José Luis y Emilio nunca se fueron
Ellos siempre nos vieron. Hoy, les devolvemos la mirada con la fuerza y el color que un día se les arrebató 

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Las obras de reha­bil­itación de la quin­ta plan­ta del edi­fi­cio de la Fac­ul­tad de Cien­cias de la Infor­ma­ción que comen­zaron el pasa­do mes de junio rev­e­laron mucho más que suciedad en las pare­des o vit­ri­nas de cor­chos en desu­so. Esas obras devolvieron el recuer­do de José Luis y de Emilio, dos jóvenes uni­ver­si­tar­ios de vein­titrés y veinte años asesina­dos por la policía el 13 de diciem­bre de 1979.

José Luis Mon­tañés Gil —estu­di­ante de la Fac­ul­tad de Cien­cias Políti­cas y Soci­ología— y Emilio Martínez Menén­dez —alum­no de la Escuela Téc­ni­ca de Inge­niería Indus­tri­al— salieron aquel día para alzar su voz con­tra la Ley de Autonomía Uni­ver­si­taria (LAU) y el Estatu­to de Cen­tros Docentes, para luchar por “Una uni­ver­si­dad para los hijos de los obreros”. Sus gri­tos se fundieron con los de los tra­ba­jadores de la man­i­festación con­vo­ca­da por CC. OO., USO y Sindi­ca­to Uni­tario que reclam­a­ban la no aprobación del Estatu­to de los Tra­ba­jadores.

Hasta 15 disparos

Sobre las nueve de la noche, a la altura de la glo­ri­eta de Emba­jadores, se escucharon dis­paros —“cal­culé has­ta 15”, declaró un tes­ti­go pres­en­cial— efec­tu­a­dos des­de un jeep de la Policía Nacional. Ambos jóvenes fueron ingre­sa­dos en la Ciu­dad San­i­taria Fran­cis­co Fran­co, José Luis ya sin vida y Emilio per­di­en­do la suya a los pocos min­u­tos.

Al día sigu­iente, en la aveni­da Com­plutense, las voces de José Luis y Emilio aún res­on­a­ban en las calles y así lo hicieron en el resto del país durante los días y sem­anas sigu­ientes, en los que se sucedieron las protes­tas y los alter­ca­dos. La sociedad españo­la se mov­i­lizó y las uni­ver­si­dades de Madrid se declararon en huel­ga y retaron a los herederos del rég­i­men: “Hay que hac­er algo”. Tres policías fueron imputa­dos, pero nun­ca lle­garon a ser juz­ga­dos por las muertes de José Luis y Emilio.

Hoy, los ecos de aque­l­los dis­paros siguen res­o­nan­do. La Fac­ul­tad de Cien­cias Políti­cas y Soci­ología de la UCM, donde estu­di­a­ba José Luis, colocó hace unos meses una pla­ca en su memo­ria. En la Fac­ul­tad de Cien­cias de la Infor­ma­ción, al reti­rar los cor­chos y las vit­ri­nas de las pare­des por las obras en la quin­ta plan­ta, apare­ció una pin­ta­da de hace 46 años. Alguien, no se sabe quién, expresó su sol­i­dari­dad y escribió sus nom­bres. 

Esa per­sona —supong­amos que es una— vio un lien­zo en lo que es una pared y un pin­cel en lo que era un bote de espray negro y comen­zó a escribir: JOSÉ LUIS, EMI Pero ¡el espray se quedó sin pin­tu­ra! No le importó, con­tin­uó con su obje­ti­vo y la brocha cogió el rele­vo: LIO NO OS OLVIDAMOS.

Las paredes de la facultad

Con el paso del tiem­po la pin­ta­da quedó tapa­da, ocul­ta tras un pan­el y chor­rea­da por gotas de pin­tu­ra. Pero el des­ti­no ya esta­ba escrito. En la pared del quin­to piso sus nom­bres y el jura­men­to de no olvi­dar­los seguirán escritos. Quizás un sitio poco con­cur­ri­do y escon­di­do durante mucho tiem­po. Pero ya no. Quien colocó el pan­el tam­poco podía imag­i­nar, en ese momen­to, que esta­ba sal­van­do un momen­to de la his­to­ria que debía recor­darse. Aho­ra serán cuida­dos y cada per­sona que pase por allí se fijará en ellos. Aho­ra será difí­cil que José Luis y Emilio sean olvi­da­dos. 

Esta­do de la pin­ta­da tras la reti­ra­da del pan­el I Foto: Eva Goicoechea

Fuera de estas pare­des tam­bién se reivin­dicó su memo­ria. El colec­ti­vo Aso­ciación Juve­nil Calle real­izó otra pin­ta­da-mur­al en ref­er­en­cia al grave suce­so. Pedro Pablo Goicoechea la fotografió en mar­zo de 1980 sin may­or pre­ten­sión que la de cap­turar imá­genes de pin­tadas-mur­al para archivar­las en lo que él lla­ma su “cuader­ni­to”. En ese cuader­ni­to describe así el mur­al: “Níti­da­mente dibu­ja­do, remar­can­do los bor­des y col­ore­an­do las fig­uras, el mur­al denun­cia la san­gri­en­ta repre­sión real­iza­da por las fuerzas de orden públi­co —en este caso rep­re­sen­tadas por la bota opre­so­ra— cuyas hebil­las son el logo de UCD y que han costa­do la vida y san­gre de dos estu­di­antes, Emilio y José Luis, que son parte del bra­zo que sus­ten­ta en su mano el Estatu­to de la Escuela Públi­ca”.

Foto de pin­ta­da-mur­al real­iza­da en una tapia jun­to a la Escuela Téc­ni­ca de Inge­niería Indus­tri­al en la Ron­da de Valen­cia, donde estu­di­a­ba Emilio I Foto: Pedro Pablo Goicoechea Gar­cía

Gra­cias a las per­sonas que sal­va­guardaron sus nom­bres y a las que aho­ra val­o­ran la Memo­ria Históri­ca como un bien a pro­te­ger, la pre­gun­ta de quiénes son José Luis y Emilio se ha esclare­ci­do. El edi­fi­cio bru­tal­ista que es esta fac­ul­tad mues­tra aho­ra en las pare­des sus nom­bres jun­to a los de Forges, los her­manos Marx, Biben­dum, la niña afgana retrata­da por Steve McCur­ry o la icóni­ca Rosie la remachado­ra. En la Uni­ver­si­dad Com­plutense, José Luis, Emilio, no se os ha olvi­da­do. 

Así lucía la pin­ta­da una sem­ana antes de su desvelo final el pasa­do viernes 12 de diciem­bre I Foto: Eva Goicoechea 

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