Un tercer tiempo en la vida
Cuando el rugby es una herramienta de reinserción en las cárceles españolas

Es noticiaSer complutense

El ter­mómetro apreta­ba con fuerza des­de primera hora de la mañana en el Esta­dio Nacional Com­plutense de Madrid el pasa­do sába­do, 30 de mayo. La inten­si­dad del calor se sen­tía tam­bién en el césped, donde el cam­po Cen­tral A era esce­nario de un par­tido de rug­by entre 14 hom­bres des­de las once de la mañana. Al mis­mo tiem­po, des­de la parte alta dis­pues­ta para la zona de cafetería con vis­tas hacia el cam­po, algu­nas famil­ias con niños lle­ga­ban para ver la com­peti­ción entre los más de diez pesos pesa­dos en el ter­reno: cor­ri­das velo­ces, con­tac­to entre cuer­pos y cuer­pos robus­tos con mus­cu­latu­ra mar­ca­da por tat­u­a­jes exten­sos entran­do en con­tac­to con choques y embesti­das.

Des­de el sec­tor alto, bajo la som­bra de los árboles, con mesas y sil­las para la dis­ten­sión de los asis­tentes, una niña con vesti­do rosa­do salud­a­ba hacia el cam­po. Final­iza­do el par­tido, uno de los jugadores, con bra­zos maci­zos y mar­ca­dos por tat­u­a­jes trib­ales negros, se acer­ca­ba a ella. El hom­bre la tomó entre sus bra­zos y le dio un beso. “Papi”, decía la niña. Él se reía y salud­a­ba a su famil­ia. Com­peti­ción, sac­ri­fi­cio, cor­dial­i­dad, amis­tad y famil­ia. Este fue el ambi­ente del III Tor­neo Nacional de Rug­by Pen­i­ten­cia­rio que se cele­bró en las insta­la­ciones de la UCM en el mar­co del Proyec­to Alca­traz España, una ini­cia­ti­va de rein­ser­ción social de la Fun­dación Rug­by Cis­neros.

Durante esta cita, que es el refle­jo y resul­ta­do final de un pro­ce­so de trans­for­ma­ción social apoy­a­do por las autori­dades de insti­tu­ciones pen­i­ten­cia­rias de toda España, se dis­putaron encuen­tros dinámi­cos a un solo tiem­po de diez min­u­tos, en los que se midieron los equipos mas­culi­nos de cen­tros pen­i­ten­cia­r­ios de diver­sas partes del país: des­de Asturias, Bur­gos, Naval­carnero y Estremera, has­ta Zaragoza, Val­ladol­id, Alcalá Meco y San­tander. Los equipos tam­bién con­taron con la par­tic­i­pación de jugadores de la Politéc­ni­ca de Madrid, que com­ple­men­taron a las plan­til­las de Asturias-Bur­gos. Los par­tidos se desar­rol­laron entre las once de la mañana y la una y media de la tarde, cuan­do se cele­bró un acto insti­tu­cional con inter­nos, vol­un­tar­ios, famil­ias y autori­dades y en el que se entregó el tro­feo más pre­ci­a­do de la jor­na­da: camise­tas con­mem­o­ra­ti­vas para cada uno de los par­tic­i­pantes.

Autori­dades y orga­ni­zadores

“Este ya es el ter­cer tor­neo que cel­e­bramos”, señal­a­ba con sat­is­fac­ción Ángel Luis Ortiz, sec­re­tario gen­er­al de Insti­tu­ciones Pen­i­ten­cia­rias, que ya estu­vo en los tor­neos pasa­dos y que comen­tó con opti­mis­mo la expec­ta­ti­va de con­tinuidad del pro­gra­ma.

“Es una mag­ní­fi­ca opor­tu­nidad para lle­var el rug­by y, lo que es más impor­tante, los val­ores del rug­by a los cen­tros pen­i­ten­cia­r­ios. Quer­e­mos que esta ini­cia­ti­va siga año tras año para que cada vez más cen­tros y per­sonas pri­vadas de lib­er­tad puedan par­tic­i­par del deporte”, agregó Ortiz.

