“Pensé que tanto dolor no debería quedarse solo para mí y que podía ayudar a otras personas”

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Nazaret Moris, super­viviente de abu­so sex­u­al en su ado­les­cen­cia y fun­dado­ra de No fue mi cul­pa

“Fui víc­ti­ma. Hoy soy voz”. Con este lema, Nazaret Moris pre­sen­ta su fun­dación No Fue Mi Cul­pa, una platafor­ma que tra­ta de ayu­dar tan­to a los menores víc­ti­mas de abu­sos sex­u­ales como a sus famil­ias, que muchas veces no saben cómo enfrentarse a un tema tan del­i­ca­do. Aunque es peri­odista de for­ma­ción, actual­mente Nazaret es pro­fe­so­ra de secun­daria y de Bachiller­a­to en un cole­gio de Madrid. Tam­bién es cin­turón 3º dan recono­ci­da por la Real Fed­eración de Kárate y Dis­ci­plinas Aso­ci­adas. Durante su trayec­to­ria como deportista, cuan­do era una ado­les­cente, sufrió acoso y agre­sión sex­u­al por parte de su entre­nador. Años después, en 2018, decidió denun­cia­r­lo. En 2025 obtu­vo una sen­ten­cia con­de­na­to­ria favor­able y entonces decidió trans­for­mar su expe­ri­en­cia en un motor de cam­bio social. Hoy, lucha con­tra el abu­so sex­u­al infan­til y rompe tabúes con­tan­do su propia his­to­ria.

P: ¿Cómo era ir a entre­nar con esa per­sona, con su entre­nador?

R: En ese momen­to no es una pesadil­la. Los niños y los ado­les­centes no tienen los ele­men­tos del mun­do adul­to. No se paran a pen­sar. Era como estar en la rue­da de un hám­ster. Los días de entreno, entre sem­ana, no pasa­ba nada, ya que las clases eran gru­pales. Pero los sába­dos ocur­ría todo a puer­ta cer­ra­da. Yo sabía que no era nor­mal, pero nun­ca pen­sé que esa per­sona pudiera hac­erme daño. Cuan­do me felic­ita­ba por mis resul­ta­dos deportivos, me ilu­sion­a­ba y me dis­o­cia­ba de aque­l­la otra parte, la parte que no me gusta­ba.

P: Su agre­sor era ami­go de su famil­ia, ¿cómo tomó la decisión de denun­cia­r­lo?

R: Fue muchos años después. Llev­a­ba siete meses en ter­apia y aún no me atrevía a decir­le al psicól­o­go lo que me ocur­ría. Cuan­do decidí hac­er­lo, se lo con­té tam­bién a mi pare­ja. Sabía que iba a soltar el bom­bazo de mi vida y, aunque iba car­ga­da de adren­a­li­na, ese día me der­rum­bé. A mis padres no se lo con­té has­ta cua­tro meses después. Via­jé des­de Madrid para decírse­lo en per­sona y me pasé todo el camino vom­i­tan­do. Dos meses más tarde, mi pare­ja me ani­mó a denun­ciar.

P: ¿En algún momen­to pen­só en tirar la toal­la y no seguir ade­lante con el pro­ce­so judi­cial?

R: Pen­sé en aban­donar muchas veces porque es un pro­ce­so muy largo. Vives pen­san­do en por qué se par­al­iza todo el rato y en por qué la jus­ti­cia fun­ciona tan mal. Lle­va­mos ocho años y aún no lo he cer­ra­do. Es muy difí­cil avan­zar. Aunque soy feliz, para avan­zar es nece­sario cer­rar capí­tu­los y este todavía está abier­to.

Nazaret Moris, durante la entre­vista | Emil Oso­rio Llanos

P: En el juicio tuvo que ver a la per­sona que había abu­sa­do de ust­ed, pues no se tomaron medi­das para evi­tar esa situación, ¿qué sin­tió en ese momen­to?

R: Me dieron la opción de declarar por vide­ol­la­ma­da, pero mi abo­ga­da me dijo que era muy impor­tante ver en la víc­ti­ma su expre­sión cor­po­ral, su tono, su cara… así que decidí pasar el mal tra­go. Mis padres tuvieron que com­par­tir sala de espera con él durante 20 min­u­tos mien­tras él se car­ca­je­a­ba. Nos dejó muy toca­dos.

A pesar de todo, me sen­tí muy fuerte y fui capaz de sosten­er­le la mira­da, aunque fuera unos segun­dos. No me escondí. Llev­a­ba mucho tiem­po esperan­do a que me escucha­ran porque a menudo me sen­tí revic­tim­iza­da y no creí­da.

“Uno de cada cin­co menores sufre algún tipo de abu­so o acoso sex­u­al”

P: ¿Se sin­tió pro­te­gi­da durante el juicio?

