Joe Sacco: “Las noticias falsas no son nuevas; lo único nuevo es la velocidad a la que circulan”
El periodista habló sobre su última obra, El disturbio eterno, en el Espacio Fundación Telefónica
La Fundación Telefónica se llenó el pasado viernes para escuchar al periodista y escritor de novela gráfica Joe Sacco, autor de novelas como Palestina —su gran éxito en los años 90—, Gorazde, Notas al pie de Gaza, La Gran Guerra o Un tributo a la tierra, todas publicadas en España por Reservoir Books. Su trabajo ha recibido premios como el American Book Award, el Eisner o el Ridenhour Prize, además de múltiples reconocimientos internacionales.
En conversación con Guillermo Altares, redactor jefe de la sección de Cultura de El País, Sacco explicó cómo una parte esencial de su trabajo es la manera en la que representa a las personas que entrevista. El autor insistió en que intenta reflejar lo que ve, pero sin traicionar la confianza de quienes no desean ser identificados. Si una persona teme ser reconocida —por razones de seguridad, por trauma o por su participación en un conflicto—, modifica rasgos y detalles. Mantiene el gesto general o ciertos elementos mínimos —un bigote, una postura, una prenda—, pero evita reproducir un rostro exacto. La fidelidad, en estos casos, debe convivir con la protección. No es solo una decisión estética, subrayó, sino una decisión ética.
La mecánica del miedo
Su última obra, El disturbio eterno, se centra Uttar Pradesh, un estado marcado por conflictos étnicos que rara vez aparecen en los titulares, donde las tensiones entre castas, religión, historia local y manipulación política se entrelazan. Allí, Sacco habló con cargos gubernamentales, líderes políticos, cabecillas locales y, sobre todo, con campesinos sin tierras que han sido víctimas directas de la violencia. Su objetivo era claro: comprender la lógica interna de la violencia política. “Si eres un político que necesita dividir para obtener poder, el miedo trabaja a tu favor”, afirmó.
Sacco comparó el mito del “jihad de amor” —una teoría conspirativa que sostiene que los musulmanes seducen a mujeres hindúes para convertirlas y “reemplazar” demográficamente al hinduismo— con la extrema derecha occidental y sus teorías del “gran reemplazo”: diferentes países, misma mecánica del miedo.
También habló de fake news y recordó que la historia moderna está construida sobre mentiras difundidas desde el poder: el caso del Maine en Cuba, el incidente del Golfo de Tonkín, las armas de destrucción masiva en Irak… “Las noticias falsas no son nuevas; lo único nuevo es la velocidad a la que circulan”, aseguró. Para él, la desinformación no es un accidente sino un arma política.
Vuelta a Gaza
El autor trabajó en Gaza durante años y mantiene una relación cercana con el lugar y con las personas que allí viven. Explica que conoce bien las calles, especialmente Rafah, una ciudad que hoy se encuentra devastada. Esa familiaridad hace que, para él, Gaza no sea un escenario distante sino un espacio con el que siente una obligación moral. “Es como visitar a una madre enferma: no vas porque quieras, sino porque tienes que hacerlo”, dijo. Actualmente trabaja junto al periodista estadounidense Chris Hedges entrevistando en Egipto a palestinos que escaparon de Gaza. A través de estas entrevistas intenta documentar la experiencia humana del conflicto, más allá de los eventos militares.
Recordó su libro Palestina, que trata el primer Nakba —la expulsión masiva de palestinos en 1948— y aseguró que ese pasado conecta directamente con la destrucción actual. Tras 1948, Gaza duplicó su población con cientos de miles de refugiados que nunca pudieron regresar a sus tierras. Muchos de los muertos recientes, explicó Sacco, son descendientes de esas mismas familias; otros llevan generaciones en Gaza. Ambas realidades conviven. A juicio del autor, comprender esa historia es clave para entender por qué tantas personas en Gaza temen desplazarse de nuevo: saben que, como ocurrió en 1948, cualquier salida puede convertirse en una expulsión definitiva.
Comparando Gaza con la experiencia de Bosnia, a cuya brutal guerra dedicó otro de sus libros, Historias de Bosnia, señaló una diferencia fundamental: en Gaza no se trata solo de la falta de intervención internacional, sino del apoyo directo de varios Estados a las operaciones militares. La conversación derivó hacia Estados Unidos y la figura de Donald Trump, a quien calificó como un líder narcisista con pulsiones autoritarias. “En mi país el peligro no es tanto la turba, sino la violencia del Estado”, dijo.