Ángel Luis Ortiz, sec­re­tario gen­er­al de Insti­tu­ciones Pen­i­ten­cia­rias, durante el acto de entre­ga de camise­tas a los inter­nos, en la foto algu­nas de las inter­nas de Alcalá-Meco | Emil Oso­rio Llanos

El encar­ga­do de arbi­trar los par­tidos fue Car­los Sol­la, fun­cionario de insti­tu­ciones pen­i­ten­cia­rias y uno de los pio­neros de la inclusión del rug­by como ele­men­to social­izador en las cárce­les españo­las. Al recor­dar los ini­cios de esta ini­cia­ti­va, Sol­la destacó el largo camino recor­ri­do: “Empezamos el rug­by pen­i­ten­cia­rio en la prisión de Estremera. En noviem­bre de 2011 fue el primer entre­namien­to y el primer par­tido de un equipo de rug­by en prisión fue el 14 de julio del 2012. Des­de entonces han pasa­do más de mil inter­nos por la escuela de rug­by Madi­ba de Estremera, que des­de hace dos años tam­bién entre­na con chi­cas”.

Car­los Sol­la, fun­cionario pen­i­ten­cia­rio y pio­nero de los pro­gra­mas de rug­by en las pri­siones de España| Emil Oso­rio Llanos

Sol­la insiste en que el ver­dadero tri­un­fo del rug­by como catal­izador de reso­cial­ización va mucho más allá de los muros: “No solo es el tra­ba­jo den­tro de la prisión con la activi­dad deporti­va, sino tam­bién el impul­so que se está dan­do a los inter­nos que ya están acce­di­en­do al ter­cer gra­do o a la lib­er­tad, ayudán­doles a con­seguir tra­ba­jo y equipos para seguir jugan­do en esa situación pen­i­ten­cia­ria o ya en la lib­er­tad defin­i­ti­va”.

La meta de la rein­ser­ción

Manuel Gar­cía, direc­tor del Proyec­to Alca­traz en España, fue el encar­ga­do de ofi­ciar la cer­e­mo­nia pos­te­ri­or, entre­gan­do camise­tas a los par­tic­i­pantes en un ambi­ente de pro­fun­da cama­radería. La red de apoyo es tan fuerte que al tor­neo acud­ieron, por cuen­ta propia, siete exin­ter­nos ya en lib­er­tad, que pasaron por el pro­gra­ma en años ante­ri­ores y quisieron estar allí para respal­dar a sus com­pañeros.

Todo este engrana­je, des­de el acom­pañamien­to deporti­vo en las cárce­les, has­ta los par­tidos en el Esta­dio Com­plutense y el tra­to con los inter­nos, está inspi­ra­do en el mod­e­lo inter­na­cional del Proyec­to Alca­traz, naci­do en Venezuela en 2003 de la mano de Ron San­ta Tere­sa. Luis Moya, Ger­ente de la ONG Proyec­to Alca­traz, estu­vo pre­sente en el tor­neo reafir­man­do los casi cua­tro años de alian­za en España: “El rug­by, a través de sus val­ores, trans­for­ma la vida de estos chicos de man­era que puedan con­ver­tirse en líderes pos­i­tivos en su entorno y, sobre todo, cuan­do sal­gan en lib­er­tad”, comen­tó. Aunque el tor­neo es el even­to más vis­i­ble, detrás hay un exten­so tra­ba­jo que ocu­pa toda una tem­po­ra­da. pues la Fun­dación Rug­by Cis­neros, jun­to con el Proyec­to Alca­traz España, se ha encar­ga­do del pro­gra­ma con vol­un­tar­ios que acu­d­en cada sem­ana a la Prisión de Alcalá Meco (Madrid II). Esta ter­cera edi­ción ha demostra­do que el proyec­to exhibe mús­cu­lo pro­pio, pues con­tó, además, con un hito que tam­bién mar­ca el camino a seguir: la con­sol­i­dación de la cat­e­goría femeni­na en el tor­neo. En esta modal­i­dad, las inter­nas de cen­tros como Alcalá y Estremera saltaron al cam­po.

