Más de una hora y media de cola para visitar el Museo Cerralbo: algunos se van antes de entrar

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La larga espera condiciona la experiencia de los visitantes 

El Museo Cer­ral­bo de Madrid es una de las opciones cul­tur­ales preferi­das por los madrileños y cada vez más, en los últi­mos años, por los tur­is­tas que pasan unos días en la cap­i­tal. Pero lo que la may­oría no sabe antes de lle­gar al museo es que ten­drán que enfrentarse a una larga cola que a veces sobrepasa la hora y media, pues solo se per­mite el ingre­so de cuarenta per­sonas. Este aforo lim­i­ta­do causa la deses­peración de los vis­i­tantes, has­ta el pun­to de que hay quienes deci­den mar­charse antes de entrar.

Alfon­so y Car­men son un mat­ri­mo­nio de 71 y 72 años, ambos “del Madrid de toda la vida”. Aunque han oído hablar mucho y muy bien del museo, aún no habían encon­tra­do la ocasión de vis­i­tar­lo. Ellos tam­bién se han plantea­do aban­donar la cola, aunque final­mente han deci­di­do quedarse. “Lle­va­mos una hora y veinte esperan­do aquí y esta­mos poco más que por la mitad de la cola. Son las 13:20 y a las 14:00 cier­ra. A ver qué nos da tiem­po a ver”, expli­ca impa­ciente la pare­ja, mien­tras mira con­stan­te­mente sus relo­jes.

José Luis lle­va más de trein­ta años tra­ba­jan­do como vig­i­lante en el Museo Cer­ral­bo. Es con­sciente de las largas colas que se for­man en la entra­da, pero expli­ca que la lim­itación del aforo no es por capri­cho. “Es por con­ser­vación. Parece que no, pero el museo se dete­ri­o­ra con el paso de la gente, que causa humedad y vibra­ciones. Al final, es un edi­fi­cio muy antiguo”.

Personas esperando en la cola de la entrada al Museo Cerralbo
Per­sonas esperan­do en la cola de la entra­da al Museo Cer­ral­bo | Foto: Hele­na Castel­lano

Esta restric­ción, jus­ti­fi­ca, se debe solo a la con­ser­vación del edi­fi­cio sino tam­bién al respeto a la esen­cia del museo, algo que lo dis­tingue del resto: “No es un museo enfo­ca­do en ver piezas, sino a darte una visión glob­al. La ilu­mi­nación y la estéti­ca son parte de una expe­ri­en­cia inmer­si­va. Cuan­do estás den­tro, agrade­ces que haya poca gente. Si no, no con­seguirías sumer­girte igual en la época. Esto se con­ver­tiría en un cen­tro com­er­cial”.

Tras más de media vida entran­do y salien­do del Cer­ral­bo, José Luis ase­gu­ra que, pese a este incon­ve­niente ini­cial, la visi­ta merece total­mente la pena. El museo ofrece un via­je en el tiem­po, per­mite al vis­i­tante con­ver­tirse por un día en uno de los invi­ta­dos exclu­sivos del Mar­qués de Cer­ral­bo. Todo ello lejos de la masi­fi­cación que suele car­ac­teri­zar a algunos museos, aunque para muchos la espera puede hac­er que pier­dan la opor­tu­nidad de entrar en una de las pina­cote­cas con más renom­bre de la cap­i­tal.

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