‘Escaparates de Madrid’, una exposición que recoge las fachadas más emblemáticas de la capital
El Centro Cultural Clara del Rey, en Madrid, alberga miles de historias. Durante casi más de tres meses, se expondrán en él sesenta y dos obras pintadas en los locales, escaparates, edificios y fachadas más emblemáticos de la capital en la muestra Escaparates de Madrid. No son simples dibujos, los retratados son una serie de negocios que aguantaron y quisieron seguir con lo que quizá algún día los destruyó. Según cuenta Ángeles Morales, organizadora de la exposición y miembro de Urban Sketchers Madrid, el grupo de dibujantes que ha realizado las obras de la muestra, el objetivo es dar visibilidad a todos los negocios y las personas que los dirigen, que han resistido durante más de cien años.
Las fachadas que han dibujado no se han elegido al azar. Uno de los requisitos es que debían tener como mínimo ochenta años de antigüedad, mantener la misma actividad que realizaban cuando abrieron y, por último, que se encontrasen en su misma ubicación. Este último requisito era el más flexible, pues la guerra civil causó estragos en la ciudad y muchos de estos locales tuvieron que cambiar su localización por los daños.

Los ciento ochenta y seis negocios visitados y dibujados son un recorrido por la historia de Madrid. Entre ellos, la Taberna Posadas, en el barrio de La Latina, abierta desde 1642, uno de los locales más antiguos que han dibujado. “Hemos dibujado las fachadas de pequeñas tabernas que todavía conservan el mismo mobiliario que antaño, con las marcas y las mellas que el paso del tiempo ha dejado en ellos. Por ejemplo, cerca de la Casa de Campo hay un local que tiene en la barra la marca que le hizo un obús de la guerra civil”. También se han retratado los cafés literarios, donde algunas de las personalidades más destacadas del momento se reunían para conversar o debatir: es el caso del Café Gijón, al que acudían escritores como García Lorca y Valle-Inclán.
Con todos estos dibujos y sus contextos, los visitantes pueden comprobar la evolución de los negocios. También el reconocimiento de estos locales por parte de las autoridades pertinentes: todo aquel negocio que supere el siglo de antigüedad recibe una placa hecha por Mingote que se coloca en su entrada.
El grupo de dibujantes, cuenta Morales, siempre elaboraba sus obras de la misma manera: primero contactaban con el local; después, se reunían frente a él todos los martes para dibujar su fachada en sesiones de dos horas y, una vez terminaban el dibujo, cruzaban la puerta del local para que sus dueños o empleados sellaran las obras, una manera de certificar que lo dibujado corresponde con la realidad. Algo que caracteriza la exposición, y que su misma organizadora explica, es la libertad con la que se les permitía a los dibujantes realizar sus obras: cada uno podía elegir la técnica y el estilo.

La lentitud en los dedos provocada por el frío, la tinta corrida por las gotas de la lluvia o el calor extremo en pleno verano en Madrid fueron algunos de los desafíos que se encontraron los dibujantes cuando se reunían cada martes a dibujar a la intemperie. Pese a esto, los dibujos se terminaron un año antes del comienzo de la exposición, y la satisfacción de dibujantes y de comerciantes era inmensa, según cuenta Morales. En algunos de los locales representados se desarrollan oficios que actualmente están en peligro de extinción, como un cerero, un broncista, o algunos tan cotidianos como farmacias o librerías, incluida una de las más antiguas de Madrid, La Librería San Ginés. De ahí la importancia de esta exposición, como afirma Morales: “Fueron ellos los que levantaron Madrid en su momento y son quienes la sustentan ahora”.


