Un banco que salva vidas

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La pobreza mater­no-infan­til en España se ha dis­para­do en los últi­mos meses. A través del Ban­co del Bebé, Fun­dación Mad­ri­na, se con­vierte en el prin­ci­pal soporte para muchas mujeres y famil­ias.

Leche, poti­tos, pañales y ali­men­tos bási­cos son algunos de los recur­sos más deman­da­dos por las más de 4.000 famil­ias y madres solteras en situación de pobreza y ries­go de exclusión social que acu­d­en al Ban­co del Bebé de la Fun­dación Mad­ri­na. Esta Fun­dación surgió en el año 2000, tras detec­tarse que un 95% de los casos de las jóvenes y ado­les­centes en España en situación de ries­go qued­a­ban desa­ten­di­das por fal­ta de recur­sos. El pasa­do diciem­bre, alerta­ban de que en los últi­mos dos meses del año 2022 reci­bieron el doble de la media de casos deriva­dos des­de Ser­vi­cios Sociales, conc­re­ta­mente 400 deriva­ciones men­su­ales nuevas, frente a las 200 de meses ante­ri­ores.

Cola que se hace en la Fun­dación Mad­ri­na cada sem­ana para recoger ali­men­tos.

Danicha emi­gró sola de Perú a Madrid estando embaraza­da. Fue deriva­da a la fun­dación por su asis­ten­ta social y allí le pro­por­cionaron los ali­men­tos bási­cos para poder seguir ade­lante. Aho­ra, Danicha vive jun­to con su pequeño de siete meses en una habitación alquila­da y acude a Fun­dación Mad­ri­na una vez por sem­ana. La ayu­da que le brin­da la fun­dación sigue sien­do clave para su bien­es­tar y el de su hijo. “Aho­ra mis­mo no lle­garía a fin de mes sin acud­ir a la Fun­dación Mad­ri­na. Tra­ba­jo tam­bién cuidan­do a un niño, pero ape­nas me alcan­za para pagar la habitación y algu­na cosa para mi hijo. Para com­er ya no me lle­ga”, afir­ma.

Al igual que Danicha, Rox­aly ( 23 años) tam­bién llegó a Madrid estando embaraza­da. Pero ella no se encuen­tra sola. Al nac­er su pequeña, sus padres y sus dos her­manos emi­graron des­de Venezuela a España. No obstante, ase­gu­ra que el soporte de la fun­dación sigue sien­do impre­scindible. “En casa somos siete per­sonas y tra­ba­jan tres: mis dos her­manos y mi novio. Yo no tra­ba­jo porque la niña ape­nas tiene dos meses y mis padres no encuen­tran tra­ba­jo por la cuestión de los doc­u­men­tos. Me ayu­dan con la leche y los pañales. Ven­go una vez por sem­ana y para mí es fun­da­men­tal”, expli­ca.

Rox­aly, joven que acude sem­anal­mente a la Fun­dación Mad­ri­na. Foto: Juan­jo Are­nas

Una lucha por seguir ade­lante

Las dos com­parten la moti­vación y esper­an­za por seguir ade­lante, estu­di­ar, tra­ba­jar y brindar­les el mejor futuro posi­ble a sus hijos. “Mi may­or meta sería poder volver a estu­di­ar y dar­le el mejor futuro a mi pequeño. Por lo pron­to voy a bus­car plaza para los cur­sos de for­ma­ción pro­fe­sion­al supe­ri­or, no me puedo dar el lujo de estu­di­ar seis años”, afir­ma Danicha. Por su parte, Rox­aly cuen­ta que “está esperan­do a que la niña cumpla 4 meses y poder tra­ba­jar y estu­di­ar. En mi casa todos somos pro­fe­sion­ales y licen­ci­a­dos. Me gus­taría estu­di­ar otra car­rera para poder brindar­le un futuro mejor a mi hija, no sola­mente un suel­do bási­co, sino algo mejor”.

La Fun­dación Mad­ri­na es recono­ci­da como la que ayu­da a más gente en la Comu­nidad de Madrid, y tan­to Cári­tas como Cruz Roja sue­len derivar­les a famil­ias nece­si­tadas para tratar de pro­por­cionarles las ayu­das que nece­siten ya que en los otros lugares no pueden dárse­lo con las garan­tías nece­sarias. La fun­dación cuen­ta con var­ios proyec­tos para las madres (jóvenes la may­oría) que quieren estu­di­ar o tra­ba­jar pero que no tienen los recur­sos nece­sar­ios. No solo actúa sobre el ries­go ali­men­ta­rio sino que lo hace de for­ma inte­gral sobre múlti­ples ries­gos sociales, entre ellos el de exclusión esco­lar y lab­o­ral. “Gra­cias a la ofer­ta de cur­sos de la fun­dación, podemos bus­car un tra­ba­jo. Es muy impor­tante para noso­tras porque hay muchos cur­sos, pero no son gratis, como estos. Por ejem­p­lo, cur­sos de man­i­cu­ra, pelu­quería o corte y con­fec­ción.”, ase­gu­ra Olga, que perdió su tra­ba­jo después de dar a luz a su segun­da hija.

