La primavera sabe a Tchaikovsky
La Orquesta Sinfónica de la Universidad Complutense da la bienvenida a la nueva estación con dos conciertos explosivos

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La Orques­ta Sin­fóni­ca de la Uni­ver­si­dad Com­plutense da la bien­veni­da a la nue­va estación con dos concier­tos explo­sivos

El Anfiteatro Ramón y Cajal de la Uni­ver­si­dad Com­plutense de Madrid se llenó de músi­ca el pasa­do viernes 20 con el tradi­cional Concier­to de Primav­era de su Orques­ta Sin­fóni­ca, bajo la direc­ción de José Sanchís. El pro­gra­ma com­binó el cla­si­cis­mo ele­gante de Mozart con la inten­si­dad román­ti­ca de Tchaikovsky, en una vela­da que mar­có el ini­cio de la tem­po­ra­da pri­mav­er­al con un sonido cáli­do y vibrante, y que se repe­tirá mañana, martes 24 de mar­zo.

La primera parte del pro­gra­ma estu­vo ded­i­ca­da al Concier­to en Do may­or K.314 para oboe y orques­ta de Mozart, con el joven oboís­ta Álvaro San­tacruz como solista invi­ta­do. Ganador del Con­cur­so Anto­nio Romero y Andía del Real Con­ser­va­to­rio Supe­ri­or de Músi­ca de Madrid, San­tacruz desplegó una inter­pretación lumi­nosa, de fraseo ágil y gran musi­cal­i­dad.

El diál­o­go de San­tacruz con la orques­ta trans­mi­tió com­pli­ci­dad, arran­can­do una larga ovación del públi­co, que se puso en pie para agrade­cer su vir­tu­o­sis­mo. Como propina, el solista regaló una emo­ti­va ver­sión de Gabriel’s Oboe, de Ennio Mor­ri­cone —tema inmor­tal de La Mis­ión—, en un momen­to de cal­ma y recogimien­to que dejó al audi­to­rio en silen­cio antes del estal­li­do final de aplau­sos.

En la segun­da parte, la orques­ta abor­dó dos movimien­tos de la Quin­ta Sin­fonía de Tchaikovsky, el segun­do y el cuar­to, donde el con­jun­to mostró una sonori­dad den­sa y apa­sion­a­da. Destacó espe­cial­mente el solo de trompa en el segun­do movimien­to, cuya entra­da valiente y cál­i­da evocó una de las melodías más her­mosas jamás escritas. El empu­je rít­mi­co del últi­mo movimien­to, lleno de energía, con­cluyó con una explosión sono­ra que sel­ló la actuación con fuerza emo­cional.

Como cierre fes­ti­vo, la orques­ta ofre­ció un bril­lante obse­quio al públi­co: la Arag­o­naise de la suite Car­men de Bizet, inter­pre­ta­da con entu­si­as­mo. Fue el broche per­fec­to para una tarde en la que la Orques­ta Sin­fóni­ca Com­plutense reafir­mó su papel como emba­jado­ra del tal­en­to joven y del espíritu uni­ver­si­tario, dan­do la bien­veni­da a la pri­mav­era con músi­ca que des­bor­da emo­ción.

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