Aunque el tor­neo es el even­to más vis­i­ble, detrás hay un exten­so tra­ba­jo que ocu­pa toda una tem­po­ra­da. En el caso de la Uni­ver­si­dad Com­plutense, el aporte no se resume en la dis­posi­ción del esce­nario, pues la Fun­dación Rug­by Cis­neros, crea­da en el 2008 por el Club de Rug­by Com­plutense Cis­neros ha sido la encar­ga­da de tomar la batu­ta del Proyec­to Alca­traz España, tra­ba­jan­do el pro­gra­ma con vol­un­tar­ios del equipo que acu­d­en cada sem­ana a la Prisión de Alcalá Meco (Madrid II), entre ellos jugadores que tam­bién son estu­di­antes de las dis­tin­tas fac­ul­tades de la uni­ver­si­dad. Bajo esta dinámi­ca insti­tu­cional, la ter­cera edi­ción ha demostra­do que el proyec­to exhibe mús­cu­lo pro­pio, pues con­tó, además, con un hito que tam­bién mar­ca el camino a seguir: la con­sol­i­dación de la cat­e­goría femeni­na en el tor­neo. En esta modal­i­dad, las inter­nas de cen­tros como Alcalá y Estremera saltaron al cam­po.

Una de las vol­un­tarias de la Fun­dación Rug­by Cis­neros entre­ga la camise­ta con­mem­o­ra­ti­va a los inter­nos de Alcalá Meco | Emil Oso­rio Llanos

Alfon­so Flo­res Losa­da, vicepres­i­dente de la Fun­dación Rug­by Cis­neros, detal­la que el proyec­to se sostiene firme­mente sobre “tres patas” metodológ­i­cas. Primero, habla de la pata deporti­va. “Enseñar a jugar al rug­by. Vamos dos miér­coles a cas­ti­gar el cuer­po”, expli­ca. Después está la que lla­ma “pata psi­cológ­i­ca”: los jueves por la tarde se tra­ba­ja “con la mente” den­tro de la prisión, medi­ante dinámi­cas de grupo lid­er­adas por una psicólo­ga.

Y, por últi­mo, la pata de rein­ser­ción: un canal de ayu­da lab­o­ral coor­di­na­do con otras ONG y fun­da­ciones pro­fe­sion­ales. Cis­neros actúa aquí como un fil­tro, recomen­dan­do a los inter­nos que han demostra­do seriedad y com­pro­miso en el deporte, pero dejan­do siem­pre claro que el pro­gra­ma no garan­ti­za un puesto de tra­ba­jo inmedi­a­to.

La expec­ta­ti­va de la rein­ser­ción se ve en la ini­cia­ti­va de los par­tic­i­pantes: durante la mañana, uno de los exin­ter­nos se acer­có a Flo­res Losa­da y, tras un salu­do respetu­oso y efu­si­vo, le pre­gun­tó por esta posi­bil­i­dad. El hom­bre había cumpli­do su con­de­na en Naval­carnero, por lo que no forma­ba parte del Proyec­to Alca­traz, pero había acu­d­i­do vol­un­tari­a­mente a los par­tidos. Alfon­so le comen­tó la situación de for­ma hon­es­ta y amable: no podía garan­ti­zarle un puesto de tra­ba­jo en estos momen­tos. Sin embar­go, le recomendó que con­tac­tara con Alca­traz y Rug­by Cis­neros, entre­gara su cur­rícu­lo actu­al­iza­do y se pre­sen­tara con pun­tu­al­i­dad a las citas con la ONG, con lo que ellos se encar­garían de ayu­dar­lo a con­seguir entre­vis­tas de tra­ba­jo y a com­ple­tar su reso­cial­ización.

Los val­ores que encar­na el deporte a lo largo del acom­pañamien­to insti­tu­cional tam­bién se refle­jaron en la entre­ga de camise­tas, ya que la inten­ción del tor­neo no es que los inter­nos se dis­puten un pre­mio exclu­si­vo, sino que se acerquen a los aspec­tos más sociales del deporte. Es por esto por lo que uno de los momen­tos clave de la jor­na­da es el ter­cer tiem­po, una reunión que se cel­e­bra después de los par­tidos para que los equipos com­par­tan comi­da y bebi­da más allá de cualquier rival­i­dad.

Así, entre las dos y media y las cin­co de la tarde, el sec­tor de la cafetería del esta­dio fue ocu­pa­do por los inter­nos, sus famil­ias y sus acom­pañantes, que se con­gre­garon alrede­dor de dos grandes pael­las y refres­cos fríos para aplacar el calor. Antes de que las fur­gone­tas partier­an de regre­so a los cen­tros más lejanos, se cumplió la obligación del pro­gra­ma: dejar las insta­la­ciones más limpias, igual que se encon­traron. Los pro­pios jugadores se encar­garon de recoger las mesas, las sil­las y las servil­letas.

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