El fuego y la herencia de los juderos en Tielmes

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Es Domingo de Resurrección. En la plaza de Tielmes, un pueblo de poco menos de 3000 habitantes al sureste de la Comunidad de Madrid, los vecinos se reúnen para ser testigos de una celebración cuyo origen se pierde entre lo pagano y lo cristiano. Una ceremonia que, según algunos lugareños, simboliza tanto la expulsión del mal como la fuerza de la juventud y la fertilidad al alcanzar la mayoría de edad: la quema de Judas.

Los protagonistas de esta tradición, una de las más representativas de la localidad, son los jóvenes de la quinta del año, conocidos como juderos. Su labor empieza quince días antes del domingo, con la recaudación de fondos pidiendo dinero a los transeúntes y conductores en las cercanías de la carretera principal. Con lo obtenido y la recogida de gavillas y sarmientos, los jóvenes deben dar vida a una cabeza artesanal que represente los males acontecidos durante el año y que será destinada finalmente a las llamas.

Todo está preparado en la mañana del sábado para la quema de Judas | Jimena Fernández Sánchez

El calendario del rito es estricto. La mañana del Jueves Santo los juderos recorren el pueblo, casa por casa, para solicitar la colaboración económica de los vecinos. Sin apenas descanso, en la madrugada del viernes al sábado comienza el trabajo físico: cavar el hoyo donde se erigirá el Judas. Tras este esfuerzo, la mañana del sábado se dedica al transporte del palo y las gavillas a la plaza del Ayuntamiento, donde deben quedar expuestos antes de la salida de misa para recibir el visto bueno de la comunidad.

La tarea no está exenta de sabotajes. Parte de la tradición es que los quintos de años anteriores dificulten el trabajo a los nuevos juderos mediante todo tipo de gamberradas: desde sepultar de nuevo el hoyo con sarmientos hasta trasladar el pesado palo a un punto remoto de la localidad para retrasar el montaje.

La quema

Es la madrugada del sábado al Domingo de Resurrección. Tras una cena de hermandad, los juderos comienzan a vestir el palo con los ramujos recolectados, asistidos por dos vecinos veteranos que custodian la estructura. Como todos los años, el hoyo ya está cavado para antes de las siete de la mañana.  A esa hora los juderos empiezan a atar unas cuerdas e inician el izado del palo mientras otras personas intentan evitar que se levante, tirándoselo al suelo y obligándoles a repetir el proceso. Una vez estabilizado, dos juderos elegidos por sorteo trepan hasta los brazos de la figura para colocar la cabeza, que debe quedar orientada estratégicamente hacia la fachada del ayuntamiento.

El Judas arde un año más en Tielmes | Jimena Fernández Sánchez

El fin del acto coincide con el fin de la liturgia. Al terminar la misa se inicia la procesión: los juderos portan al Cristo Resucitado, mientras las juderas cargan con la Virgen enlutada. Frente al consistorio, el ambiente se tensa hasta que se retira el velo a María y se realizan las tres reverencias rituales. Es la señal: comienza la quema del Judas, el fuego que purifica el pueblo y consume todo lo negativo del año.

Tradición moldeada por el tiempo

Sin embargo, el Judas no siempre fue como hoy se conoce. Los testimonios de antiguos juderos dibujan un panorama muy distinto en la década de 1960. En aquel entonces la carretera no existía y los quintos dependían exclusivamente de la generosidad de los vecinos. La mayoría donaba gavillas de leña para vestir la figura, pues el dinero escaseaba. En el mejor de los casos algunos vecinos ofrecían unas cuantas pesetas, pero la mayor parte de los temblecos donaban gavillas de leña para vestir al Judas.  

Los juderos suben a lo alto del palo | Jimena Fernández Sánchez

Como recompensa a su esfuerzo, los juderos (entonces exclusivamente varones) disfrutaban de un guiso de gallina donado por algún vecino pudiente en una cueva, lugar que servía de cuartel general donde ofrecían limonada a los colaboradores.

En los años 80 la tradición ya mostraba matices distintos. El ciclo comenzaba con la tala de un palo de grandes dimensiones que debía estar expuesto en la plaza del Ayuntamiento antes de que concluyera la misa del Domingo de Ramos. La técnica era puramente artesanal: se utilizaba un cesto de mimbre, mimbres sueltos y una sábana blanca a la que daban forma y pintaban con libertad creativa, lejos de las caricaturas o textos reivindicativos que se estilan hoy en día.

Quema del Judas de 1981 | Fotos cedidas por Pedro Hueros Martínez

El Jueves Santo por la tarde, la cuestación se trasladaba a los domicilios, apelando a la ayuda de los vecinos. El viernes era el día de ir al campo a por los sarmientos y el ramujo necesarios para vestir el mástil, y no era hasta la madrugada cuando se empezaba a picar el hoyo, a mano, con pico y pala.

El sábado por la mañana, la plaza recibía la leña. Por la noche, gracias a la recolecta de la semana, los juderos se permitían el lujo de contratar una cena en la que invitaban a los dos maestros encargados de vestir la figura. Tras el banquete, comenzaba el montaje. Con la llegada del amanecer se producían los primeros intentos de izar al Judas, una misión casi imposible debido a la escasa mano de obra a esas horas tempranas. Sin embargo, según avanzaba la mañana, la llegada del público multiplicaba las manos y, con la unión de todos, se lograba levantar la figura.

Consumada la quema y cumplido el rito, la jornada en Tielmes concluyó el Domingo de Resurrección del 2026 como lo hace desde hace décadas: con las familias partiendo hacia el campo para celebrar que, un año más, el mal ha ardido y “correr el hornazo” mantiene a la comunidad unida .

Aspecto de la plaza momentos antes de la quema | Jimena Fernández Sánchez

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