Manifestaciones del 8M: dos rumbos disidentes y un mismo objetivo
Dos marchas, un mismo día: crónicas de las manifestaciones paralelas del 8M y un análisis de los desafíos que marcarán la agenda feminista en el futuro próximo

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Dece­nas de miles de per­sonas des­bor­daron las calles prin­ci­pales de Madrid en una nue­va jor­na­da de mov­i­lización por el 8M. Detrás de las asis­ten­cias masi­vas de las mar­chas, late un movimien­to fem­i­nista que sigue en el cen­tro de la agen­da políti­ca, pero se pre­sen­ta con una frag­mentación en dos blo­ques difer­en­ci­a­dos. El 8M del 2026 no fue solo una demostración de la fuerza que el fem­i­nis­mo sigue tenien­do en las calles, sino tam­bién el refle­jo de las pro­fun­das dis­cu­siones inter­nas que están dán­dole for­ma a la agen­da de la igual­dad de género tan­to en España como a niv­el glob­al.




Trayectoria de la marcha del Movimiento Feminista de Madrid| Imagen: Adriano D’Anna

La man­i­festación del MFM empezó a con­gre­garse alrede­dor de Cibeles a las 12:00 del mediodía

La calle de Alcalá fue el segun­do pun­to de encuen­tro de todas las per­sonas man­i­fes­tantes, en su trayec­to hacia la Gran Vía.

La exten­sión de la Gran Vía fue el ter­cer pun­to de la mar­cha, cuan­do ya las pan­car­tas y los vítores se habían toma­do las calles del cen­tro de Madrid.

La Plaza de Callao fue el pun­to ante­ri­or al cierre de la mar­cha.

A pocos met­ros de la Plaza de España, la man­i­festación del MFM dio cierre a su jor­na­da del 8M con una con­gre­gación mul­ti­tu­di­nar­ia sobre la Gran Vía.

“Sacad del cajón la ley de abolición” y “No a la guerra”, en la marcha del Movimiento Feminista de Madrid

Momen­tos ini­ciales de la man­i­festación del MFM | Adri­ano D’An­na

Irene González Sánchez 

El 8 de mar­zo, a las doce de la mañana, el Movimien­to Fem­i­nista de Madrid (MFM) comen­zó a cam­i­nar des­de Cibeles. La luz del mediodía pre­sagia­ba llu­vias, pero a lo largo de la tarde no cayó ni una gota. Entre las per­sonas con­gre­gadas esta­ba Diana Huer­ta. Mien­tras cam­ina­ba jun­to a sus com­pañeras de Espa­cio Fem­i­nista Rad­i­cal explicó que la aso­ciación bus­ca abolir la pros­ti­tu­ción, los vien­tres de alquil­er y el velo como for­ma de oprim­ir y de mar­car exclu­si­va­mente a las mujeres. Para Huer­ta, “ser mujer no es un sen­timien­to, es una real­i­dad biológ­i­ca”, si bien recono­ció la validez de cues­tiones como la dis­fo­ria. Por estar a favor de ideas como estas se había unido a la mar­cha del fem­i­nis­mo abo­l­i­cionista. 

Entre la mul­ti­tud, carte­les con men­sajes diver­sos –“Tú no decides por mí”, “¡No a la guer­ra!”, “Por mis her­manas mex­i­canas”— y lemas como “Las mujeres no somos mer­cancía”, “Cuida­do, cuida­do, puedes ten­er un put­ero a tu lado” o “Sacad del cajón la ley de abol­i­ción”.

Marchan­do casi des­de el ini­cio, Clau­dia comen­tó que a sus 28 años lle­va asistien­do a la man­i­festación del MFM des­de que empezó “a infor­marse” y con­cluyó que no se sen­tía iden­ti­fi­ca­da con algu­nas de las reivin­di­ca­ciones de la otra mar­cha, como “el apoyo la pros­ti­tu­ción y al neolib­er­al­is­mo”. 

Más de un man­i­fes­tante afir­mó ser fem­i­nista rad­i­cal. Avan­zan­do un poco más, Car­men y José (nom­bres cam­bi­a­dos a peti­ción de los man­i­fes­tantes), de 60 y 63 años, ambos vesti­dos con camise­tas del pód­cast Radio­japu­ta, se describían como abo­l­i­cionistas del género, de la pros­ti­tu­ción y de la pornografía. Con el sím­bo­lo de Venus pin­ta­do en la cara, alrede­dor del ojo, con­taron que conocieron el fem­i­nis­mo rad­i­cal gra­cias a su hija, que llegó a raparse el pelo para romper con los estereoti­pos. “Un tío cal­vo es intere­sante, pero a una chi­ca cal­va se la mira como si tuviera un prob­le­ma o como si estu­viera enfer­ma”, comen­tó Car­men, que ase­guró preferir no hablar de sus ideas en el tra­ba­jo para ahor­rarse peleas.

