La DANA, a través del visor de mi cámara

Contraplano

En esta sec­ción, el peri­odista vuelve hacia sí la cámara para con­tarnos lo que ve des­de una per­spec­ti­va per­son­al. Esa cámara, que debe enfo­car los hechos y a los pro­tag­o­nistas de la noti­cia, se gira de for­ma excep­cional hacia el peri­odista para que pue­da mostrarnos lo que hay detrás de sus pal­abras, lo que ha exper­i­men­ta­do y lo que ha sen­ti­do mien­tras informa­ba. No es solo un plano opuesto. Es una nar­ración que com­ple­men­ta al rela­to infor­ma­ti­vo. Si en las otras sec­ciones del per­iódi­co se infor­ma obje­ti­va­mente de la actu­al­i­dad, en Con­tra­plano se cuen­ta cómo se viv­en sub­je­ti­va­mente esas cober­turas. 


Llegué a la estación de auto­bus­es de Valen­cia el sába­do por la tarde. Ale­jan­dro Martínez Vélez, fotope­ri­odista colab­o­rador de Europa Press, esta­ba en Chi­va tra­ba­jan­do para The Times. Me dijo: “Estoy con un redac­tor guiri, pero se va hoy; cuan­do lo deje en el aerop­uer­to, te reco­jo”. Tenía un par de horas libres has­ta entonces y empecé a andar sin un rum­bo con­cre­to. Nun­ca había esta­do en Valen­cia. Se res­pira­ba una abso­lu­ta nor­mal­i­dad, sal­vo por unas cuan­tas flo­res y un lazo negro en la plaza del Ayun­tamien­to, donde un grupo de niños juga­ba alrede­dor de un pom­pero gigante, y muchas per­sonas que iban en bici­cle­ta con bol­sas de basura atadas has­ta las rodil­las, una clara señal de lo que me esper­a­ba al día sigu­iente.

Un pom­pero gigante divierte a var­ios niños frente al Ayun­tamien­to de Valen­cia. 2 de noviem­bre de 2024 | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Flo­res frente al ayun­tamien­to de Valen­cia. 2 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da

Sal­imos hacia Paipor­ta por la mañana. En coche, solo pudi­mos avan­zar has­ta la entra­da del bar­rio de San Marceli­no, donde un policía nos cortó el paso. “¿Me entien­des?”, le dijo a Ale­jan­dro. Nada le podía molestar más que eso. “Sí, claro que te entien­do, hablo castel­lano”, respondió mien­tras gira­ba para dar la vuelta. Aparcamos en un KFC, donde un car­tel advertía “park­ing solo para clientes”. Emprendi­mos el camino a pie; nos esper­a­ban cin­co kilómet­ros has­ta Paipor­ta. En el trayec­to, pron­to empezamos a ver cosas en posi­ciones inusuales, como faro­las y carte­les en hor­i­zon­tal o coches en ver­ti­cal. 

Una ofic­i­na de Mapfre, llena de coches arrastra­dos por la DANA. Paipor­ta, 3 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Dos chicos vacían capa­zos llenos de bar­ro para poder seguir limpiando. Paipor­ta. 3 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Un joven cam­i­na con una pala y un cepil­lo por una de las calles de Catar­ro­ja, 5 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Más de una dece­na de coches api­la­dos bajo un puente de car­retera. Entre Picaña y Tor­rent, 4 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da

A mediodía, los equipos de rescate y algunos bomberos de Mála­ga, Mar­bel­la y Mal­lor­ca, que esta­ban de vol­un­tar­ios en sus días libres, hicieron una pausa para com­er. Mien­tras tan­to, cogi­mos el coche para desplazarnos al Ikea de Alfa­far, en cuyo park­ing alguien había dicho que se esta­ban bus­can­do cadáveres. Ese trayec­to en coche me mostró el lado más inhu­mano y des­o­lador de la trage­dia. Una vez que sales de los pueb­los, no hay calor humano, solo destruc­ción. En un puente, un agente nos detu­vo para dejar pasar a camiones mil­itares. Al lle­gar a Alfa­far, cua­tro per­sonas embar­radas, con cámaras al hom­bro, recor­ri­mos una car­retera desier­ta esquivan­do coches vol­ca­dos, con cam­pos y cul­tivos destru­i­dos a ambos lados. Las famosas naran­jas de Valen­cia, man­chadas de bar­ro y con algún vehícu­lo entre los naran­jos, dec­ora­ban el paisaje. No pude evi­tar pen­sar en algu­nas esce­nas de la pelícu­la Civ­il War en las que Jessie Cullen, la joven aspi­rante a fotó­grafa de guer­ra, via­ja en coche con cole­gas a los que admi­ra mien­tras fotografía la guer­ra en su país. 

