Miguel Miranda Barrientos, tercera generación al frente de una librería especializada en obras antiguas y agotadas
“A veces los clientes me piden libros que ni yo mismo sabía que teníamos”
Miguel Miranda Vicente fundó su librería en 1949 en Madrid, en el número 17 de la calle del Prado, con la intención de establecerse y comenzar una nueva vida como librero tras su matrimonio. Inició el negocio con su propia colección de libros, acumulada a lo largo de los años.
Con el tiempo, el éxito le llevó a trasladarse a un local más amplio del mismo barrio de las Letras, en la calle Lope de Vega número cuatro. Hoy en día, su legado perdura en la misma calle, pero en el número 19.
Hace 76 años abrir una librería de libros antiguos y agotados era una buena opción. En la actualidad, su nieto Miguel Miranda Barrientos se encarga de mantener el legado del que antes también se ocupó su padre.
Los datos del barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2024, del Ministerio de Cultura, señalan que la población joven es la más lectora del país.

Usted es la tercera generación al frente de la librería, ¿cómo se siente al mantener este legado familiar?
Con una mezcla de honra y responsabilidad, al menos de conducir la librería hasta que me retire, que puede llegar a coincidir con su centenario. Yo no tengo hijos, pero tengo sobrinos y nada me gustaría más que ellos pudieran y quisieran continuar. Es un orgullo proseguir el trabajo que comenzó mi abuelo. Es un gusto trabajar en una cosa tuya, con tu familia.
¿Qué puede encontrarse en su librería y no en otra?
Todo y nada. En este tipo de librerías cada una tiene sus libros y puede que coincidan algunos. Las obras de editorial y las novedades que puedes encontrar en una librería convencional son la punta del iceberg, pero si abres el abanico a todo lo que se lleva publicando desde el origen, es tan inmenso, que es muy difícil de coincidir.

Mantener una librería tan antigua parece complicado en un momento en el que las tecnologías han irrumpido con fuerza, ¿cómo se sustenta este tipo de negocios?
Se ha transformado mucho. Te mantienes y tienes ánimos porque te adaptas. Si te quedas anquilosado con fórmulas pasadas, te acabas marchitando y, al final, ni es negocio ni es nada. Aunque tampoco sé si a esto se le puede llamar negocio porque, como dice mi padre, es más bien una forma de vida.
De todas formas, aunque parezca irónico, ha casado muy bien con las nuevas tecnologías. El modelo de negocio ha cambiado mucho. Antes, tú tenías tus clientes y les mandabas los catálogos, ahora, gracias a internet, tienes potencialmente clientes en todo el mundo, pero también más competencia.
¿Qué reliquias se esconden en estas estanterías?
Yo, como tercera generación, hay cosas que todavía, a día de hoy, descubro con los clientes. Cuando tienes miles de libros registrados, a veces te sorprenden pidiéndote algo que ni tú mismo sabías que tenías.
Aunque es muy difícil elegir una sola obra, hay un libro muy bonito de anatomía muy relacionado con la gestación, del siglo XVIII, de Fabrici d’Acquapendente. Los atlas también son palabras mayores. Pero, sobre todo, destacaría Entrando en Fuego, de Ramón Gómez de la Serna, es el primer libro que escribió y tuvo una tirada muy limitada. Mi padre me decía, “es un libro que no he visto nunca” y es verdad.
¿Cree que su abuelo estaría orgulloso?
Mi abuelo era bohemio, excéntrico y tenía mucho carácter. En primera instancia diría que lo importante es el conocimiento del libro y la cultura del librero. Pero, en el fondo, se sentiría orgulloso de lo bonita que es la tienda.


