El día 28 de junio, cien­tos de miles de ciu­dadanos hún­garos y sim­pa­ti­zantes de todas partes del mun­do lucieron con orgul­lo su lib­er­tad y sex­u­al­i­dad, aunque lo tuvier­an pro­hibido.

Las con­se­cuen­cias legales de incumplir esta ley van des­de mul­tas de 200.000 florines (500 euros) úni­ca­mente por asi­s­tir a un año de prisión por orga­ni­zar o pro­mover la mar­cha. El primer min­istro hún­garo, Vik­tor Orbán,  ya había adver­tido hace meses a los orga­ni­zadores que “no deberían molestarse en preparar­lo este año”, porque sería una pér­di­da de tiem­po y dinero”.  

En los momen­tos pre­vios a la man­i­festación, Budapest parecía desnu­da. Por mucho que se bus­case, no había ningu­na ban­dera o sím­bo­lo que diese algu­na pista de que se trata­ba del Día del Orgul­lo, como si los col­ores del arcoíris “molestasen” a los transeúntes. Esa per­cep­ción desa­parecía frente al par­que del Ayun­tamien­to, en ple­na Pest. Atavi­a­do con piezas de tela mul­ti­col­or y el car­tel de Pride en la entra­da, el Ayun­tamien­to se alz­a­ba con­tra la opre­sión anti-LGT­BI.

El ayun­tamien­to fue el úni­co edi­fi­cio que decoró su facha­da con la ban­dera LGTBIQ+ | Foto: Mario Morón 

En torno a las dos de la tarde, el par­que del Ayun­tamien­to se iba llenan­do de vida. Todos los arcoíris salían de sus refu­gios y pasa­ban a for­mar parte del esce­nario com­puesto por los puestos de ropa, la músi­ca y las caras ale­gres y pin­tadas con la ban­dera LGTBIQ+ que cel­e­bra­ban su orgul­lo. 

Como en todos los des­files, el tran­scur­so de la ruta se conocía por el itin­er­ario que pub­licó el Budapest Pride en sus redes sociales: a paso lento y dis­traí­do, cruzarían el emblemáti­co puente de la Lib­er­tad para lle­gar a la Uni­ver­si­dad de Cien­cias Apli­cadas, en la ciu­dad de Buda. Aunque no lle­garon a cruzar ese puente – la policía no se lo per­mi­tió–, bajo el lema de “La lib­er­tad y el amor no pueden ser pro­hibidos” y con mucha deter­mi­nación, con­sigu­ieron atrav­es­ar el Danu­bio a través del puente de Isabel y unir a las dos ciu­dades de la cap­i­tal hacia una mis­ma lucha. 

La mar­cha atrav­esó el puente de Isabel para lle­gar a la zona de Buda | Foto: Mario Morón 

Este Orgul­lo es úni­co por muchos motivos, entre ellos, la pres­en­cia inter­na­cional. Asistieron más de seten­ta diputa­dos de la Unión Euro­pea y otras fig­uras políti­cas desta­cadas. Des­de Gre­ta Zucker­berg a Yolan­da Díaz e Irene Mon­tero.

La ruta del Budapest Pride, como bien explic­a­ban en sus redes sociales, esta­ba ya pro­gra­ma­da: a paso lento y dis­traí­do, cruzarían el Danu­bio a través del emblemáti­co puente de la Lib­er­tad has­ta lle­gar a la Uni­ver­si­dad de Cien­cias Apli­cadas, en la ciu­dad de Buda. 

Además del calor de los 35º reg­istra­dos, sobre los asis­tentes pesa­ba un ambi­ente aun más ten­so: la ame­naza de una con­tra-man­i­festación anti-LGT­BIQ+, con­vo­ca­da horas antes por los movimien­tos ultra­derechis­tas del Movimien­to Juve­nil de los Sesen­ta y Cua­tro Con­da­dos y el Movimien­to Nues­tra Patria. Trataron de evi­tar el des­file cor­tan­do el puente de la Lib­er­tad ‑la úni­ca mel­la que pudieron hac­er-. La man­i­festación sigu­ió su cur­so por el puente de Isabel, rebosan­do ale­gría y lib­er­tad. 

Los pocos con­tra-man­i­fes­tantes que alcan­zaron al “Pride” se encon­traron con una masa col­ori­da impa­ra­ble. La silen­ciosa y som­bría seriedad de los con­tra-man­i­fes­tantes era recibi­da con vítores, risas, aplau­sos y sar­cas­mo, mucho sar­cas­mo. Aunque la sartén esta­ba ‑curiosa­mente- en la mano de los ame­naza­dos legal­mente ‑200.000 man­i­fes­tantes con­tra ape­nas un cen­te­nar de extrema derecha‑, man­tu­vieron el espíritu paci­fista y fes­ti­vo. Nada ni nadie iba a arru­inarles el día. 

Un manifestante de extrema derecha intenta sin éxito interrumpir la marcha pacífica del Orgullo en Budapest.
Un ultra inten­ta, sin éxi­to, inter­rum­pir el des­file del orgul­lo | Pablo R. Seco 

Mien­tras que los ame­naza­dos por un soft­ware de reconocimien­to facial llev­a­ban la cara destapa­da y las son­risas al aire, los con­tra-man­i­fes­tantes, en una mar­cha legal respal­da­do por el primer min­istro, se tapa­ban la cara como podían con un car­tel “en defen­sa de Europa y de la famil­ia”. ¿Cómo era aque­l­lo de Giselle Ple­icot? Ah sí, “que la vergüen­za cam­bie de lado”. 