Paisaje de Alfa­far, 3 de noviem­bre de 2024 | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Descam­pa­do en Paipor­ta donde des­cansan las dece­nas de coches destruí­dos por la DANA, 3 de noviem­bre de 2024 | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Feria de Paipor­ta. 3 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Inte­ri­or de un coche. Paipor­ta. 3 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da

Ale­jan­dro saludó a un bombero que, jun­to a sus com­pañeros, comen­z­a­ba a sacar agua del aparcamien­to con una bom­ba. Se habían cono­ci­do en un cam­po de refu­gia­dos de Les­bos (Gre­cia), donde el bombero tra­ba­ja­ba como vol­un­tario. Nos con­tó que el aparcamien­to esta­ba lleno de agua, bar­ro y basura, y que has­ta que el niv­el no bajara a la altura de una ven­tanil­la de coche, no podrían saber si había cuer­pos den­tro. 

Volvi­mos de Alfa­far a pie, bajo la llu­via, cuan­do acaba­ban de lan­zar de nue­vo la aler­ta roja, esperan­do 180 litros por metro cuadra­do. “El martes cayeron 500”, dijo un policía. Las calles se estremecieron cuan­do cor­rió el rumor de que el bar­ran­co de Catar­ro­ja se esta­ba des­bor­dan­do de nue­vo. “El agua viene de allí”, escuchamos. Era la direc­ción en la que teníamos el coche. Un agente nos tran­quil­izó, ase­gurán­donos que era solo un bulo. “¿Quién sería capaz de hac­er cor­rer un rumor así en una situación como esta, y qué ganaría con ello?”, pen­sé.

Ya en el puente que atraviesa el nue­vo cauce del río Turia, entran­do en Valen­cia y empa­pa­dos, Ale­jan­dro miró al cielo y me dijo: “No sé tú, pero esto es lo que más dis­fru­to: el bar­ro”. Le di la espal­da. Tenía razón, es por el bar­ro por lo que me hice fotope­ri­odista.

Una per­sona pasea a su per­ro. Paipor­ta, 3 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da

El via­je de vuelta comen­zó el martes por la mañana. Iríamos a Catar­ro­ja y des­de allí, por la tarde, par­tiríamos hacia Madrid en la Rober­ta, como llamábamos al coche. No sabíamos lo que nos esper­a­ba; tar­damos dos horas y media en salir de Valen­cia. Pero lo peor vino después. Por la tarde, mien­tras nos preparábamos para salir hacia Madrid, nos cam­bi­amos los pan­talones y las botas para ir limpios de bar­ro a nues­tras casas, lejos de todo esto, con uno de los atarde­ceres más boni­tos que he vis­to jamás de fon­do, de esos que tiñen el cielo de rosa. Sal­imos de Catar­ro­ja y el maldito Google Maps nos llevó por Picaña, uno de los pueb­los afec­ta­dos donde habíamos esta­do el día ante­ri­or. “Mira, aquí estu­vi­mos ayer”, dijo Matías, fotope­ri­odista, tam­bién colab­o­rador de Europa Press.

Paisaje del bar­ran­co de Picaña, 4 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Inte­ri­or de una vivien­da. Picaña, 4 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da

No pudi­mos evi­tar meter el coche en una calle con un desniv­el de medio metro lleno de bar­ro. Poco después comen­zó a sonar algo en el capó. Paramos, y el sonido se detu­vo. Inten­ta­mos con­tin­uar, pero el rui­do volvió en una roton­da donde un policía con­tro­la­ba el trá­fi­co. Has­ta el agente se asustó cuan­do nos vio salir cor­rien­do del coche. Inten­ta­mos seguir, pero la situación se repi­tió. Tras rue­gos y cari­cias a la Rober­ta frente al úni­co puente que qued­a­ba en Picaña de los cin­co que había, logramos parar a un lado de la car­retera para no obstru­ir el paso de camiones mil­itares, ambu­lan­cias y policías. Matías llamó a su her­mano Fede, mecáni­co en Argenti­na. Le envió audios y vídeos del capó, y logró iden­ti­ficar que fal­la­ba un tornil­lo en el radi­ador del motor. Entre Fede y Pas­cual, un joven que pasa­ba por allí y que había comen­za­do hacía poco a tra­ba­jar en el taller de su tío, con­seguimos atar el radi­ador con una cuer­da, susti­tuyen­do el tornil­lo que falta­ba. La Rober­ta volvió a la vida, y con ella, nues­tra esper­an­za. 

No soy una per­sona que ten­ga miedo a muchas cosas, pero no quiero imag­i­nar lo que sen­tirán aque­l­los que se han queda­do sin una casa a la que volver o sin una Rober­ta que los lleve. 

Inte­ri­or de una vivien­da. Catar­ro­ja, 5 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Dos chicos bus­can en el maletero de su coche, que ha sido lle­va­do a un descam­pa­do donde se han comen­za­do a api­lar. Paipor­ta, 3 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Ropa man­cha­da en el inte­ri­or de una tien­da. Catar­ro­ja, 5 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Una grúa api­la los coches destru­i­dos en el exte­ri­or de Paipor­ta | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Plugin the Cookies para Wordpress por Real Cookie Banner