“En México no tuve generación”
El escritor mexicano reflexiona sobre la vocación literaria, la memoria histórica y el exilio

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Encuen­tro con Gon­za­lo Celo­rio, Pre­mio Cer­vantes 2025, en la Fac­ul­tad de Filología

Gon­za­lo Celo­rio, galar­don­a­do con el Pre­mio Cer­vantes 2015, pro­tag­o­nizó un encuen­tro en la Fac­ul­tad de Filología de la Uni­ver­si­dad Com­plutense de Madrid, en el mar­co de la Sem­ana de las Letras, ante una pres­en­cia notable de estu­di­antes, pro­fe­sores y lec­tores del escritor mex­i­cano.

El acto, que se cele­bró este lunes, 27 de abril, fue inau­gu­ra­do por la decana de la fac­ul­tad, Isabel Durán, quien recordó que la sesión mar­ca­ba el cierre de la Sem­ana de las Letras, una cita que, como ya es cos­tum­bre, se ded­i­ca ínte­gra­mente al ganador del galardón del año inmedi­ata­mente ante­ri­or.

Al ini­cio del encuen­tro, Celo­rio pidió dis­cul­pas al audi­to­rio por una voz que se sen­tía cansa­da, fru­to de la inten­si­dad de los días pre­vios tras recibir el galardón en Alcalá de Henares el pasa­do 23 de abril. Sin embar­go, a medi­da que avan­z­a­ba la mañana, ese can­san­cio se hizo invis­i­ble en las respues­tas mati­zadas y pro­fun­das del autor, quien inclu­so bromeó varias veces recor­dan­do que le gus­ta irse por las ramas y tocar otros temas. Más allá de las bro­mas, el escritor hizo gala de su maestría con múlti­ples ref­er­en­cias lit­er­arias y mat­ices históri­cos que man­tu­vieron al públi­co aten­to e intere­sa­do en la lucidez y el humor del mex­i­cano.

La heren­cia cer­van­ti­na

La pro­fe­so­ra Esper­an­za López Para­da dio ini­cio a la sesión, ofre­cien­do una remem­bran­za de la vida y obra de Celo­rio. Pos­te­ri­or­mente, la estu­di­ante de máster en Lit­er­atu­ra His­panoamer­i­cana Soledad Bernal quiso escuchar de voz del Cer­vantes 2025 sus reflex­iones sobre la hib­ridez de la nov­ela, uno de los aspec­tos clave en su obra, y después, la pro­fe­so­ra Alexan­dra Saave­dra Galin­do dio paso al diál­o­go leyen­do una cita del libro Los após­tatas: “¿Qué es el Qui­jote, sino una suma de todos los géneros?”.

En la respues­ta a esta intro­duc­ción, Celo­rio citó al ital­iano Alessan­dro Bar­ic­co para afir­mar que la nov­ela es “una épi­ca sin dios­es”, lo que dio ini­cio a una reflex­ión sobre la nov­ela para volver final­mente a su cita sobre el Qui­jote y ase­gu­rar que todos los escritores en lengua españo­la mantienen una deu­da ine­ludi­ble con Miguel de Cer­vantes, una heren­cia que mar­ca cualquier inten­to de escrit­u­ra mod­er­na. 

Jus­to después de pro­nun­ciar estas pal­abras, el autor se llevó la mano a la sola­pa de su cha­que­ta para tocar y mostrar a la audi­en­cia un pequeño pin con el ros­tro de Cer­vantes, un gesto que acom­pañó ase­gu­ran­do que así recuer­da y hon­ra per­ma­nen­te­mente esa deu­da.

De izquier­da a derecha, Soledad Bernal, Esper­an­za López Para­da, Gon­za­lo Celo­rio, y Alexan­dra Saave­dra Galin­do | Emil Oso­rio Llanos

El autor tam­bién defendió que cualquier vocación es com­pat­i­ble con el arte lit­er­ario. En su caso, la docen­cia y la gestión cul­tur­al. Para explicar la for­ma en que ha podi­do com­pag­i­nar sus dis­tin­tas voca­ciones con la escrit­u­ra, el mex­i­cano com­par­tió que en sus momen­tos como direc­tor del Fon­do de Cul­tura Económi­ca, o el órgano de Difusión Cul­tur­al de la UNAM, logra­ba escribir gra­cias a una dis­ci­plina fér­rea: solía madru­gar y “atar” sus pies al trav­es­año de la mesa para que lev­an­tarse le resul­tara difí­cil. Así, solo se per­mitía pararse de la mesa cuan­do la pági­na esta­ba ter­mi­na­da.

Una gen­eración mar­ca­da por la ausen­cia

A pesar de que Celo­rio reivin­dicó varias veces su inclusión den­tro de dis­tin­tas tradi­ciones lit­er­arias, uno de los momen­tos más sig­ni­fica­tivos de la char­la fue cuan­do evocó la desar­tic­u­lación de la cohorte de sus ami­gos y cole­gas en los años 60 por los efec­tos del miedo y la vio­len­cia políti­ca.

“En Méx­i­co no tuve gen­eración”. De esta for­ma resum­ió su expe­ri­en­cia estu­di­antil durante 1968, mar­ca­da por la Masacre de Tlatelol­co. Ante ese vacío, señaló que encon­tró afinidades con autores del Boom y el Post-Boom lati­noamer­i­cano, recor­dan­do espe­cial­mente la pro­fun­da amis­tad que tan­to él, como su esposa Sil­via Garza, pudieron estable­cer con Julio Cortázar, o la cer­canía de la que gozó en momen­tos con el tam­bién mex­i­cano Car­los Fuentes.

El exilio español

Como invitación de Esper­an­za López Para­da, Celo­rio dedicó parte de su inter­ven­ción a reflex­ionar sobre la influ­en­cia del exilio español en Méx­i­co, desta­can­do la riqueza que apor­taron los int­elec­tuales que lle­garon al país tras la Guer­ra Civ­il, par­tic­u­lar­mente des­de el desem­bar­co del buque Sina­ia en 1939.

El autor sub­rayó cómo esa pres­en­cia mar­có tan­to la vida cul­tur­al mex­i­cana como su propia biografía y recordó la cer­canía de fig­uras del exilio en su entorno des­de una edad tem­prana. Con­tó, por ejem­p­lo, que la primera per­sona que lo cono­ció fuera del claus­tro mater­no fue el doc­tor Urbano Bardés, a quien llamó “el ginecól­o­go del exilio español”.

Vista del Paran­in­fo de la Fac­ul­tad de Filología durante el encuen­tro | Emil Oso­rio Llanos

Además, bajo el títu­lo de su libro Un río español de san­gre roja, Celo­rio recordó a mae­stros como Wences­lao Roces o el poeta Pedro Garfias, fig­uras deter­mi­nantes en su for­ma­ción. Destacó que el exilio ali­men­tó la cul­tura mex­i­cana, pero además de todo fundó pilares insti­tu­cionales como el Cole­gio de Méx­i­co y trans­for­mó el Fon­do de Cul­tura Económi­ca en una edi­to­r­i­al “maes­tra” para todo el mun­do his­panoh­ab­lante.

Lit­er­atu­ra, juven­tud y memo­ria

En la parte final del encuen­tro, Soledad Bernal pidió al escritor unas pal­abras ded­i­cadas a los jóvenes que han encon­tra­do su vocación en las humanidades, y par­tic­u­lar­mente la lit­er­atu­ra, “en un mun­do el que se ha desan­gra­do la ilusión y se han des­barata­do todos los mitos” alu­di­en­do a una cita tex­tu­al de Celo­rio.

Esta pre­gun­ta motivó una respues­ta más intro­spec­ti­va, en la que el autor real­izó una breve dis­quisi­ción sobre el fin de la vida. Se recono­ció jubi­la­do y cansa­do, pero ase­guró que había logra­do man­ten­erse en pie ejer­cien­do una especie de “vam­piris­mo”, ali­men­tán­dose de la energía de los jóvenes mien­tras se siente cer­cano a la muerte y con­sciente de que su voz se silen­cia­rá algún día para siem­pre.

Este momen­to melancóli­co fue alig­er­a­do de inmedi­a­to cuan­do, en tono de bro­ma, Celo­rio dijo: “¿Pero ese vam­piris­mo quién me lo qui­ta?”, lo que motivó las risas del audi­to­rio que el autor com­ple­men­tó dicien­do: “Creo mucho en los jóvenes”.

Gon­za­lo Celo­rio durante el encuen­tro| Emil Oso­rio Llanos

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