Las vidas tras la DANA

CorresponsalesReportajes

Aunque han pasa­do trece días des­de el impacto de la DANA en Valen­cia, los efec­tos de la tor­men­ta siguen sien­do evi­dentes en varias local­i­dades de la región. Nue­stro envi­a­do espe­cial, Mar­cos Vil­laosla­da, se desplazó has­ta el lugar para con­ver­sar con los afec­ta­dos y equipos de rescate que con­tinúan tra­ba­jan­do sin cesar.

Carmen

Car­men tiene seten­ta y seis años, vive en la esquina con el bar­ran­co que atraviesa Picaña. En este pequeño pueblo de Valen­cia había cin­co puentes. Ya no están, solo que­da uno. Car­men ha vaci­a­do su casa esta sem­ana, como han hecho tan­tos otros veci­nos de este y otros pueb­los de la zona. Sólo se ha queda­do con una ban­dera de la Comu­nidad Valen­ciana y sus velas. Mien­tras sube las escaleras, llo­ran­do, cuen­ta cómo vivió la trage­dia. A su lado, su hijo le pide que se calme, que no tiene ya el corazón para estas cosas. “Estoy cal­ma­da”, dice ella. Car­men tiene cáncer y la mis­ma sem­ana de la DANA había recibido la primera sesión de quimioter­apia.

Car­men mira al cielo en acti­tud rogante, Picanya, 4 de noviem­bre de 2024| Foto: Mar­cos Vil­laosla­da


Habitación del piso de arri­ba en la vivien­da de Car­men, Picanya, 4 de noviem­bre de 2024 | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da

Patricia

Patri­cia tiene tres hijos, uno de ellos con dis­capaci­dad, casi no han baja­do las escaleras de la buhardil­la des­de el martes 29. No quiere que se expon­gan a los olores, pero menos aún que vean su vida entera cubier­ta de bar­ro. Su mari­do recibió una pequeña descar­ga al tratar de conec­tar la elec­t­ri­ci­dad y uno de sus hijos está enfer­man­do tras casi una sem­ana sin poder coci­nar. Antes de la ria­da, ella hacía vida en el sótano jun­to a sus ani­males, donde había una coci­na y con­ge­ladores con comi­da.  Aho­ra, después de que los ami­gos de su mari­do les ayu­daran a desaguar, en ese sótano todavía qued­a­ba más de un metro de agua. Y su per­ro y su gato segu­ra­mente sigan ahí aba­jo.

Patri­cia, Picanya, 4 de noviem­bre 2024 | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Uno de los hijos de Patri­cia coge unos yogures que le ofre­cen unos vol­un­tar­ios, Picanya, 4 de noviem­bre de 2024 | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da

A pesar de todo, tan­to Car­men como Patri­cia dicen sen­tirse afor­tu­nadas, no han per­di­do lo más impor­tante, ellas y sus famil­ias siguen vivas. Han  per­di­do todo por lo que han lucha­do: su casa, su coche, sus mue­bles, las fotos de toda una vida, pape­les… todo echa­do a perder, pero den­tro de toda esta trage­dia se sien­ten afor­tu­nadas porque siguen con vida. 

Los bomberos

En Paipor­ta, el domin­go 3 de noviem­bre, bomberos que habían ido en sus días libres como vol­un­tar­ios bus­ca­ban jun­to a un per­ro de rescate fal­l­e­ci­dos en la cuen­ca del río. El per­ro mar­có en tres sitios difer­entes, pero los bomberos se pasaron la mañana entera para cavar metro y medio. Decían que, de haber un cuer­po ahí “siem­pre existe la posi­bil­i­dad de que el per­ro falle. Todo huele a muer­to”, ase­gura­ba el jefe del cuer­po de rescate, podría estar dos, tres o diez met­ros más aba­jo.

El lodo esta­ba ya duro, había que picar­lo antes de poder reti­rar­lo con la pala. Metro y medio en una mañana que podrían haber sido min­u­tos de dispon­er de la maquinar­ia nece­saria. Uno de los bomberos, sen­ta­do en una roca, des­cansan­do, vio por el móvil los abucheos y ataques a los pres­i­dentes del Gob­ier­no y de la Gen­er­al­i­tat y a los reyes que se habían pro­duci­do esa mis­ma mañana y no pudo evi­tar cel­e­brar­lo. “Más les tenían que haber dado”, “lo tienen mere­ci­do”, exclam­a­ban var­ios de los que se acer­caron a ver la pan­talla en la que aparecía un coche blinda­do huyen­do ante cien­tos de per­sonas enfure­ci­das. “Si no se lle­ga a ir,  lo hubiesen mata­do”, afir­mó la peri­odista Sou Har­ris esa mis­ma tarde tras pres­en­ciar los hechos. 

Los tres lugares que mar­có el per­ro de rescate se encon­tra­ban cer­ca de vehícu­los. La grúa retiró el primero, hacien­do que se le vaci­ase el depósi­to de gasoli­na. Des­de ese momen­to el per­ro no olió más que com­bustible. Durante el pro­ce­so de búsque­da se acer­caron unos veci­nos, pre­gun­taron por quien estu­viese al man­do y le comen­taron que esta­ban seguros de que un gara­je cer­cano a su casa había un cadáver, el propi­etario de la fin­ca se había refu­gia­do en el gara­je y la puer­ta de este no se había abier­to des­de entonces. El bombero, sobrepasa­do, no pudo más que lamen­tar no poder ayu­dar­les, el per­ro no podía ya tra­ba­jar en la zona y él y todo su equipo iban a moverse río aba­jo, donde nadie había podi­do bus­car aún.

El equipo de rescate bus­ca en uno de los coches que la grúa ha saca­do del río, pero no encuen­tran cadáveres en su inte­ri­or, Paipor­ta, 3 de noviem­bre de 2024. | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Per­ro de búsque­da y rescate Mica, Paipor­ta, 3 de noviem­bre de 2024 | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da
Bomberos abren gara­je con una radi­al; la puer­ta está atas­ca­da por el bar­ro, Catar­ro­ja, 5 de noviem­bre de 2024 | Foto: Mar­cos Vil­laosla­da

La ayuda

Var­ios cole­gios de la zona como el Lar­rodé, en Catar­ro­ja, han abier­to sus puer­tas para repar­tir comi­da, agua, mas­car­il­las, cepil­los y her­ramien­tas. Inclu­so ofre­cen comi­das calientes. En este cole­gio, un policía nos pedía que no le hiciése­mos fotos, esta­ba de baja por un prob­le­ma en la espal­da: “¿Con qué cara me que­do yo vien­do esto por la tele sin hac­er nada?”.


Fotogalería | La vida tras la DANA

[smartslider3 slider=“3”]

Autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Plugin the Cookies para Wordpress por Real Cookie Banner