Ochenta y dos variedades de 12 países compiten en el Concurso Internacional Rosas Nuevas Villa de Madrid
Ninguna está en el mercado y no tienen nombres, sino siglas

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La ros­ale­da del par­que del Oeste acogió la 70ª edi­ción del Con­cur­so Inter­na­cional de Rosas Nuevas Vil­la de Madrid. Entre el 15 y el 20 de mayo tuvo lugar el Con­cur­so Pop­u­lar en el que cualquier asis­tente pudo votar su rosa favorita. El día 22 la ros­ale­da quedará cer­ra­da al públi­co has­ta las cua­tro de la tarde para que el jura­do pue­da escoger a las ganado­ras de entre las 82 var­iedades pro­duci­das por ros­al­is­tas de 12 país­es dis­tin­tos.

De acuer­do con Euse­bio Martín, direc­tor téc­ni­co del Grupo Raga –la empre­sa con­ser­vado­ra de la ros­ale­da–, algunos de los cri­te­rios que se val­o­ran son las propias rosas, su vig­or, su col­or y su olor y las ganado­ras pueden recibir oro, pla­ta o bronce. Cree que los votos del jura­do pop­u­lar pueden alcan­zar los 4.000 este año.

Miguel Ángel Gar­cía, encar­ga­do de Medio Ambi­ente en la ros­ale­da, expli­ca que las var­iedades que par­tic­i­pan son nuevas, no están en el mer­ca­do y ni siquiera tienen nom­bres com­er­ciales, sino siglas. Así, pre­sen­tar­las per­mite a los ros­al­is­tas darse a cono­cer, pon­er­las a prue­ba en el cli­ma de Madrid y ver la aceptación de los afi­ciona­dos. Según Gar­cía, la opinión del públi­co “les intere­sa tan­to como la de un jura­do de espe­cial­is­tas porque es el poten­cial cliente”.

Miguel Ángel Gar­cía, encar­ga­do de Medio Ambi­ente en la ros­ale­da | Irene González

En algu­nas oca­siones, recuer­da, el jura­do pro­fe­sion­al y el afi­ciona­do coin­ci­dieron en otor­gar la medal­la de oro a la mis­ma var­iedad, aunque los pre­mios no supo­nen ningu­na ret­ribu­ción económi­ca, sino “pres­ti­gio”. Exis­ten, además, cat­e­gorías espe­ciales, como el pre­mio a la rosa más per­fuma­da o a la mejor var­iedad españo­la.

Los par­tic­i­pantes sue­len ser sagas famil­iares, expli­ca Gar­cía. En España desta­ca el apel­li­do Fer­rer, que abar­ca ya tres gen­era­ciones con Matilde Fer­rer, su padre y su hijo, quienes com­piten entre ellos con sus propias var­iedades. “Son los úni­cos ros­al­is­tas españoles que nos quedan”, comen­ta. Aunque hubo una época entre los años 30 y 50 en la que había muchos como Pedro Dot o Cam­prubí, “como es algo muy famil­iar, quien no ha tenido el rele­vo gen­era­cional, ha desa­pare­ci­do”.

En el con­cur­so puede par­tic­i­par cualquier ros­al­ista que pre­sente la doc­u­mentación requeri­da sobre con qué rosas han con­segui­do la var­iedad híbri­da que pre­sen­ta. Este pro­ce­so exige conocimien­tos de genéti­ca y jar­dinería, pero es “tan man­u­al como coger el polen de una flor del estam­bre con un pin­cel y pon­er­lo en otra”, ase­gu­ra Gar­cía.

Vis­i­tantes pase­an­do por la ros­ale­da el últi­mo día de la votación pop­u­lar | Irene González

Los últi­mos votos del públi­co se deposi­taron durante una tarde solea­da. A cada par­tic­i­pante se le regaló una rosa y se repar­tirán diez plan­tas de ros­al entre quienes hayan vota­do por la que resulte ganado­ra.

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