Marisa Flórez: el ojo que nunca dejó de mirar

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La exposición dedicada a la fotoperiodista puede visitarse hasta el 20 de julio en la Sala Canal de Isabel II, con entrada gratuita

Subir las escaleras de la antigua torre de aguas del Canal de Isabel II es, esta vez, como ascen­der por la memo­ria visu­al de un país. Al lle­gar al primer piso, la mira­da ya ha comen­za­do su via­je: no por una sala, sino por el tiem­po. La exposi­ción Marisa Flórez. Un tiem­po para mirar (1970–2020), no es solo una ret­ro­spec­ti­va, es una med­itación silen­ciosa sobre lo que España ha sido, y lo que aún resue­na, a través del dis­paro cert­ero y empáti­co de una mujer que supo estar siem­pre donde la his­to­ria ocur­ría. 

Flórez nació en León, en 1948, y fue allí donde se afi­cionó al cine con su abuela. En 1966 se trasladó a Madrid para estu­di­ar Infor­ma­ción y Tur­is­mo y diez años después fue apo­da­da Flow­ers en el diario El País, donde acabaría sien­do redac­to­ra jefa de la sec­ción de fotografía en 1996.  

Cuatro plantas de historia y sensibilidad

Ella no bus­ca­ba la foto per­fec­ta, sino la ver­dad tras su visor. Su archi­vo, encon­tra­do en su gran may­oría en El País, es una ráfa­ga en blan­co y negro que, lejos de crear nos­tal­gia, expone una heri­da abier­ta en un país que no siem­pre fue libre. Las 184 imá­genes que com­po­nen la exposi­ción no solo son un tes­ti­mo­nio visu­al de la tran­si­ción españo­la, tam­bién es un man­i­fiesto sobre el poder del peri­odis­mo cuan­do se ejerce con dig­nidad, sen­si­bil­i­dad y mira­da críti­ca. 

La exposi­ción, comis­ari­a­da por Móni­ca Cara­bi­as Álvaro y divi­di­da en cua­tro plan­tas temáti­cas, se despl­ie­ga con un rit­mo casi cin­e­matográ­fi­co. “Una vida políti­ca” recorre los años en los que el país se rein­venta­ba a cada paso: ahí está Adol­fo Suárez votan­do en 1977, las man­i­festa­ciones obr­eras, el retorno del exilio… Son imá­genes que no solo mues­tran, sino que rev­e­lan. En sus retratos políti­cos hay ten­sión, frag­ili­dad y esper­an­za. Ningu­na pose es inocente, ningún ángu­lo es casu­al. 

Imá­genes en cárce­les de la Comu­nidad de Madrid | Fotografía: María Alamil­lo 

En la plan­ta tit­u­la­da “Ros­tros”, la fotó­grafa se per­mite una mira­da más ínti­ma, casi cóm­plice. Está Lola Flo­res son­rien­do con ironía; Pedro Almod­ó­var ensayan­do una mue­ca seria; Ana Belén, Gila, Sabi­na… ros­tros que con­struyen otra his­to­ria: la del imag­i­nario cul­tur­al de un país que tam­bién se definió, y se cues­tionó, en las salas de cine y teatros.

En “Hechos y luchas”, la vio­len­cia, el dolor y la protes­ta se entre­lazan: aten­ta­dos de ETA, huel­gas min­eras, man­i­festa­ciones fem­i­nistas. En esa per­sis­ten­cia de las luchas, Flórez no ofrece respues­tas, solo pre­gun­tas, siem­pre des­de el respeto y la cer­canía. Aquí no hay mor­bo ni espec­tácu­lo: solo ver­dad.

Lucha, dolor y resisten­cia

En últi­ma instan­cia el espec­ta­dor se encuen­tra con “El Guer­ni­ca en Madrid”, prob­a­ble­mente el corazón sim­bóli­co de la exposi­ción. La lle­ga­da del cuadro de Picas­so en 1981, después de años en el MoMA, supu­so más que un hito cul­tur­al, fue una señal de que la democ­ra­cia empez­a­ba a res­pi­rar sin miedo. La fotografía de Flórez cap­ta el instante no como una anéc­do­ta, sino como una epi­fanía colec­ti­va.

Todo ello se mues­tra envuel­to en una pues­ta en esce­na sobria pero efi­caz, donde las imá­genes dialo­gan entre sí sin necesi­dad de arti­fi­cios. La luz nat­ur­al que entra por los ven­tanales refuerza la aut­en­ti­ci­dad de las fotografías, como si fuer­an parte de ese Madrid que se intuye más allá del cristal.

“La Gen­eración del rey”, Pala­cio de la Zarzuela, Madrid (1991) | Fotografía: María Alamil­lo

Un tiem­po para mirar es, en el fon­do, una invitación a deten­erse. A resi­s­tir la veloci­dad del pre­sente para reen­con­trarse con un pasa­do. Porque mien­tras haya quien mire con la hon­esti­dad y la pro­fun­di­dad de Marisa Flórez, habrá memo­ria. Y sin memo­ria, no hay democ­ra­cia. 

De izquier­da a derecha: Protes­ta de estu­di­antes por quer­er entrar en Med­i­c­i­na, man­i­festación del pueblo gitano | Fotografía: María Alamil­lo 

La exposi­ción se puede vis­i­tar has­ta el 20 de julio en la Sala Canal de Isabel II, con entra­da gra­tui­ta. 

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