Conjuro contra el cautiverio: la narrativa sonora de la Orquesta Nacional de España
Bajo la batuta de Nuno Coelho, la Orquesta Nacional de España (ONE) ofreció en el Auditorio Nacional una experiencia sonora que transitó entre la introspección y el brillo cinematográfico. El pasado 11 de abril, la ONE presentó un programa que delineó un viaje emocional: desde el “mar de hielo” de Marisa Manchado Torres hasta la vitalidad narrativa de Korngold y la introspección sarcástica de Shostakovich.
El concierto se abrió con Mar de hielo, fragmento de la Suite sinfónica de La Regenta de la compositora Marisa Manchado Torres. En él se encuentra el núcleo de la novela: el mar, símbolo de la libertad, convertido en hielo que apresa, mortífero en su inmovilidad. Una metáfora tan potente que acaba convertida en el título de la obra de estreno absoluto, un encargo de la Orquesta y Coro Nacionales de España para el que Manchado ha creado una suite a partir de algunos fragmentos de musicales que componen su ópera, La Regenta, estrenada en Madrid en Matadero en octubre de 2023.
La suite despliega ese mar de hielo en forma de sonoridades que se expanden por el tejido sinfónico creando distintas atmósferas y texturas que la compositora ideó mientras daba forma a su ópera. De ellas surgen algunos de los temas principales que se dan cita, un embriagador solo de violín, el vals que Ana Ozores baila, hasta el delirio, en brazos de don Álvaro Mesía. A su vez, fragmentos hilados al conjunto gracias a una red de motivos que aparecen con recurrencia, interpretados en su mayoría por instrumentos de viento-madera, una red que garantiza la unidad en la obra y que da continuidad al discurso, concebido en una estructura formal dividida en tres secciones.
El Concierto para violín Op. 35 de Erich Wolfgang Korngold transportó al público directamente al universo del Hollywood dorado. La solista Bomsori Kim asumió la partitura con una elegancia deslumbrante: su sonido, vibrante y pulido, se expandió con un vibrato cálido y comunicativo, haciendo brillar cada frase con natural teatralidad.
El encanto melódico que caracteriza las partituras cinematográficas de Korngold se filtra en el concierto gracias al préstamo de temas procedentes de películas: el del amor, de Anthony Adverse (1936) da inicio al primer movimiento en las manos del violín solista, ascendiendo con amplios saltos mientras la orquesta acompaña con la sutiliza del pianissimo, movidos todos por un tempo que Korngold marca como Moderatto nobile. El segundo tema proviene de la película Juárez (1939) y es complementario al primero en su aire romántico y soñador, cualidades que definen la obra y la sitúan como uno de los últimos ejemplos del repertorio postromántico.
El segundo movimiento es una romanza para la que utiliza otro tema de Anthony Adverse en bellas combinaciones instrumentales, y concluye el concierto con un tercer movimiento de corte virtuosístico basado en las variaciones de un tema procedente de la película El príncipe y el mendigo (1937), contrapartida rítmica y brillante al vuelo melódico esencialmente lírico de los movimientos precedentes. Bomsori también regaló el Polish Caprice de Grazyna Bacewicz, ejecutado con un fuego lírico y precisión cristalina que selló el recuerdo de su presencia escénica.
La Sinfonía nº 6 en si menor, Op. 54 de Dmitri Shostakovich cerró el concierto con su habitual juego de sombras y luces. Su primer movimiento triplica en duración los restantes, y se expande como un gran Largo-Moderatto en el que lo horizontal prima sobre lo vertical, y lo camerístico sobre lo sinfónico. Largas melodías se despliegan por la partitura ondulantes, contestadas por diálogos o por otros cantos que se yuxtaponen contrapuntísticamente.
Estructurada de manera ternaria, la sección central alberga una música disuelta que parece respirar en silencio, dominada por solos de viento madera ante los que enmudece el conjunto orquestal. Como si la obra tocara tierra tras un viaje al más allá, el Allegro y Presto que siguen son eminentemente vitalistas, con un discurso entre ligero y triunfalista que culmina en un finale en el que lo neoclásico, lo grotesco y lo circense se dan cita con un resultado tan brillante como perturbador. Coelho, atento a los matices irónicos del compositor, convirtió los movimientos finales en una sátira vibrante, casi caricaturesca, que conectó de nuevo con la impronta fílmica de toda la noche: música como relato visual, música que deja imágenes en la memoria.


