El ‘Origen’ de la materia, en el CentroCentro de Madrid

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En el cen­tro de Madrid, en el número uno de la plaza de Cibeles, se encuen­tra Cen­tro­Cen­tro, un espa­cio para el desar­rol­lo del arte con­tem­porá­neo donde se aca­ba de inau­gu­rar Ori­gen, una insta­lación sobre la mate­ria de la artista Mar Solís. Comis­ari­a­da por Lore­na Martínez de Cor­ral, es una exposi­ción dis­eña­da expre­sa­mente para la cuar­ta plan­ta del cen­tro. Está com­pues­ta por más de veinte obras, entre ellas escul­turas y dibu­jos de gran for­ma­to, que traspasan los límites del soporte y con­fig­u­ran en el espa­cio un tríp­ti­co tridi­men­sion­al.

El recor­ri­do lo pre­sen­tó Juli­eta de Haro, direc­to­ra artís­ti­ca de Cen­tro­Cen­tro, quien destacó la “mon­u­men­tal inter­ven­ción del espa­cio” que tuvo que realizarse en el trasla­do y mon­ta­je de las obras. De Haro recal­có, además, la impor­tan­cia de la insta­lación al ser la primera exposi­ción insti­tu­cional de Solís, que rep­re­sen­ta el ini­cio de una nue­va eta­pa para Cen­tro­Cen­tro cen­tra­da en la búsque­da de la mul­ti­dis­ci­pli­nar­iedad y la multi­gen­era­cional­i­dad.

Martínez del Cor­ral explicó el planteamien­to de la exposi­ción en for­ma de tríp­ti­co: tres partes unidas a través de la oscuri­dad, una con­tinuidad a través de líneas que acen­túan la pres­en­cia del met­al, mate­r­i­al prin­ci­pal del que se com­po­nen las escul­turas de Solís. Mien­tras tan­to, elo­gia­ba la capaci­dad de la artista para hac­er los espa­cios envol­ventes: “Parece com­pli­cadísi­mo, pero aca­ba con­quistán­do­lo”.

Solís com­paró el pro­ce­so de insta­lación con la propia temáti­ca de la exposi­ción, que tra­ta sobre la esen­cia de la mate­ria, “aque­l­lo que no se sabe de dónde viene y que tiene que recom­pon­erse en el espa­cio”, aña­di­en­do que el arti­fi­cio reside en dom­i­nar un espa­cio tan trans­par­ente y con rin­cones tan estre­chos.

Retratar el movimien­to

En el cen­tro de la sala, en medio del tríp­ti­co, un espa­cio ded­i­ca­do a la disimetría. Se tra­ta de cua­tro escul­turas gigantes com­pues­tas por líneas cur­vas que envuel­ven al vis­i­tante. Según Solís, los espa­cios que crea “sim­u­lan la repeti­ción de la mate­ria, un retra­to del movimien­to, de cor­po­ral­i­dad, rit­mo y musi­cal­i­dad”.

Los dos extremos de la sala que alber­ga la exposi­ción se rela­cio­nan con la “repeti­ción entre el micro y macroe­s­pa­cio”. Mien­tras la parte izquier­da, lla­ma­da Energía, tra­ta lo mol­e­c­u­lar, lo par­tic­u­lar; la derecha, Grav­itación, tra­ta lo uni­ver­sal, lo astrofísi­co. Si se va des­de el extremo izquier­do hacia el cen­tro, las escul­turas aumen­tan su pres­en­cia. 

El espa­cio se recorre entre destel­los de met­al, dibu­jos en tiza y sal. Haro, detal­ló que los dibu­jos fueron real­iza­dos in situ en el mis­mo espa­cio y, por tan­to, las líneas trazadas trans­miten la energía de la artista sobre sus propias dimen­siones: “Están pre­sentes los ejes de su  bra­zo, sus cur­vas”. Este tra­ba­jo se opone a la otra parte de la insta­lación, donde los dibu­jos son en tabla y los movimien­tos de las líneas son energéti­cos, fúri­cos y, según Haro, “una for­ma de la artista de traer energía al espa­cio”.

De esta man­era, en el extremo de Grav­itación, la obra lin­eal resalta por su diál­o­go con la oscuri­dad, lo que según la artista da lugar a un espa­cio “de ele­vación”. La pro­fun­di­dad de la som­bra gen­era for­mas que sir­ven de “dibu­jo de la infini­tud”. Prue­ba de ello el bril­lo de la úni­ca fotografía expues­ta, que imi­ta la som­bra en la luz. Muchas son obras móviles, por lo que la artista invi­ta a los vis­i­tantes a aden­trarse en ellas, con cuida­do, eso sí.

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