R: En tér­mi­nos de logís­ti­ca, no. Me ofrecieron un ser­vi­cio de apoyo a las víc­ti­mas, pero fue jus­to antes del juicio. Afor­tu­nada­mente, yo soy extro­ver­ti­da y le con­té un poco mi caso, pero era una situación rara. Me sen­tí apoy­a­da, aunque ese ser­vi­cio podría ten­er mucho más poten­cial.  

Por otro lado, aunque obvi­a­mente un juez no puede tomar parte, me pare­ció muy feo que uno de los jue­ces nun­ca me mirara en toda mi declaración. Y otro aspec­to que demues­tra que la jus­ti­cia no está prepara­da es que no me pusieron ni siquiera una sil­la. Solo me dieron una sil­la porque esta­ba embaraza­da. 

P: En una entre­vista dijo que la per­sona que abusó de ust­ed seguía en la calle porque se había con­sid­er­a­do que no había peli­gro de fuga y que era muy may­or, ¿se siente defrau­da­da?

R: Sí. Me sen­tí defrau­da­da des­de el prin­ci­pio, des­de el momen­to en que puse la denun­cia.

P: ¿Cómo se sin­tió cuan­do lo con­denaron?

R: Fue una lib­eración y a la vez una sen­sación muy rara. Fue como ese bajón que te da tras ter­mi­nar los exámenes, pero mul­ti­pli­ca­do por cien. Yo salí muy con­tenta del juicio, ya que me habían deja­do hablar todo lo que quería, y esa noche me des­perté y sen­tí que algo salía de mí. Me vino a la mente, segun­do a segun­do, lo que había sido toda mi vida.

Hay que vis­i­bi­lizar este prob­le­ma y con­cien­ciar a la sociedad”

P: ¿Cómo reac­cionó su pare­ja cuan­do le con­tó que había sufri­do agre­siones sex­u­ales cuan­do era una ado­les­cente?

R: Cuan­do se lo con­té, ya llevábamos un año y medio jun­tos. Él fue mar­avil­loso, siem­pre le estaré agrade­ci­da por su reac­ción. Se lo dije una noche, llo­ran­do. Me dijo que era muy valiente y que lo íbamos a super­ar jun­tos. Hemos tenido que hac­er ter­apia de pare­ja y hoy en día yo no ten­go una sex­u­al­i­dad ple­na y creo que estoy lejos de ten­er­la.

P: ¿Qué siente al ver que sigue habi­en­do casos como el suyo y que en muchas oca­siones no se cree a las víc­ti­mas?

R: Me sien­to mal porque son real­i­dades que no deberíamos per­mi­tir. Las cifras dicen que uno de cada cin­co menores sufre algún tipo de abu­so o acoso sex­u­al, pero la gente pre­fiere mirar hacia otro lado. Por eso he deci­di­do vis­i­bi­lizar el acoso y las agre­siones sex­u­ales a niños y jóvenes, para ayu­dar­los y para con­cien­ciar a la sociedad.

P: ¿Y qué ha vis­to en el áni­mo de esas per­sonas que con­tac­tan con ust­ed para con­tar­le su caso?

R: A las per­sonas que nos han roto la sex­u­al­i­dad, nos han roto la infan­cia y ado­les­cen­cia y solo podemos enten­der­nos entre nosotros, ya que hay cosas que son muy difí­ciles de com­pren­der. Por ejem­p­lo, yo con­stan­te­mente recuer­do el asco y es muy difí­cil explicar por qué te da asco algo que te pasó hace var­ios años. Todo ese dolor, toda esa cul­pa, solo lo va a enten­der alguien que ha sufri­do lo mis­mo.

P: ¿Cómo fue el momen­to en el que se dio cuen­ta de que lo que había suce­di­do no era cul­pa suya?

R: Es curioso porque no recuer­do el momen­to exac­to. Sé que fue en los primeros años de ter­apia. La gente me pre­gun­ta por el pro­ce­so pero, claro, cuan­do el pro­ce­so dura una déca­da y tú todavía no has cumpli­do los 30, el pro­ce­so es toda tu vida. El otro día, preparan­do un con­gre­so, encon­tré una libre­ta donde lo escribí por primera vez. Entendí que el cuer­po se puede par­alizar.

Me dijeron que la con­duc­ta de quien abusó de mí era la de un psicó­pa­ta de man­u­al y lo tenían muy claro, pero yo no. Nun­ca pien­sas que una per­sona a la que quieres como a un padre te puede hac­er daño y puede estar come­tien­do un deli­to.

Nun­ca pien­sas que una per­sona a la que quieres como a un padre te puede hac­er daño”

P: Como pro­fe­so­ra, ¿cree que es nece­sario char­lar en los cole­gios sobre este tipo de situa­ciones al igual que se hace sobre las dro­gas o la seguri­dad vial?