Con una camise­ta de Budapest Pride que había com­pra­do en los puestos del par­que del Ayun­tamien­to, Itsván, un joven budapesti­no, estu­vo des­de el ini­cio de la jor­na­da. En un tono cal­ma­do, afirma­ba que el Gob­ier­no no solo había pro­hibido el Orgul­lo, sino que ha ini­ci­a­do una cam­paña mediáti­ca que inci­ta al odio con­tra la comu­nidad LGTBIQ+ y que cala sobre todo en la gente del cam­po, donde “viv­en una real­i­dad alter­na­ti­va”.

Acon­se­ja a los ultras a dialog­ar y a hablar con ellos para “respon­der a todas sus dudas. Que nos escuchen a nosotros, y no al Gob­ier­no”. “Lo primero es acep­tarse a uno mis­mo, el resto es secun­dario”, sen­ten­cia Itsván en ref­er­en­cia a los miem­bros del colec­ti­vo que puedan sen­tirse silen­ci­a­dos o reprim­i­dos. 

“Ame­naza­dos por un soft­ware de reconocimien­to facial, llev­a­ban la cara destapa­da y las son­risas al aire”

Los par­tic­i­pantes de la man­i­festación se enfrentaron a los carte­les difam­a­to­rios y a la pro­hibi­ción con risas y abra­zos, y con un guardián: su alcalde, Gerge­ly Karác­sony, quien defendió el even­to bajo la pro­tec­ción de la ciu­dad de Budapest. 

Karác­sony, des­de el primer momen­to, se opu­so al frontal ataque con­tra los dere­chos de expre­sión y reunión: “Hun­gría no es igual a su Gob­ier­no. La lib­er­tad y el amor no se pueden pro­hibir”. Se ha vuel­to todo un emble­ma en la lucha de los dere­chos del colec­ti­vo, tan­to a niv­el nacional como inter­na­cional.

El alcalde Gergely Karácsony y el portavoz Richard Barabás, símbolos institucionales del apoyo al colectivo LGTBIQ+.
El alcalde de Budapest, Gerge­ly Karác­sony, se abraza con Richard Barabás, por­tavoz de Diál­o­go-Par­tido Verde | Foto: Pablo R. Seco

Richard Borobás, vicepres­i­dente del par­tido del alcalde, agrade­ció la pres­en­cia inter­na­cional: “Es genial no estar solos en esta lucha”. Su pronós­ti­co, “este será el Orgul­lo más grande de la his­to­ria en Budapest”, no pudo ser más acer­ta­do. Según cuen­ta, lo que más daño podría hac­er­le a Orbán sería que hubiese miles de per­sonas en la calles reivin­di­can­do la lib­er­tad y el amor “en un sím­bo­lo de resisten­cia con­tra la opre­sión”.

Las imá­genes del puente han dado la vuelta al mun­do, como un sím­bo­lo de lib­er­tad y valen­tía con­tra la opre­sión

Se con­tabi­lizaron un total de 200.000 man­i­fes­tantes, pero parecían infini­tos. El des­file fue tan con­cur­ri­do que cua­tro horas después del ini­cio todavía se veía el puente de Isabel abar­ro­ta­do por la gente que no deja­ba de cruzar. Las imá­genes del puente han dado la vuelta al mun­do, con­vir­tién­dose en un sím­bo­lo de lib­er­tad y valen­tía con­tra la opre­sión.

La policía bloquea el acceso al puente de la Libertad como parte del operativo para desviar la ruta del desfile.
Mien­tras el orgul­lo se cel­e­bra­ba en los esce­nar­ios, la policía cus­to­di­a­ba, en silen­cio, el puente de la Lib­er­tad | Foto: Pablo R. Seco 

La reac­ción del primer min­istro hún­garo no tardó en lle­gar. Vik­tor Orbán trató de restar­le impor­tan­cia al des­file, al que cal­i­ficó de “ver­gonzoso” y que solo reunió a “unas pocas dece­nas de miles de per­sonas”. Sen­ten­ció que “ningún Orgul­lo le hará cam­biar de opinión”.

La ruta del des­file llegó a su fin con la músi­ca del esta­dio que ani­ma­ba el ambi­ente. Mien­tras, el silen­cio y la soledad parecían pesar sobre quienes trataron de deten­er la lib­er­tad y la feli­ci­dad. 

A continuación, una galería de fotos: 

El des­file se cele­bró pese a la pres­en­cia poli­cial y a la pro­hibi­ción guber­na­men­tal | Foto: Mario Morón 
Los par­tic­i­pantes del Orgul­lo con­sigu­ieron cruzar el puente de Isabel | Foto: Pablo R. Seco 
La man­i­festación del Orgul­lo se desen­volvió de man­era pací­fi­ca | Foto: Mario Morón 
Ministros de Sumar como Yolanda Díaz y representantes europeos participan en la manifestación como muestra de solidaridad internacional.
La man­i­festación se cele­bró con el apoyo de numerosos políti­cos de cen­tro izquier­da europeos, incluyen­do var­ios min­istros españoles. | Foto: Pablo R. Seco
Per­sonas par­tic­i­pan con ale­gría el des­file del Orgul­lo en el cen­tro de Budapest el 28 de junio de 2025 | Foto: Mario Morón 
Richard Barabás, por­tavoz de Diál­o­go-Par­tido, Verde desafió la pro­hibi­ción del Gob­ier­no de Orbán de cel­e­brar el Orgul­lo | Foto: Pablo R. Seco

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