Dos mundos y una sola mesa: la juventud lidera el cambio de perspectiva alimentaria en la UCM
¿De dónde vienen las legumbres, las frutas o las carnes que comemos? ¿Qué complicaciones atraviesan hasta llegar a nuestra mesa? ¿Quiénes son los responsables de que los alimentos que compramos en los mercados de barrio o en las grandes superficies no escaseen? Estas preguntas sirvieron de preámbulo y guía para el encuentro «Dos mundos, una sola mesa», celebrado el pasado miércoles en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM.
Organizado por la agencia de comunicación junior de la facultad, El Estudio y la ONG Enraíza Derechos, el evento reunió a jóvenes productores del campo y estudiantes de la ciudad con el fin de repensar el futuro de nuestra alimentación. El encuentro se desarrolló bajo el marco de la campaña “Cambia de POV” (Point Of View, por sus siglas en inglés), una iniciativa que invita a las nuevas generaciones a girar la mirada hacia el origen de los productos y a comprender las realidades de quienes trabajan el campo.
La jornada fue inaugurada por Ángel Rubio, decano de la Facultad, quien destacó la importancia estratégica de celebrar este diálogo en un centro dedicado a la comunicación. Rubio enfatizó que la desconexión entre el campo y la mesa es, fundamentalmente, un problema de falta de información: “Sin información no sabemos qué comemos, cómo se produce ni qué impacto tiene en el planeta, en la sociedad y en la economía todo aquello que ponemos sobre la mesa”, afirmó. Durante su intervención, señaló la responsabilidad de los futuros comunicadores y aseguró que si la sociedad no valora el sector primario es, en gran medida, porque el relato que llega a las ciudades está incompleto.
Mesa redonda: el sistema alimentario bajo el foco joven
El núcleo del evento consistió en una mesa redonda moderada por Virginia Francisco, de Enraíza Derechos, donde se analizaron los nudos críticos de la cadena alimentaria desde diversas perspectivas profesionales y geográficas. En este espacio, la alimentación fue definida no solo como un bien de consumo, sino como un derecho político fundamental. Germán Gutiérrez, representante del World Food Forum vinculado a la FAO, insistió en que la juventud debe ocupar espacios de gobernanza internacional para influir en las normativas globales que, en última instancia, condicionan la viabilidad de la producción a pequeña escala.
Esta visión política conectó con la realidad técnica expuesta por la productora agroecológica Claudia Pereira, que desarrolla su labor en la Vega de Tajuña. Pereira explicó cómo la presión urbanística en zonas como Madrid amenaza directamente la disponibilidad de suelo fértil, un recurso cuya protección considera indispensable. Según la productora, la sostenibilidad del sector primario depende de la creación de redes locales sólidas que permitan la venta directa, evitando que las grandes plataformas logísticas diluyan el beneficio económico que debería recaer en quien trabaja la tierra.
La opacidad en la formación de precios y la intermediación también fueron ejes centrales en el análisis de la distribución. Gadea Claver, desde la experiencia del supermercado cooperativo La Osa, planteó el cooperativismo como una herramienta para involucrar al consumidor en la gestión alimentaria. Este modelo busca que el ciudadano urbano comprenda los costes reales detrás de cada producto, eliminando figuras intermedias innecesarias para asegurar que el pago que recibe el productor local sea justo y suficiente para mantener su actividad.

Frente a la desconexión entre el campo y la ciudad, la comunicación emergió como un factor correctivo. Miren Carcar, agricultora conocida en plataformas digitales como @diariodeunaagricultora, defendió el papel de las redes sociales para mostrar la cotidianidad del oficio sin filtros. Carcar expuso que su labor como «agroinfluencer» pretende que el público urbano empatice con la complejidad técnica, la burocracia y los imprevistos mecánicos del campo, rompiendo así con visiones románticas o arcaicas que no se corresponden con la realidad profesional del sector rural contemporáneo.
El diálogo se enriqueció con la intervención desde el público de Emilio, un labrador palentino de Tierra de Campos volcado en la recuperación de la biodiversidad, que contó cómo trabaja con más de 1.000 tipos de semillas tradicionales, una labor que surge como respuesta a la pérdida de variedad genética tras la industrialización agraria. Emilio sostuvo que estas semillas antiguas poseen una resistencia natural a plagas y eventos climáticos extremos que las variedades comerciales actuales han perdido y defendió la observación de las prácticas generacionales como una estrategia de seguridad para el futuro.
Finalmente, la mesa redonda concluyó señalando que la transformación del sistema alimentario requiere una acción coordinada que abarque desde la incidencia política internacional hasta la recuperación de la genética vegetal local.
El programa previsto para la jornada incluía un cierre que consistía en una sesión de live cooking (cocina en vivo) en las instalaciones exteriores de la facultad. Esta actividad tenía como objetivo aplicar los conceptos debatidos mediante el uso de productos de temporada y proximidad aportados por los productores participantes. Sin embargo, debido a condiciones meteorológicas adversas el día del evento, la organización tuvo que suspenderla.

Los retos de la España urbana y la España rural según Enraíza Derechos

Tras la clausura del encuentro, Laura Martos, responsable de Educación y Movilización Social de la ONG Enraíza Derechos, habló con Infactualidad sobre los retos estructurales del sector.
Martos subrayó que España enfrenta un desafío demográfico crítico, pues un 80% de la población vive en núcleos urbanos lo que, según la experta, genera una «ceguera urbana» respecto a las necesidades del campo. También aseguró que, con el éxodo rural, será cada vez más difícil garantizar la soberanía alimentaria de ese 80% si no existen condiciones para que la gente viva y trabaje en el territorio.
Asimismo, Martos hizo hincapié en la necesidad de políticas públicas dirigidas a la juventud rural. Señaló que el relevo generacional es imposible sin medidas que regulen el acceso a la tierra y que aseguren servicios básicos en los pueblos. Para ella, iniciativas como «Cambia tu POV» buscan que la presión ciudadana desde las urbes fuerce a las instituciones a poner el sistema alimentario en el centro de la agenda política.
Vea aquí partes de la entrevista con Laura Martos:


