El sueño de una noche de verano de Benjamin Britten y su bosque encantado vuelven al Teatro Real tras 20 años

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Tras su primera rep­re­sentación en el Teatro Real en 2006, la ópera en tres actos de Ben­jamin Brit­ten basa­da en la come­dia de William Shake­speare vuelve el próx­i­mo 10 de mar­zo al teatro madrileño, pro­duci­da en colab­o­ración con la Roy­al Bal­let and Opera de Lon­dres y el Mag­gio Musi­cale Fiorentino.Una sem­ana antes de su estreno el próx­i­mo 10 de mar­zo, el direc­tor artís­ti­co del Teatro Real, Joan Mata­bosch, pre­sen­tó ofi­cial­mente los enfo­ques que dieron for­ma a este nue­vo ensam­bla­je de la obra de Brit­ten bajo la visión de la direc­to­ra de esce­na Deb­o­rah Warn­er, el man­do musi­cal de Ivor Bolton y la sin­er­gia estable­ci­da entre el con­tratenor, Iestyn Davies, que inter­pre­ta a Oberon, y la sopra­no Liv Red­path, que hace las veces de Tyta­nia.

La direc­to­ra escéni­ca explicó su aprox­i­mación a la obra y enfa­tizó la rup­tura estruc­tur­al que Brit­ten y el libretista Peter Pears realizaron sobre el tex­to orig­i­nal. A difer­en­cia de la obra de Shake­speare, la ópera omite el ini­cio en la corte de Ate­nas para situ­ar la acción direc­ta­mente en el bosque. “La pieza descar­ta esa primera esce­na y empieza en el bosque, la tier­ra de las hadas, o de los niños, y ter­mi­na allí”, explicó Warn­er. Para ella, esta decisión otor­ga a la obra una enti­dad propia que per­mite abor­dar­la como una pieza nue­va.

Según Warn­er, que ante­ri­or­mente ha dado for­ma a las obras de Brit­ten, ‘Bil­ly Budd’ y ‘Peter Grimes’, en el Teatro Real, la prop­ues­ta escéni­ca bus­ca crear un “espa­cio imag­i­na­ti­vo” en el que se apoya en la capaci­dad del espec­ta­dor para com­ple­tar la esce­na. En todo caso, la pro­duc­ción no deja de estar en sin­tonía con el niv­el de espec­tácu­lo que exige la escenifi­cación del bosque de la his­to­ria de Shake­speare, pues el esce­nario incor­po­ra una dimen­sión aérea y cuen­ta con la par­tic­i­pación de 45 niños y un grupo de bailar­ines de dan­za urbana y acró­batas de Madrid.

Los tres mundos

Ivor Bolton, respon­s­able de la direc­ción musi­cal, definió a Brit­ten como un “dra­matur­go supre­mo” cuya escrit­u­ra está vin­cu­la­da a la psi­cología de los per­son­ajes y detal­ló cómo la orques­ta se divide en tres blo­ques sonoros para iden­ti­ficar a los gru­pos de la tra­ma: arpas, clave y celes­ta para las hadas; cuer­das y madera para los amantes; y met­ales para los arte­sanos.

El direc­tor destacó los glis­san­di de las cuer­das que abren la obra y sub­rayó el uso de la par­o­dia en el ter­cer acto. Según comen­tó, en este bloque Brit­ten par­o­dia las con­ven­ciones de la ópera ital­iana del siglo XIX para retratar la inocen­cia de los per­son­ajes rús­ti­cos, un recur­so que describió como un efi­caz “golpe de teatro”.

La voz de contratenor

El papel de Oberon es asum­i­do por Iestyn Davies, que recordó que la elec­ción de un con­tratenor en 1960 fue una decisión “rev­olu­cionar­ia” de Brit­ten para recu­per­ar una sonori­dad entonces lim­i­ta­da al ámbito ecle­siás­ti­co. Tam­bién señaló que esta ópera fue clave para el desar­rol­lo actu­al de esta cuer­da vocal en el reper­to­rio líri­ca, una obser­vación a la que volvió en el encuen­tro ves­per­ti­no ‘Enfo­ques’, tam­bién el 3 de mar­zo, donde Davies volvió a acom­pañar a Mata­bosch jun­to al críti­co musi­cal Luis Gago, para pre­sen­tar más detalles de la con­struc­ción de la obra al públi­co intere­sa­do.

Deb­o­rah Warn­er, Iestyn Davies, Liv Red­path e Ivor Bolton durante la rue­da de pren­sa de pre­sentación de la obra | Emil Oso­rio Llanos

Por su parte, la sopra­no Liv Red­path (Tyta­nia) destacó el con­cep­to de la inocen­cia en el bosque. Red­path señaló que, a difer­en­cia de otras obras de Brit­ten, esta pieza ofrece una res­olu­ción armóni­ca y un final feliz, explo­ran­do un mun­do de “imposi­bil­i­dad”, resaltan­do su visión más opti­mista y res­o­lu­ti­va, val­o­ran­do las esce­nas cómi­cas y el final feliz de la his­to­ria ante obras de Brit­ten que tam­bién han sido escenifi­cadas en el Teatro Real como Otra vuelta de tuer­ca, basa­da en la nov­ela de Hen­ry James.

Joan Mata­bosch cer­ró el acto situan­do la obra en la eta­pa final de la car­rera de Brit­ten y estable­cien­do com­para­ciones con otros títu­los del autor como Glo­ri­ana y Bil­ly Budd y destacó el lengua­je del bosque como el ele­men­to que prevalece en toda la fun­ción. Ante las pre­gun­tas sobre el con­tex­to políti­co actu­al, el con­tratenor Davies afir­mó que la fun­ción del arte no es instru­ir a la audi­en­cia sobre un sig­nifi­ca­do con­cre­to, sino per­mi­tir que la obra establez­ca sus propias conex­iones con el espec­ta­dor.

Así, Mata­bosch señaló que el Teatro Real con­sol­i­da su apues­ta por el reper­to­rio del siglo XX, inte­gran­do ele­men­tos de la dan­za con­tem­poránea en una de las par­ti­turas más rep­re­sen­ta­ti­vas de la pro­duc­ción británi­ca.

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