Fuego, silencio y cánticos en El Vítor 
Como cada año, los vecinos recorren las calles del pueblo vallisoletano de Mayorga en una procesión de fuego para homenajear al Santo Toribio

Es noticiaReportajes

Atuen­dos negros por la brea que despren­den los pelle­jos ardi­en­do. Grandes som­breros para pro­te­gerse de los escu­pi­ta­jos del pez. Todo un pueblo lev­an­ta­do para vener­ar a un san­to. Una estam­pa que evo­ca más a lejanas épocas medievales que a un rit­u­al que se mantiene vivo muy vivo en pleno siglo XXI.

Las calles empiezan a oler a humo a par­tir de las diez de la noche. Los lugareños lucen una cos­tra negra de la pez que, año a año, se ha ido secan­do sobre sus ropa­jes. Se preparan para recibir las reliquias del San­to Toribio, patrón de la local­i­dad, en la cono­ci­da como “Pro­ce­sión Cívi­ca”. Así es como May­or­ga, un pequeño pueblo de Val­ladol­id de 1400 habi­tantes, cel­e­bra todos los 27 de sep­tiem­bre El Vítor. 

La tradi­ción se remon­ta al año 1752 cuan­do los veci­nos ilu­mi­naron sus calles con los pelle­jos ardi­en­do —la elec­t­ri­ci­dad todavía no había apare­ci­do— para recibir y lle­var en pro­ce­sión la reliquia de El Vítor, un estandarte que rep­re­sen­ta a Torib­ia Alfon­so de Mogrove­jo y Rob­le­do. Con­ver­tido en san­to, fue un arzo­bis­po y misionero católi­co nat­ur­al de May­or­ga. Fal­l­e­ció en 1606 en Zaña, una pequeña local­i­dad peru­a­na y fue en el país andi­no donde desem­peñó la labor que le mere­ció la evan­ge­lización 120 años después a manos del arzo­bis­po de Lima. 

“Cada vez viene más gente a esta fies­ta”, ase­gu­ra Fidel, el pres­i­dente de la Aso­ciación el Vítor de May­or­ga. Con la ropa y el ros­tro ennegre­ci­dos, es el encar­ga­do de por­tar el estandarte del Vítor al ini­cio de la pro­ce­sión. Lento y deci­di­do, se abre paso entre las lla­mas y el humo que tiñe de rojo todo el pueblo, pro­te­gi­do por la sacra lan­za que ele­va hacia el cielo. “Esta­mos con­tentos con que ven­ga gente de otros pueb­los u tur­is­tas, pero tam­bién tiene sus con­tras”, afir­ma Fidel la fies­ta declar­a­da bien de Interés Turís­ti­co Nacional. 

Con el estandarte del San­to Toribio, el pres­i­dente de la aso­ciación apun­ta al cielo para lid­er­ar la comi­ti­va | Foto: Pablo R. Seco

El recor­ri­do ter­mi­na en torno a las cin­co de la mañana en la ermi­ta del pueblo, donde todos los habi­tantes, tan­to niños como ancianos, se reú­nen para rendir el últi­mo hom­e­na­je a San­to Toribio: can­tar al uní­sono el him­no del pueblo y la Salve.

Con los som­breros desa­lo­ja­dos de sus cabezas para anidar los bas­tones en señal de respeto, los pelle­jos apa­ga­dos y lágri­mas en los ojos, los veci­nos se despi­den del Vítor has­ta el año que viene.

A con­tin­uación, la galería de fotos:

Uno de los momen­tos más rep­re­sen­ta­tivos es el rezo a la Vir­gen María, con un mar­co que ilu­mi­na con fue­gos arti­fi­ciales la Plaza de Toros | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Una vez final­iza­do el rezo, los lugareños se lev­an­tan y miran al cielo para ver y sen­tir los fue­gos arti­fi­ciales durante diez min­u­tos | Foto: Pablo R. Seco
Todos los rit­uales son com­par­tidos por dis­tin­tas gen­era­ciones, como un pat­ri­mo­nio que se lega de padres a hijos | Foto: Pablo R. Seco
Se tra­ta de man­ten­er unidos los lazos famil­iares | Foto: Pablo R. Seco
La fies­ta es con­ce­bi­da como un pun­to de ancla­je entre los veci­nos de May­or­ga ante la cre­ciente despoblación| Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Todo el rit­u­al es trata­do con una solem­nidad y respeto sepul­crante | Foto: Pablo R. Seco
Ape­nas se les ve el ros­tro, que que­da ennegre­de­ci­dos por el humo y el alquitrán con el que encien­den los pelle­jos | Foto: Mario Morón
La religión no es el úni­co motor de la fies­ta, aunque el rezo es una parte fun­da­men­tal en el rit­u­al | Foto: Pablo R. Seco

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Plugin the Cookies para Wordpress por Real Cookie Banner