Un prob­le­ma estruc­tur­al

Pero esta fun­dación tiene un nom­bre pro­pio, que es quien durante todos estos años ha sido el encar­ga­do de ayu­dar a las famil­ias que, sem­ana tras sem­ana, acu­d­en a por ali­men­tos. Es Con­ra­do Giménez, el fun­dador y pres­i­dente de Fun­dación Mad­ri­na.

Según Con­ra­do, en los últi­mos meses no solo ha habido un notable incre­men­to de per­sonas que acu­d­en a ellos, sino que tam­bién están advier­tien­do un cam­bio de per­fil: “Sobre todo, a raíz del estal­li­do de la guer­ra a finales de febrero del pasa­do año, vienen famil­ias ucra­ni­anas”. Svet­lana, una docente de Kiev que tuvo que huir de Ucra­nia a finales del pasa­do año jun­to a su mari­do y sus dos hijos, ase­gu­ra que ella nun­ca llegó a imag­i­nar ten­er que nece­si­tar este tipo de ayu­das. “La labor de esta fun­dación es muy impor­tante, nos ayu­da con ali­men­tos, pero tam­bién con cur­sos de for­ma­ción o ayu­das para apren­der el idioma”, comen­ta.

En la cola de gente que se sitúa a las puer­tas del Ban­co del Bebé, muchas madres solteras, pare­jas o famil­ias cuen­tan cómo nun­ca antes se vieron en la necesi­dad de solic­i­tar un ser­vi­cio sim­i­lar. “Nosotros antes no pedíamos en ningu­na fun­dación, no lo nece­sitábamos porque yo esta­ba tra­ba­jan­do. En el momen­to en que me quedé embaraza­da, antes de la pan­demia, ya me redu­jeron la jor­na­da lab­o­ral. No ten­emos a nadie más aquí y cuan­do el niño nació teníamos que quedarnos con él”, expli­ca Olga, que lle­va poco menos de un año acu­d­i­en­do a Fun­dación Mad­ri­na.

“Fam­i­ly home­less”

Otra de las pre­ocu­pa­ciones de la fun­dación, sobre todo en los últi­mos meses, es el denom­i­na­do fam­i­ly home­less. “Hay muchas famil­ias que no encuen­tran tra­ba­jo y los alquil­eres se han dis­para­do. Hay quien pide 700 euros por una sola habitación y, a veces, inclu­so has­ta tres nómi­nas y avales”, sen­ten­cia Con­ra­do. Es el caso de Melis­sa, una joven peru­a­na a la que su estancia en Madrid se le está hacien­do muy cues­ta arri­ba: “Es la primera vez que acu­do a un cen­tro como este. Me ayu­dan con ali­men­tos y con ropa para mi hija”, afir­ma. La crudeza de la real­i­dad que se vive en nue­stro país en los últi­mos meses debido al incre­men­to en las fac­turas de la luz o del gas hace que las per­sonas vul­ner­a­bles o en situa­ciones de pobreza sufran mucho más. “Nos han cor­ta­do la luz varias veces y no somos capaces de pon­er­nos al cor­ri­ente de pago”, dice Melis­sa con pre­ocu­pación.

Para Con­ra­do, el cul­pa­ble de esta situación es el gob­ier­no. Según cuen­ta, muchas de las mujeres que acu­d­en a esta fun­dación cada sem­ana podrían salir ade­lante con ayu­das direc­tas para la natal­i­dad. “Sim­ple­mente con 5000 o 7000 euros, que es lo que de media cues­ta un embara­zo”, sen­ten­cia, y pide a los que gob­ier­nan que “acu­d­an a estos cen­tros para ver la real­i­dad y dejen de llenarse los bol­sil­los y de con­tratar asesores”.

La fal­ta de ayu­das sociales direc­tas y uni­ver­sales, según la fun­dación, “pone en grave ries­go la vida de los menores en el seno mater­no, la con­tinuidad de los embara­zos y la inte­gri­dad moral de las madres”. Tras más de 22 años tejien­do una amplia red de ser­vi­cios a favor de la infan­cia y la mater­nidad más vul­ner­a­bles, Fun­dación Mad­ri­na recuer­da que su Ser­vi­cio de Aten­ción a la Mujer e Infan­cia (SAMI) está disponible las 24 horas de todos los días del año. El número de telé­fono es 91 449 06 90, www.madrina.org, es total­mente gra­tu­ito.

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