Picasso y Chanel: dos genios del siglo XX unidos en el Thyssen

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“Más de cua­tro años” le ha lle­va­do a Paula Luen­go, con­ser­vado­ra y respon­s­able de exposi­ciones del Museo Nacional Thyssen Borne­misza, poder inau­gu­rar Picasso/Chanel. Según cuen­ta a Infoac­tu­al­i­dad, no fue un proyec­to fácil: “La mues­tra debería haber lle­ga­do a nues­tras salas bas­tante antes, pero la pan­demia retrasó el pro­ce­so”. Además, muchas de las piezas que com­po­nen este diál­o­go entre moda y pin­tu­ra lle­garon a Madrid gra­cias a la colab­o­ración de Almine y Bernard Ruiz- Picas­so, Pat­ri­moine de Chanel y el Musée Nation­al Picas­so de París.

Como comis­aria de la exposi­ción, Luen­go expli­ca que, en oca­siones, para la aprobación del prés­ta­mo de una obra tuvo que estar con­tac­tan­do todos los días durante sem­anas con la enti­dad cor­re­spon­di­ente, por lo que –insiste- ha sido un tra­ba­jo “lento y com­pli­ca­do”. El pro­ce­so de selec­ción de las piezas que cuen­tan la his­to­ria de estos dos van­guardis­tas tam­bién fue exhaus­ti­vo. “Des­de que se solic­i­tan los prés­ta­mos de las obras has­ta que se aprue­ban pueden lle­gar a pasar meses, e inclu­so a últi­ma hora te pueden rec­haz­ar la peti­ción. Si esto sucede, estás oblig­a­do a cam­biar todo el esque­ma ini­cial de dis­tribu­ción de las obras”, ase­gu­ra.

Con­seguir el ves­tu­ario de Chanel tam­poco fue fácil pues, como dice Luen­go, “son piezas de los años veinte muy frágiles y es muy difí­cil con­seguir­las”. El camino has­ta la inau­gu­ración de la exposi­ción ha esta­do reple­to de anéc­do­tas, entre ellas –recuer­da- el hecho de que “no se sabía a quién pertenecían algu­nas obras, pero gra­cias a la ayu­da de la Colec­ción Picas­so en París, se pudo traer retratos de Olga Picas­so hechos por el mis­mo Picas­so, pese que a día de hoy sigue sin saberse a quién o quiénes pertenecen”.

Esta exhibi­ción ha requeri­do de muchos pro­fe­sion­ales, desta­can­do la coor­di­nación de pro­fe­sion­ales tan­to tex­til como de la pin­tu­ra en lien­zo al ser la fusión de dos exposi­ciones de autores dis­tin­tos y de dos dis­ci­plinas difer­entes. El tratamien­to del tex­til requiere de unas medi­das espe­ciales, de for­ma que en la sala de exposi­ción es nece­saria una humedad, una tem­per­atu­ra y una exposi­ción a la luz conc­re­ta para no dete­ri­o­rar ningún teji­do. Paula Luen­go señala la impor­tan­cia de cumplir los req­ui­si­tos que exige cada pieza para que estén en per­fec­to esta­do.

La exposi­ción refle­ja, además del tra­ba­jo y relación per­son­al que unía a estos dos artis­tas, una colab­o­ración inter­na­cional de dis­tin­tos pro­fe­sion­ales y museos. Podrá vis­i­tarse has­ta el 15 de enero.

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