Elecciones en Hungría: los jóvenes quieren un cambio
Tras 16 años en el poder, el presidente se enfrenta a uno de los mayores desafíos de su carrera política. Una ciudadanía cada vez más agotada y una oposición fortalecida han convertido estos comicios en un punto de inflexión para el país

Es noticia

Miles de jóvenes —muchos de ellos votan por primera vez— lle­gan a los cole­gios elec­torales este domin­go en Hun­gría con un sen­timien­to com­par­tido: esper­an­za. Esper­an­za de cam­bio, de pros­peri­dad y de una nue­va eta­pa políti­ca. Sin embar­go, ese áni­mo no se dis­tribuye de man­era uni­forme en todo el país. Mien­tras en las ciu­dades crece el deseo de trans­for­ma­ción, en las zonas rurales una parte impor­tante de la población adul­ta y de may­or edad mantiene su respal­do al actu­al primer min­istro, cuya hege­monía se ha sostenido, en gran medi­da, gra­cias a ese elec­tora­do.

Al frente de ese impul­so opos­i­tor se encuen­tra Péter Mag­yar, rep­re­sen­tante de Tisza, quien ha acu­d­i­do a las urnas con una con­fi­an­za rotun­da: “Somos opti­mis­tas”. Mag­yar lid­era la opinión públi­ca: la may­oría de las encues­tas nacionales indi­can que su par­tido podría dis­putar seri­amente el futuro guber­na­men­tal de Hun­gría, inclu­so alcan­zan­do una may­oría de dos ter­cios.

Estas elec­ciones no solo definirán el rum­bo inter­no del país, sino tam­bién su posi­ción den­tro de la Unión Euro­pea. Bruse­las obser­va con aten­ción un posi­ble giro políti­co que podría redefinir las rela­ciones con el país tras años de ten­siones en torno al esta­do de dere­cho, la inde­pen­den­cia judi­cial y la políti­ca exte­ri­or.

El públi­co sostiene un car­tel con el men­saje “Dirty Fidesz” durante un concier­to por
el cam­bio de gob­ier­no en Budapest | Bian­ca Dapoli­to Pin­to.

En Budapest, la cap­i­tal, el cli­ma políti­co se percibe en las calles: carte­les arran­ca­dos, pro­pa­gan­da cubier­ta con men­sajes de protes­ta y una sociedad cada vez más polar­iza­da. Todo ello refle­ja el des­gaste de un sis­tema democráti­co que muchos ciu­dadanos con­sid­er­an que “ya no les rep­re­sen­ta”.

“Odio ir a la uni­ver­si­dad y ver pro­pa­gan­da por todos lados: Tisza y Fidesz acusán­dose mutu­a­mente. ‘Bruse­las es el mon­struo’, ‘Esta­dos Unidos es el mon­struo’, ‘Ucra­nia es el mon­struo’. Sien­to asco. No veo medios públi­cos porque son men­ti­ras con­stantes. La tele­visión, por ejem­p­lo, no es de fiar”, protes­ta uno de los votantes.

Ten­sión y polémi­cas

Eszti, de 21 años, naci­da y cri­a­da en Budapest, expre­sa ese sen­timien­to gen­era­cional: “Des­de que ten­go uso de memo­ria he vis­to a Orbán en las tele­vi­siones, en los per­iódi­cos, hablan­do en la radio… Uno de mis may­ores miedos es que nos echen de la Unión Euro­pea. Nosotros, los hún­garos, no somos este gob­ier­no, y no mere­ce­mos las con­se­cuen­cias de alguien que, sen­cil­la­mente, no tiene en cuen­ta lo que nece­si­ta­mos ni lo que quer­e­mos”.

Jóvenes son­ri­entes sostienen la ban­dera de Hun­gría durante un concier­to por el
cam­bio de gob­ier­no en Budapest | Bian­ca Dapoli­to Pin­to.