R: Obvi­a­mente. Aho­ra se está hacien­do algo muy bueno, que son las char­las de edu­cación afec­ti­vo-sex­u­al impar­tidas por gente prepara­da y con una for­ma­ción homolo­ga­da. Se debe de hablar más de las rela­ciones y de la vergüen­za. A mí me decían que mi cuer­po era mío, pero nadie me explicó qué hac­er si quien me toca­ba era alguien queri­do. Todavía temo que me pre­gun­ten ¿por qué no lo detu­viste? Ten­go que lidiar con mi duda y con la pre­gun­ta de por qué él hizo lo que hizo.

P: Cuan­do su hija sea may­or, ¿le con­tará lo que le ocur­rió?

R: Claro. Es una for­ma de enseñar­le que en la vida pasan cosas malas y que hay que repon­erse. Espero que a mi hija no le pase nada y que yo ya haya super­a­do esto, pero quiero que se sien­ta orgul­losa y que haga un poco mejor el mun­do con su lucha. Mi lucha es esta.

P: ¿Pien­sa que muchos clubes o fed­era­ciones ocul­tan estos casos porque temen que puedan man­char su rep­utación?

R: Sí. Yo estoy muy decep­ciona­da con la fed­eración. En parte, creo que estos casos se ocul­tan porque los clubes y las fed­era­ciones están lle­va­dos en su gran may­oría por hom­bres. Si hubiera más pres­en­cia femeni­na en los altos car­gos de la fed­eración, no se con­sid­er­aría esto. Real­mente no llego a enten­der por qué lo ocul­tan.

Nazaret Moris | Emil Oso­rio Llanos

P: ¿Los deportis­tas están despro­te­gi­dos?

R: Mucho. El psicól­o­go de la fed­eración suele hablar con el entre­nador así que, si cuen­tas algo, puede reper­cu­tir en tus con­vo­ca­to­rias. Además, el enfoque está en el rendimien­to, y no vas a rendir si estás pasan­do por algo así. Tam­bién es difí­cil con­társe­lo a tus com­pañeros. Sin embar­go, han surgi­do ini­cia­ti­vas muy bue­nas como la Fun­dación Blan­ca, de Lola Fer­nán­dez Ochoa, que fue la primera aso­ciación naci­da para ayu­dar a los deportis­tas de élite.

P: ¿Cuál fue el det­o­nante para crear la fun­dación?

R: En esos años de ter­apia y de tan­to dolor lle­gas a plantearte has­ta el sui­cidio. Yo me iba chocan­do con las pare­des porque nece­sita­ba sen­tir dolor físi­co para dejar de sen­tir el dolor que me rompía. Después pen­sé que todo eso no se podía quedar para mí y que podía ayu­dar a otros a sen­tirse com­pren­di­dos.

Me choca­ba con las pare­des porque nece­sita­ba sen­tir dolor físi­co para dejar de sen­tir el dolor que me rompía”

P:¿Cómo cree que puede ayu­dar su fun­dación?

R : Me gus­taría que, en un futuro, la fun­dación pudiera con­tar con psicól­o­gos pro­pios y con ayu­da lab­o­ral. Por aho­ra doy char­las de pre­ven­ción en cole­gios, empre­sas y en entornos deportivos y hago talleres con per­sonas que han sufri­do este tipo de abu­so.

P: ¿Qué opina de pix­e­lar la cara de los agre­sores y no la de las víc­ti­mas?

R: Con las víc­ti­mas lo ten­go claro: creo que siem­pre se les debe pre­gun­tar si quieren salir. Pero con los agre­sores ten­go dudas pues, aunque el por­centa­je de denun­cias fal­sas es ínfi­mo, has­ta que un tri­bunal no dic­ta sen­ten­cia no se puede dar nada por hecho. Si ya se ha dic­ta­do sen­ten­cia, obvi­a­mente, sí.

P: ¿Cómo podemos ayu­dar a per­sonas que creemos, o sabe­mos, que están sufrien­do abu­sos o acoso sex­u­al?

R: En el cole donde tra­ba­jo tuvi­mos una alum­na que empezó a mostrar sig­nos de no estar bien. Le pre­gun­té varias veces si quería hablar y un día, por fin, accedió. Me con­tó que la habían vio­la­do. La abracé y le dije que a mí tam­bién. Estas cosas hay que tratar­las con nat­u­ral­i­dad, hay que escuchar en vez de dudar. Y no posi­cionarse. Es nece­sario ten­er en cuen­ta que, sobre todo cuan­do son menores y ado­les­centes, la prob­a­bil­i­dad de inven­tarse eso de una figu­ra de ref­er­en­cia es muy pequeña. Hay que inten­tar pon­erse en su lugar y pen­sar en el dolor que se siente.

Cuatro momentos con Nazaret Moris

Imagen: Emil Osorio Llanos

1.“El cuerpo se paraliza”


2.“El deportista está totalmente desprotegido”


3. “No me escondí”


4. “En la época del dolor”


Nazaret Moris | Emil Oso­rio Llanos

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