Un seminario celebrado en la facultad aborda el consentimiento en México y en España
El 93% de los agresores son hombres y el 86% de las víctimas, mujeres.

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“Las agresiones sexuales aumentaron tras la pandemia”

La Fac­ul­tad de Cien­cias de la Infor­ma­ción acogió el pasa­do 2 de diciem­bre el sem­i­nario “El con­sen­timien­to sex­u­al a debate: per­cep­ciones y cli­ma de opinión en Méx­i­co y España”, impar­tido por la pro­fe­so­ra de peri­odis­mo en la Uni­ver­si­dad Nebri­ja Tania Bran­dariz Portela y por el doc­tor­an­do en la Uni­ver­si­dad Nacional Autóno­ma de Méx­i­co (UNAM) Rodol­fo Rosas Martínez. En un for­ma­to cer­cano, el públi­co —mix­to, pero may­ori­tari­a­mente femeni­no— par­ticipó acti­va­mente en el inter­cam­bio de ideas.

Bran­dariz sub­rayó que el fem­i­nis­mo debe pon­er el foco en la cosi­fi­cación y en el imag­i­nario pornográ­fi­co que, según explicó, “colo­ca a los hom­bres en una posi­ción de dominio, como suje­tos del deseo, y a las mujeres como obje­to”. Esta mira­da, señaló, define la sex­u­al­i­dad des­de parámet­ros mas­culi­nos y nor­mal­iza la vio­lación has­ta con­ver­tir­la en un “abecedario” para las mujeres. Recordó, además, que las agre­siones sex­u­ales en España repun­taron en 2021, tras la pan­demia, un dato que, a su juicio, evi­den­cia la urgen­cia de abor­dar esta vio­len­cia.

La inves­ti­gado­ra alertó de esta ten­den­cia al alza y desmon­tó la per­cep­ción de que estos deli­tos ocur­ren solo en espa­cios públi­cos y a manos de descono­ci­dos. Respaldó su análi­sis en cifras del Min­is­te­rio del Inte­ri­or: el 93% de los agre­sores son hom­bres y el 86% de las víc­ti­mas, mujeres. “Aunque nos digan que no, la vio­len­cia sex­u­al es vio­len­cia con­tra las mujeres sin ningu­na duda”, afir­mó.

Rosas, por su parte, recordó que Méx­i­co está adheri­do a la Con­ven­ción sobre la Elim­i­nación de todas las for­mas de dis­crim­i­nación con­tra la mujer (CEDAW) y a la Con­ven­ción de Belém do Pará, pero carece de un mar­co legal que defi­na con clar­i­dad el con­sen­timien­to afir­ma­ti­vo en los deli­tos sex­u­ales. Para ilus­trar­lo, citó el caso de los Porkys, ocur­ri­do en 2015 en Ver­acruz, cuan­do cin­co hom­bres abusaron de una menor den­tro de un coche. El juez argu­men­tó que la víc­ti­ma no se negó y que podía haber sali­do del vehícu­lo, pero Rosas pun­tu­al­izó que “no había posi­bil­i­dad de hac­er­lo” ya que el coche esta­ba en mar­cha y la joven se encon­tra­ba en evi­dente desven­ta­ja. Añadió que, un año después, en España, el caso de La Man­a­da durante los San­fer­mines mar­có un pun­to de inflex­ión. Según Bran­dariz, este hecho activó “el corazón de la cuar­ta ola fem­i­nista” por su enorme reper­cusión mediáti­ca.

Bran­dariz abogó por un mod­e­lo de con­sen­timien­to basa­do en la simetría, la ausen­cia de vio­len­cia y una éti­ca del cuida­do que tam­bién inter­pele a los hom­bres. Rosas expu­so los resul­ta­dos de cues­tionar­ios real­iza­dos en la UNAM: el con­sen­timien­to se expre­sa may­ori­tari­a­mente de for­ma ver­bal y rara vez medi­ante el lengua­je cor­po­ral. Además, per­siste la idea de que es algo que debe “con­seguirse” y que los hom­bres están siem­pre disponibles.

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