1989 fue una fecha históri­ca para Hun­gría: un joven estu­di­ante iba a cam­biar com­ple­ta­mente un rég­i­men que oprimía y con­den­a­ba a la población hún­gara. Vik­tor Orbán nació como un ele­men­to de sal­vación para todos aque­l­los enca­de­na­dos por el poder. Fidesz, en aquel momen­to con­for­ma­do por jóvenes demócratas que lucha­ban por la lib­er­tad, con­sigu­ió lle­gar al gob­ier­no en 2010. En la actu­al­i­dad, fig­uras como Marine Le Pen (Agru­pación Nacional), Alice Wei­del (Alter­na­ti­va para Ale­ma­nia) o Gior­gia Mel­oni (Fratel­li d´Italia) siguen una línea ide­ológ­i­ca sim­i­lar a la del pres­i­dente hún­garo, fre­cuente­mente aso­ci­a­da con la extrema derecha.

Las críti­cas no se lim­i­tan al ámbito políti­co. Tam­bién alcan­zan a los ser­vi­cios públi­cos, espe­cial­mente al sis­tema san­i­tario. Richard, estu­di­ante de Inge­niería Infor­máti­ca rela­ta su his­to­ria: “Mi abuela estu­vo mucho tiem­po en el hos­pi­tal y fue ter­ri­ble para toda mi famil­ia. Veíamos cómo los uten­sil­ios médi­cos que emplea­ban no eran efi­cientes y cada vez esta­ba peor. La comi­da con­sistía en dos tro­zos de pan seco, una lon­cha de salchichón y un poco de papri­ka. Este sis­tema san­i­tario no nos cura, nos mata. ¿Qué opciones ten­emos? Si pag­amos un seguro pri­va­do, ten­emos que pedir un prés­ta­mo que prob­a­ble­mente no podamos pagar en toda nues­tra vida”.

En el pre­sente, el salario mín­i­mo inter­pro­fe­sion­al en Hun­gría ron­da los 322.000 forin­tos bru­tos men­su­ales (aprox­i­mada­mente 856.47 euros en 2026), lo que difi­cul­ta man­ten­er un niv­el de vida estable, espe­cial­mente en Budapest.

Joven sostiene una ima­gen del pres­i­dente hún­garo Vik­tor Orbán mien­tras escucha
músi­ca en un concier­to por el cam­bio de gob­ier­no en Budapest | Bian­ca
Dapoli­to Pin­to.

Para Eszti, el voto es una for­ma de reivin­di­cación: “No todos los hún­garos son como nue­stro líder. Voy a votar a Tisza por el cam­bio, para que nos tomen en serio. Para que vean que no somos Orbán. No esta­mos enam­ora­dos de Rusia. No somos los títeres de Putin y no quiero que eso se con­vier­ta en nues­tra real­i­dad”.

A este cli­ma de ten­sión se suman tam­bién las recientes polémi­cas en torno a la seguri­dad nacional y las rela­ciones inter­na­cionales del país. En los últi­mos años, pre­sun­tos casos de espi­ona­je han sali­do a la luz: el uso del soft­ware Pega­sus, con el que, según inves­ti­ga­ciones peri­odís­ti­cas, se habría vig­i­la­do a peri­odis­tas, opos­i­tores y fig­uras críti­cas con el Gob­ier­no fomen­tan, sin duda el caos en la población civ­il. Estas acusa­ciones han inten­si­fi­ca­do el debate sobre la cal­i­dad democráti­ca del país. Para­le­la­mente, la estrecha relación del ejec­u­ti­vo de Orbán con Vladimir Putin, espe­cial­mente en el con­tex­to de la guer­ra en Ucra­nia, ha gen­er­a­do fric­ciones con sus socios europeos y ha ali­men­ta­do la pre­ocu­pación entre sec­tores de la población que temen un pro­gre­si­vo ale­jamien­to de Hun­gría de la Unión Euro­pea.

Aun así, entre el caos elec­toral, flo­rece una idea que se repite entre muchos votantes: “No es la primera vez que vota­mos. Pero sí es la primera vez que ten­emos esper­an­za de que este gob­ier­no, después de tan­to tiem­po, por fin ter­mine”.

Últi­mo mitin de Vik­tor Orbán durante la cam­paña elec­toral en Hun­gría, 2026 |
Bian­ca Dapoli­to Pin­to.

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Plugin the Cookies para Wordpress por Real Cookie Banner