Rosa Mateos: “Debido a la importancia de los minerales críticos y estratégicos, el futuro va a estar en manos de la geología y de la minería”
Rosa Mateos es la segunda geóloga en dirigir el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), una institución con 176 años de historia. Trabaja en él desde hace 30 años y ya sabe dónde están los problemas: “Quizás no tenga soluciones, pero lo voy a intentar”, afirma ilusionada. Aun así, reconoce que su puesto es duro: “Hay días en los que dimitiría, pero también tiene sus compensaciones. Intento verlo todo siempre con optimismo y hacerlo lo mejor posible”.
Afronta esta nueva etapa profesional con ilusión y siente como si hubiera vuelto a la época de estudiante. Mateos, que es de Granada, se traslada todas las semanas a Madrid donde ocupa un cuarto humilde de la residencia de estudiantes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Allí convive con otros compañeros. “Es una experiencia muy positiva e interesante en mi vida profesional”, asegura.
Sin embargo, sus responsabilidades y exigencias son mayores que las que tenía cuando era joven. Ahora dirige un equipo de 430 personas repartidas en las once unidades territoriales nacionales del instituto: “A veces es muy difícil porque no puedes estar en todos los sitios a la vez”. A pesar de que firma cerca de 150 documentos diarios, su trabajo es itinerante: “Ya he visitado algunas de las unidades territoriales y he tenido reuniones con los jefes de oficina y del CSIC. No siempre estoy en este despacho trabajando”.
Mateos destaca que el IGME presenta una dualidad: “Por un lado, tenemos que publicar y liderar proyectos competitivos y europeos y, por otro lado, debemos asesorar a las administraciones públicas españolas”. Un gran reto, pero también una gran fortaleza, asegura. De hecho, uno de los cambios más urgentes que apunta es la necesidad de que el personal de la escala técnica —que supone el 50% de la plantilla— tenga posibilidades de promoción. “Muchos de ellos cuentan con una altísima preparación, pero sus posibilidades de promoción son limitadas”, afirma.
La cercanía como forma de liderazgo
Como muchas mujeres, Mateos sigue teniendo que reivindicar diariamente su puesto de liderazgo. “El mundo de la ciencia lo han hecho los hombres y en ese mundo nos tenemos que mover nosotras”, asegura. Incluso comenta que en alguna ocasión tuvo que enseñar el Real Decreto del CSIC para demostrar cuáles eran sus competencias. “Ningún hombre tiene que hacerlo, y yo sí, día a día debo marcar mi territorio y mi autoridad”, recalca.
Sin embargo, admite con la mayor sinceridad posible: “No soy consciente del tipo de liderazgo que estoy implantando. Yo soy como soy. Mi liderazgo consiste en ser cercana a los compañeros, es un poco femenino y se basa en la empatía”. Reconoce que, a veces, este acercamiento se ve dificultado por su posición: “La gente te puede ver lejana. Pero a mí no me gustaría que eso me ocurriera. No me gustaría dejar de tener los pies en la realidad, los pies en la tierra, nunca mejor dicho para una geóloga”.
No se han incluido los riesgos geológicos en la planificación urbanística y ahora tenemos muchos elementos vulnerables en zonas peligrosas”
Y, como geóloga, se preocupa por cómo se gestionan las amenazas geológicas y los fenómenos naturales. Según explica, los riesgos siempre van a estar ahí, por lo que la clave es gestionarlos bien y saber convivir con ellos. “Las inundaciones son las que más daños económicos y víctimas mortales causan. Son fenómenos que se están acentuando y aumentando su frecuencia. Parte del problema es que hemos hecho una ocupación del territorio con poca cabeza. No se han incluido los riesgos geológicos en la planificación urbanística y ahora tenemos muchos elementos vulnerables en zonas peligrosas”, afirma mientras protesta por la no incorporación de los peligros geológicos en la planificación urbanística y del territorio.
Para gestionar los riesgos hay que valorar la relación entre las distintas instituciones. Esta competencia recae en las comunidades autónomas y solo cuando se trata de una emergencia nacional pasa a ser liderada por el Gobierno central. “Lo fundamental es tener los planes de emergencia bien actualizados y crear un comité científico asociado a todo tipo de peligros naturales”, recomienda. Además, remarca la importancia de que la persona que debe tomar esas decisiones sepa a quién tiene que llamar para recibir asesoramiento científico.
Minerales y geopolítica
El IGME, al ser un organismo público de investigación, participa distintos proyectos nacionales e internacionales. Para Mateos, la colaboración entre países es fundamental para la ciencia y supone una importante financiación para los centros de investigación. “Personalmente, me han aportado muchísimo, ya que me han permitido conocer los problemas de otros lugares, cómo los afrontan, cómo los trabajan, qué técnicas aplican y cuáles son sus fortalezas y debilidades”, cuenta.
