Crónica de un asedio

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Decenas de manifestantes propalestinos se encerraron anoche en la Facultad de Filosofía y Filología de la UCM

Exte­ri­or de la Fac­ul­tad de Filosofía y Filología de la UCM. Jueves, 2 de octubre. 19:35 horas. “Vamos o no vamos. Shhh. Joder, no sé. Ven­ga, que sí que sí. Tres…dos…uno… ¡A cor­rer!”. Como una car­rera de gal­gos tras el pis­to­le­ta­zo, unos cin­cuen­ta estu­di­antes arma­dos con sacos de dormir y ester­il­las salen en trom­ba para tomar la Fac­ul­tad de Filosofía y Filología de la Uni­ver­si­dad Com­plutense de Madrid y con el obje­ti­vo últi­mo de “deten­er el geno­cidio en Gaza”. Cien met­ros, muchos jadeos y los jóvenes atavi­a­dos con el kufiya (el pañue­lo palesti­no) ven su par­tic­u­lar toma frustra­da: la puer­ta está cer­ra­da a cal y can­to.

Comien­zan las risas nerviosas y los mur­mul­los de reti­ra­da cuan­do un despis­ta­do guardia de seguri­dad no repara en que se está metien­do en la boca del lobo. Una puer­ta entre­abier­ta es todo lo que nece­si­tan para forzar la entra­da. Limpiado­ras, bede­les, per­son­al de la fac­ul­tad y cuer­pos de seguri­dad. Nada puede deten­er el espíritu rev­olu­cionario de los estu­di­antes. Eso sí, dejan­do pro­le­tar­ios por el camino: un bedel con una heri­da en la nar­iz y una limpiado­ra tira­da en el sue­lo. Tal es la cosa que, durante más de media hora, dos san­i­tar­ios del Samur per­manecen den­tro de la fac­ul­tad. No quieren explicar ni la gravedad ni el número de per­sonas afec­tadas. Daños colat­erales a su causa. Con­siguen su obje­ti­vo apli­can­do una lóg­i­ca que, al pare­cer, sirve tan­to si eres Halaand como un activista: meter cuer­po.

El momen­to en el que los estu­di­antes se cue­lan en la Fac­ul­tad I Foto: Mario Morón

Tras ase­gu­rar enfure­ci­dos que “por las bue­nas o por las malas” (final­mente no pasó ninguno más), entrarían más “camp­is­tas”, comen­zaron a dec­o­rar el espa­cio: una kufiya enorme y una ban­dera de Palesti­na desple­gadas en el vestíbu­lo jun­to con un mur­al que reza “blo­queamos todo”. El obje­ti­vo prin­ci­pal es orga­ni­zar las protes­tas propalesti­nas de los próx­i­mos días e instar a las insti­tu­ciones académi­cas a romper rela­ciones con Israel.

Los man­i­fes­tantes en el inte­ri­or de la Fac­ul­tad de Filosofía y Filología I Foto: Mario Morón

El per­son­al de la fac­ul­tad toma una decisión rad­i­cal para cer­car a los insur­gentes y forzar su sal­i­da: cer­rar los baños de la fac­ul­tad. “Si no con­seguimos abrir ningún baño, ten­dremos que empezar a mear en botel­las pron­to”, comen­ta con res­i­gnación uno de los man­i­fes­tantes. Esto no fue nece­sario. Final­mente, lle­gan a un tra­to con la Com­plutense: se quedan toda la noche y por la mañana se van. El tra­to se ter­mi­nará cumplien­do.

Dece­nas de “camp­is­tas” propalesti­nos que no habían con­segui­do entrar se ven forza­dos a hac­er noche a las afueras de la fac­ul­tad. El ambi­ente está tran­qui­lo has­ta que un furgón de policía irrumpe en la esce­na. (El detalle de que un policía en su inte­ri­or está degu­s­tan­do una bol­sa de riske­tos, mejor lo omiti­mos para no restar seriedad). El agente, segu­ra­mente con las manos pringosas, y sus tres com­pañeros pre­gun­tan cuán­to tiem­po tienen pen­sa­do quedarse. El silen­cio les parece una bue­na respues­ta y ter­mi­nan por mar­charse. Un final sur­re­al­ista para un ase­dio dig­no de Valle-Inclán.

Estu­di­antes acam­pan­do en las afueras de la Fac­ul­tad I Foto: Mario Morón
El decana­to de la Fac­ul­tad “ocu­pa­da” I Foto: Mario Morón
Man­i­fes­tantes propalesti­nos en el inte­ri­or de la Fac­ul­tad I Foto: Mario Morón
Man­i­fes­tantes con la kufiya en el inte­ri­or de la Fac­ul­tad I Foto: Mario Morón

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