Hacia la una de la tarde, la cabeza de la man­i­festación baja­ba por la Gran Vía y esta­ba a pun­to de lle­gar a la plaza de Callao cuan­do se detu­vo para seguir core­an­do lemas. Des­de los altav­o­ces, se escuch­a­ba una voz que afirma­ba que la población femeni­na esta­ba en con­tra de los con­flic­tos béli­cos y ase­gura­ba que, a lo largo de la his­to­ria, los hom­bres habían pro­movi­do la guer­ra mien­tras las mujeres y “las criat­uras” las sufrían.

Frente de la mar­cha se agru­pa­ban peri­odis­tas de difer­entes medios. Una de ellas pre­gun­tó a un agente de la Policía Nacional por el número de asis­tentes has­ta el momen­to: 11.000. 

La may­or parte de los hom­bres que march­a­ban por las calles en esta man­i­festación eran de medi­ana edad. De repente, entre ellos, aparecieron dos jóvenes. Iván, de 23 años, había lle­ga­do des­de Jaca (Huesca) a la cita de Madrid para unirse a la MFM porque con­sid­era que el abo­l­i­cionis­mo “es la úni­ca for­ma de erradicar a largo pla­zo y de raíz la pros­ti­tu­ción”. A su lado esta­ba Daou­da Ba, un chico de Dakar (Sene­gal) que llegó a España hace un mes y que a sus 24 años esta­ba vivien­do su primer 8M en Madrid. Explicó que en su país, donde es habit­u­al la polig­inia (un hom­bre puede ten­er varias esposas), está mal vis­to que una mujer no se case y que las casadas deben obe­de­cer a sus mari­dos.

A pun­to de lle­gar a plaza de España ‑el pun­to final de la man­i­festación- en una acera esta­ba Esther jun­to a su ami­ga Sagrario, ambas de 60 años. Esther, en sil­la de ruedas “por cul­pa de la tal­ido­mi­da”, un medica­men­to que afec­ta al sis­tema inmunológi­co, daba tes­ti­mo­nio de cómo las per­sonas pueden sufrir dis­crim­i­nación no solo por ser mujeres, sino tam­bién por sufrir dis­capaci­dad.

Pasadas las dos de la tarde, la man­i­festación de las abo­l­i­cionistas llegó a su fin, con una con­gre­gación sobre la Gran Vía, a unos cuan­tos met­ros de la plaza de España. Entre aplau­sos y vítores, ter­minó una mar­cha mar­ca­da por el rit­mo de los tam­bores y algunos helicópteros que la sobrevola­ban.

“No es no” y “No a la guerra”, en la manifestación convocada por la Comisión 8M

Momen­tos ini­ciales de la man­i­festación de la Comisión 8M| Guiller­mo Izquier­do

Pao­la Rubio Melo

Un año más, las calles de las prin­ci­pales ciu­dades españo­las se tiñeron de mora­do en una jor­na­da de mov­i­lización con moti­vo del Día Inter­na­cional de la Mujer. En Madrid, a las doce del mediodía partía des­de la plaza del Emper­ador Car­los V, en Atocha, una marea fem­i­nista bajo el lema “Fem­i­nistas antifascis­tas. Somos más. En todas partes”.  

Con­vo­cadas por la Comisión 8M, unas 25.000 per­sonas según la Del­e­gación del Gob­ier­no y 80.000 según datos facil­i­ta­dos por la orga­ni­zación, par­tic­i­paron en esta con­cen­tración para recla­mar una igual­dad real entre hom­bres y mujeres, denun­ciar la vio­len­cia machista —que solo en España ha deja­do diez mujeres asesinadas en lo que va de año— y lla­mar a la mov­i­lización políti­ca con consignas como “Que tiem­ble el fas­cis­mo, que aquí está el fem­i­nis­mo”.

En la mis­ma fran­ja horaria salía de Cibeles otra man­i­festación, orga­ni­za­da por el Movimien­to Fem­i­nista de Madrid, frag­men­tan­do un año más la lucha fem­i­nista madrileña. Este ale­jamien­to, provo­ca­do prin­ci­pal­mente por la Ley Trans, es asum­i­do por el movimien­to como “estruc­tur­al”. A difer­en­cia de lo defen­di­do por el Movimien­to Fem­i­nista de Madrid, la Comisión 8M no excluye las reivin­di­ca­ciones de dicha ley.

Entre los par­tic­i­pantes, desta­ca­ba una clara may­oría de mujeres que pro­tag­oni­zaron esce­nas como la de una hija pin­tán­dole la cara de mora­do a su madre o gru­pos de ami­gas ayudán­dose unas a otras a colo­carse pañue­los vio­le­tas al cuel­lo. Estos pequeños detalles refle­ja­ban el ambi­ente de apoyo mutuo, cel­e­bración y reivin­di­cación que mar­có la man­i­festación.