En los últimos años, además, la geología está siendo revolucionada por numerosos avances científicos y tecnológicos: los drones en la erupción de La Palma, la vigilancia de la Tierra desde el espacio o la prospección de la geofísica. La tecnología facilita a los profesionales el conocimiento de los procesos de la dinámica terrestre y la averiguación de lo que hay debajo del subsuelo. “Los minerales críticos y estratégicos dominan el mundo y la geopolítica mundial. Hoy en día, todas las tecnologías y toda la industria giran en torno a esos minerales, como son el cobre, el cobalto, el wolframio o el litio. Creo que, más que nunca, el presente y el futuro van a estar en manos de la geología y de la minería. De hecho, los móviles contienen 28 minerales críticos y pueden usarse porque hay una tecnología detrás que utiliza recursos minerales”, asegura.
Separar la ciencia de las humanidades es un enorme error que estamos cometiendo en el siglo XXI”
Mateos es coautora del libro Geas. Mujeres que estudian la Tierra, un proyecto de la Sociedad Geológica de España que recoge la historia de doce mujeres geólogas. “Empezó como algo tan humilde que la primera edición se pagó con dinero de nuestro bolsillo. Al principio no dábamos mucho por él, pero ha empezado a crecer. Se ha editado un montón de veces, se han hecho exposiciones y todos los servicios geológicos de Europa nos lo han pedido para traducir. Ahora está disponible en más de quince lenguas. Estamos supersatisfechas porque ha contribuido muchísimo a dar visibilidad a las mujeres en el campo de la geología. La segunda parte ya está en marcha”, cuenta con satisfacción.
En el instituto apuestan por la narrativa geológica para atraer vocaciones y uno de los incentivos es el concurso de microrrelatos. “En el fondo de todos nosotros hay esa inquietud literaria por contar bien lo que hacemos, lo que nos llama la atención, lo que nos inspira o lo que nos motiva”, asegura. Además, como —señala— en España existe una tradición científico-literaria y hay grandes científicos que, además, son buenos escritores, “es fundamental no separar la ciencia de las humanidades y es un enorme error que estamos cometiendo ahora, en el siglo XXI. Hacen falta más humanidades en la ciencia”.
No solo mirar piedras
Los geólogos se cuestionan a diario si la sociedad valora su disciplina. “La geología está presente en nuestro día a día. Paseas por el campo y en el fondo estás viendo geología, estás disfrutando de ella sin ser consciente. ¿Pero qué pasa? Que ha ido desapareciendo de los planes de estudio, por lo que los jóvenes tienen una formación escueta al respecto y no saben muy bien dónde ubicarla. Nuestra gran reivindicación es que la geología vuelva a los planes de estudio porque las facultades cada vez tienen menos alumnos. Al final, es una carrera muy vocacional y bastante sacrificada”, afirma.
No me gustaría dejar de tener los pies en la realidad, en la tierra, nunca mejor dicho para una geóloga”
Su consejo para los estudiantes y jóvenes investigadores es que se ilusionen con lo que hacen y subraya la frase de María Montessori: “Lo importante no es hacer lo que uno quiera, sino querer lo que uno hace”, a lo que ella misma añade: “La geología es una ciencia interesantísima que puede ayudarnos a entender mejor la realidad del mundo”.
Para relatar cómo nació su pasión por esta profesión, tiene que echar la vista atrás: “En primaria tuve un profesor que era un apasionado de la geología. Nos sacaba a buscar minerales y rocas al monte del Sombrero, hacíamos volcanes de arcilla y nos hablaba de que las placas tectónicas se movían… Entonces nació mi vocación. Creo que me puedo jubilar tranquilamente porque he disfrutado mucho de mi carrera, he tenido grandes compañeros y estoy muy satisfecha con mi vida laboral”.
También mira hacia el futuro y responde sorprendida: “No hay ningún legado que me gustaría dejar en particular, que se acuerden de mí con cariño, nada más. Sobre todo, que mis hijos entiendan que la profesión y el trabajo de uno es muy importante porque le dedicas muchas horas al día y que hacer lo que te gusta es lo mejor que te puede pasar en el mundo laboral”. Uno de los recuerdos que guarda con más cariño es haber trabajado en la erupción volcánica de La Palma: “Creo que para un geólogo es un sueño vivir en primera línea lo que has estudiado. Estuve tres semanas allí y nunca voy a olvidar esos días. Vi cosas duras, pero también un ambiente muy solidario entre todos. Creo que fue la cima de mi profesión”.



