El feminismo, dividido, inunda las calles de Madrid en pleno debate por la ‘ley trans’ 

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“Irene dimisión” o “No es no. Lo demás es vio­lación” fueron algunos de los lemas que se escucharon en las calles de Madrid este 8M en las dos man­i­festa­ciones con­vo­cadas por la Comisión 8M y por el Movimien­to Fem­i­nista de Madrid. Por segun­do año con­sec­u­ti­vo, el fem­i­nis­mo se ha divi­di­do en dos mar­chas dis­tin­tas, mar­cadas por las difer­en­cias derivadas de la ‘ley del solo sí es sí’ y de la ‘ley trans’.

Irene Mon­tero min­is­tra de Igual­dad en la man­i­festación del 8M. (Fotografía: Pedro Pas­cual)

Según Del­e­gación del Gob­ier­no, han sido 27.000 las per­sonas que han asis­ti­do a las man­i­festa­ciones (17.000 en la ofi­cial, orga­ni­za­da por la Comisión 8M, y 10.000 en la alter­na­ti­va, que con­vo­ca­ba el Movimien­to Fem­i­nista de Madrid). Según las orga­ni­zado­ras, la cifra total asciende has­ta los 735.000 (700.000 per­sonas cal­cu­la la Comisión 8M que asistieron a su protes­ta y 35.000 ase­gu­ra el Movimien­to Fem­i­nista de Madrid que se sumaron a la suya).

Como sucedió en otras ciu­dades, en la cap­i­tal de España se escenificó clara­mente la división que existe entre quienes apoy­an la ‘ley trans’ y quienes están en con­tra. Ambas mar­chas tuvieron un mis­mo pun­to de par­ti­da: Atocha. Ya allí, algu­nas man­i­fes­tantes ase­gura­ban que no entendían la exis­ten­cia de dos man­i­festa­ciones dis­tin­tas ni la frag­mentación del movimien­to fem­i­nista: “Hay muchos más pun­tos que nos unen de los que nos sep­a­ran. Esto no es nor­mal, ten­dríamos que ir todas por el mis­mo sitio. Sep­a­rarnos nos debili­ta bas­tante”, ase­gura­ba Lidia, una de las asis­tentes a la man­i­festación. 

Bloque ‘Jóvenes y Com­bat­ientes en el 8M (Fotografía: Pedro Pas­cual)

No obstante, más allá de con­fronta­ciones y rui­do, ambas con­vo­ca­to­rias tiñeron la ciu­dad, una vez más, de vio­le­ta e hicieron valer el espíritu de una fecha clave: el Día Inter­na­cional de la Mujer. La calle se volvió a inun­dar de pan­car­tas cre­ati­vas, sor­pren­dentes y, por supuesto, reivin­dica­ti­vas y fem­i­nistas: “Ella es calla­di­ta porque no dejas de inter­rum­pir”. “Nos enseñaron a ser rivales. Decidi­mos ser ali­adas”. “Si noso­tras somos las nazis, ¿por qué somos las que mori­mos?” o “Como dijo Tay­lor Swift: fuck the patri­archy”.

El movimien­to fem­i­nista de cada bar­rio de la ciu­dad tam­bién se dejó ver y múlti­ples colec­tivos y aso­cia­ciones de dis­tri­tos acud­ieron a la man­i­festación con reivin­di­ca­ciones con­jun­tas y tam­bién propias de cada bar­rio. “Ped­i­mos jus­ti­cia y ped­i­mos ser vis­i­bles. Ningún agre­sor ten­dría que salir impune”, afirma­ba Nerea, activista de la Fed­eración de Mujeres Pro­gre­sis­tas. 

Si bien hubo voces críti­cas con la frag­mentación, otras le resta­ban impor­tan­cia y reconocían que esta división es parte de la propia his­to­ria del movimien­to fem­i­nista. “No deses­per­e­mos porque haya divi­siones den­tro del movimien­to, ya que de todas ellas hemos sali­do reforzadas. Debe­mos ten­er claro el obje­ti­vo políti­co del fem­i­nis­mo, que es acabar con la autori­dad patri­ar­cal y con el repar­to injus­to de tar­eas, de espa­cios y de tiem­pos”, reclam­a­ba Nerea Pérez de las Heras, divul­gado­ra fem­i­nista. 

La lucha fue la pro­tag­o­nista de este 8M. Una lucha incans­able para que, en un futuro, la denun­cia no sea nece­saria. 

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