Tam­poco fal­taron momen­tos de ten­sión que, afor­tu­nada­mente, no pasaron a may­ores. A la altura del Paseo del Pra­do, el segun­do pun­to neurál­gi­co de la mar­cha, un grupo de hom­bres enca­pucha­dos, con pasa­mon­tañas de col­or rosa, inten­tó boicotear la man­i­festación. Su acción quedó final­mente en un mero inten­to, ya que fue ráp­i­da­mente neu­tral­iza­da por la reac­ción del públi­co asis­tente. Des­de dis­tin­tos pun­tos de la mar­cha, numerosas man­i­fes­tantes respondieron core­an­do consignas como: “A los fascis­tas no les ten­emos miedo”, reafir­man­do el carác­ter reivin­dica­ti­vo y com­bat­i­vo de la protes­ta.

Tras ese breve episo­dio de ten­sión, la man­i­festación con­tin­uó su recor­ri­do con nor­mal­i­dad y sin nuevos inci­dentes destaca­bles. La mar­cha sigu­ió avan­zan­do por el cen­tro de la ciu­dad has­ta lle­gar a la boca de Metro Sevil­la, donde se desar­rol­ló el tramo final del recor­ri­do y se dio por con­clu­i­da la mov­i­lización en un ambi­ente may­ori­tari­a­mente pací­fi­co.

Ya en el ter­cer pun­to cen­tral de la mar­cha, en la plaza de Cibeles, Car­lota, Daniela y Car­men, tres ami­gas de entre 17 y 18 años, explic­a­ban que lo que las ani­mó a asi­s­tir a la man­i­festación es que en pleno siglo XXI muchas mujeres sigan sufrien­do dis­crim­i­nación por el sim­ple hecho de ser­lo. Según afir­maron, las desigual­dades más evi­dentes y per­sis­tentes se pro­ducen en el ámbito lab­o­ral, algo que Car­men sos­tu­vo al pon­er como ejem­p­lo la expe­ri­en­cia de su propia madre: “Cobra­ba menos que un com­pañero suyo por hac­er exac­ta­mente el mis­mo tra­ba­jo”.

Daniela, por su parte, señaló otra pre­ocu­pación entre los jóvenes de su gen­eración. “Hay momen­tos en los que parece que vamos a retro­ced­er”, afir­mó, en ref­er­en­cia al auge de comu­nidades de los lla­ma­dos incels (acrón­i­mo en inglés para la expre­sión “invol­un­tary celi­bate”, celi­ba­to invol­un­tario) entre chicos de su edad. Este movimien­to, añadió Daniela, cul­pa abier­ta­mente a las mujeres de su fra­ca­so en las rela­ciones afec­ti­vas y sex­u­ales y a menudo las retra­ta con estereoti­pos neg­a­tivos y las acusa de ser promis­cuas, manip­u­lado­ras u opor­tunistas. Para ella y sus ami­gas, la pop­u­lar­ización de estos dis­cur­sos en redes sociales refle­ja que la igual­dad entre hom­bres y mujeres sigue sien­do un obje­ti­vo aún por con­seguir.

Los man­i­fes­tantes sigu­ieron su camino a lo largo de la calle Alcalá, con una pequeña dis­per­sión con­forme se aprox­ima­ban a la tari­ma dis­pues­ta en los alrede­dores de la estación de Metro de Sevil­la. Tras llenar el perímetro de la zona, las procla­mas lan­zadas des­de la tari­ma inci­dieron en dos men­sajes recur­rentes: el fem­i­nis­mo como movimien­to que debe fre­nar a la extrema derecha y la exi­gen­cia de reg­u­larizar a los inmi­grantes que no cuen­tan doc­u­mentación.

La mar­cha tam­bién tuvo un mar­ca­do carác­ter inter­na­cional­ista por el con­vul­so con­tex­to glob­al y por las guer­ras. Entre las reivin­di­ca­ciones de la tarde, destac­aron los lla­mamien­tos a favor de la paz, que com­bin­a­ban el lema fem­i­nista “No es no” con el “No a la guer­ra” y que se resumían en el gri­to “No es no, tam­bién a la guer­ra”. Se escucharon, además, consignas con­tra el geno­cidio en Palesti­na, con­tra las deten­ciones racis­tas del ICE en Esta­dos Unidos y con­tra los regímenes autori­tar­ios que anu­lan a las mujeres y vul­ner­an sus dere­chos.


Trayectoria de la marcha de la Comisión 8M | Imagen: Guillermo Izquierdo

La man­i­festación de la C8M empezó a con­gre­garse en Atocha a las 12:00 del mediodía

El Paseo del Pra­do fue el segun­do pun­to de encuen­tro de todas las per­sonas man­i­fes­tantes, en su trayec­to hacia Cibeles.

La Plaza de Cibeles fue el ter­cer pun­to de la mar­cha, cuan­do ya las pan­car­tas y los vítores se habían toma­do las calles del cen­tro de Madrid.

La Plaza de Callao fue el pun­to ante­ri­or al cierre de la mar­cha.

A pocos met­ros de la estación de Sevil­la, la man­i­festación de la Comisión 8M dio cierre a su jor­na­da del 8M con una con­gre­gación mul­ti­tu­di­nar­ia sobre la calle de Alcalá.

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